Venezuela se ha catalogado como el país con mayores reservas de petróleo del mundo, superando a Arabia Saudita, Canadá e Irán. Resulta ilógico que a primera vista dicho territorio cuente además con la inflación más alta de todas en la historia, siendo la estatización del oro negro uno de los factores con mayor relevancia para que esta premisa fuese posible.
A partir de los años cuarenta se impulsó la idea de implementar el protagonismo del petróleo como mecanismo para construir una sociedad democrática. No obstante, fue con Chávez que este proyecto llegó a su clímax, trayendo consigo una serie de estatutos de inclusión social y nacionalista, los cuales recalcaban el derecho de los venezolanos de apropiarse de los recursos del país para su beneficio propio, haciéndolos dependientes en cuanto a su crecimiento y desarrollo. Esto, junto con la ideología del “Socialismo del siglo XXI”, llevó al país caribeño a una implacable decaída económica y cultural jamás antes vista.
Este petroestado fue el principio del fin para la economía venezolana, ya que con la venta de la materialización del sueño igualitario, concibió múltiples prácticas populistas, las cuales pasaban de misiones sociales, así como también, un “Sistema Económico Comunal”, que planteó una práctica en donde no existe la división del trabajo y el rechazo al pago de impuestos, ya que estarían financiadas por la renta petrolera, estableciendo un intenso lazo emocional entre los sectores más empobrecidos y el gobierno. Además de los ataques a la empresa privada que, en conjunto con la expropiación, invasiones, cierres e impedimentos al consentimiento de divisas, desmoronó la inversión extranjera y nacional.
Dicho proyecto hizo que Venezuela tocara fondo. Teniendo para el pasado año un estimado del cierre diario de 50 empresas en el país, culminando el 2018 con una pérdida de 12.700 millones de dólares en ingresos anuales en exportaciones, que ligado con el declive de los precios del petróleo y las sanciones estadounidenses contra el régimen del dictador Nicolás Maduro, ha impulsado al país a vender sus barriles a cualquiera que esté dispuesto a aceptarlos, agravando cada vez más la crisis por la que atraviesa Venezuela.
Decrecimiento económico, inflación, la gran dependencia de las importaciones, así como también, la corrupción y desorganización en todos los organismos del Estado, la relación con el narcotráfico y la galopante crisis humanitaria, consumieron por completo el panorama venezolano, siendo el sueño bolivariano el destructor de la economía del que fue uno de los países más ricos de Latinoamérica en sus tiempos
Andrea Izurieta
Youtuber
