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La falacia de reestructurar el Minagri

El agro es un sector que tiene mucho potencial de desarrollo; pero a la vez se manifiestan en él serias dificultades y problemas que impiden lograrlo. Por años se ha discutido la forma de alcanzar un agro competido, sostenible y equitativo con mayor bienestar para las familias rurales. Muchos emprendimientos se han puesto en práctica; pero muchos también fueron dejados de lado cada vez que hubo cambios en la conducción del Minagri. No hubo ni hay continuidad en las políticas, ni en programas ni proyectos para la gran masa de la agricultura, salvo lo concerniente a la agroexportación. Cada nuevo jefe del sector llega “iluminado con nuevas ideas”. Muchos y variados planes, programas, se han escrito, pero al final poco se ha avanzado en lograr el desarrollo que todos aspiramos. Algunas veces hemos caminado para atrás como el cangrejo, otras, lento como la tortuga, otras dando vueltas sin saber a dónde vamos y muy pocas veces hemos avanzado en la dirección correcta, continuando lo que otros iniciaron.


Este gobierno no está al margen de esos desatinos y, como hoy vamos, veo oscuro el panorama agrario al 2021. Empezamos en agosto del 2016 con el Plan Agro Próspero, cumpliendo la promesa electoral que se hizo para el campo. Ese es el “contrato social” que no debemos olvidar. Se avanzó, a pesar de la sequía y los desastres que origino El Niño Costero. Se puso en marcha los programas emblemáticos (Sierra Azul, Ganadería, Serviagro, Agrojoven, y otros) y se avanzó en la rehabilitación y reconstrucción de lo destruido por El Niño Costero. No solo lo digo yo; lo dicen los alcaldes y organizaciones agrarias que participaron en este gran esfuerzo y que vieron el fruto de ese trabajo conjunto. Muchas esperanzas afloraron y las expectativas al 2021 eran alentadoras.

Sin embargo, los sucesivos cambios de ministros a partir de enero de 2018 generaron un descontrol y rompieron la continuidad de los programas y la articulación que se había logrado con los Gobiernos Regionales mediante la creación de los Comités de Gestión Regional Agraria.


El 2018 fue un año sin rumbo para el agro, situación que se agudizó en el primer trimestre del 2019. En esas condiciones, era fácil imaginar un ambiente de confrontación que luego devino en lo que no había sucedido varios años atrás: el Paro Nacional Agrario; cuyo manejo por parte del Minagri fue pésimo. Producto de dicho Paro, hoy estamos con mesas de trabajo que supuestamente recogen el sentir de las mayorías ligadas al agro y es así que un grupo de personas, muchas de las cuales poco conocen los reales problemas del sector, pretenden resolver la situación “consensuando” propuestas en la comodidad de un escritorio
¡Y ahí salen las grandes ideas! Una de ellas es la reestructuración del Ministerio de Agricultura y Riego-Minagri, presentada “como parte de la gran transformación” dizque para atender mejor a los pequeños agricultores y a la agricultura familiar.


Es absurdo pensar que cambiando de nombre al ministerio o que con mayor burocracia se resolverán los problemas del agro; y mucho menos el tema de la Agricultura Familiar. Es fácil argumentar que ahora por fin se creará un ministerio al servicio de los más pobres. Eso es una falacia, que con similar argumento la hemos escuchado muchas veces y la situación no ha mejorado.


Por el lado institucional público, el problema radica en los cambios constantes en las políticas y en la conducción del sector, a lo que se suma el poco conocimiento del personal que se pone al frente de la institución, que no le permite liderar las políticas y programas para el desarrollo agrario. Todo ello deviene en ineficiencia y baja capacidad de ejecución con los recursos disponibles. Si ni siquiera podemos orientar o reorientar los programas que tenemos, menos vamos a avanzar con nuevos programas en los dos años que quedan de este gobierno.


Ejemplo de la deficiente gestión es la baja ejecución presupuestal. A la fecha (a mitad del sexto mes) la ejecución presupuestal de inversiones en Minagri es de 21.5%. Los proyectos de inversión son claves para ampliar y mejorar la infraestructura que da sostenibilidad en el tiempo a los impactos de los servicios que se brindan al agro. Si hoy, que tenemos presupuesto marchamos a paso de tortuga, como pretendemos avanzar en un ambiente de “reestructuración” donde todo estará por definirse y los funcionarios deberán esperar los nuevos reglamentos, manuales y directivas para actuar. Craso error conceptual en gestión pública, especialmente cuando se manifiestan enfrentamientos entre los poderes del Estado y se avecinan campañas electorales.


La articulación regional con Comités de Gestión, que impulse durante mi gestión entre el 2016 y 2017, es más efectiva que crear más burocracia. Se necesita un líder que use lo  que tenemos y que ejecute lo programado y presupuestado. Ya lo demostramos el 2017 cuando respondimos a los impactos de El Niño Costero.


Si no hay líder no hay a quien seguir y no hay convicción para llevar adelante programas o proyectos que beneficien a los agricultores. El liderazgo es un principio básico para que las organizaciones tengan éxito. Esto es mucho más necesario en un sector tan vasto y tan diverso en su potencial y también en sus problemas. Las personas que no conocen el sector es difícil que tengan liderazgo. Lamentablemente esto ocurre hoy en Minagri .

El 2018 se devolvió presupuesto que no utilizamos por falta de capacidad para ejecutar los proyectos. Este año vamos por el mismo camino. Necesitamos tantos recursos, pero devolvemos gran parte de ellos porque no somos capaces de utilizarlos. Situación deprimente.

Entonces, el problema no es la estructura del Minagri , sino la gente que conduce esa estructura. De nada servirá cambiar la estructura si se continuará designando a personas que no conocen el sector. Aquí hay un gran error de enfoque de las organizaciones agrarias y de los funcionarios que participan en las mesas de trabajo. Hay mucha experiencia acumulada y no se necesita inventar complicaciones.


En la falacia de la reestructuración del Minagri caen también los congresistas que más piensan en el ambiente mediático que en las reales soluciones para los problemas del agro. Es una lástima que las propuestas respondan a las presiones y no al convencimiento de que estas efectivamente son la mejor forma para atender los requerimientos de los agricultores y del sector en su conjunto.

Una nueva estructura orgánica del Minagri no es garantía que habrá una mejor atención a los agricultores. No olvidemos también que la institucionalidad del sector no solo es Minagri . ¿Qué cambios habrá a nivel regional y local?, ¿qué hay de las organizaciones representativas de los agricultores en este nuevo escenario? (Bueno, las “organizaciones representativas” también tienen lo suyo en los problemas del agro; pero eso será materia de otro comentario).


Somos conscientes que hay mucho por mejorar pero ello no pasa por cambiar nombres o crear nuevos viceministerios.  Si esto se aprueba estaremos asistiendo a otra más de las enésimas reestructuraciones del sector en los últimos 30 años y, con seguridad, seguiremos diciendo que “el agro está atrasado porque en los últimos 30 años no se le ha dado la debida atención”.


¡Y luego vendrán otros a plantear otra reestructuración del sector!


El presidente de la República sabe que el sector agrario es muy importante para la vida nacional; por tanto, la institucionalidad no debe responder a las presiones ni imposiciones de grupos, sino a lo que conviene para las mayorías nacionales y al país en su conjunto. También sabe el presidente que para avanzar y lograr el bienestar de los peruanos se debe mejorar la capacidad de la gestión pública. En eso estamos fallando. Necesitamos urgentes mejoras en la capacidad de ejecución. Solo así lograremos las metas trazadas para el bicentenario de nuestra independencia.

Jose Manuel Hernandez C.
EX MINISTRO de Agricultura con especialización en Políticas Públicas ligadas al agro. Ingeniero Agrónomo de la Universidad Nacional Agraria La Molina, posee un MSc en Economía Agrícola y ha seguido estudios de Gerencia Financiera y especialización en planeamiento, agroexportación y proyectos agrícolas. Tiene más de 35 años de experiencia en el sector.  Es autor de libros y artículos sobre agroexportación, comercialización, agroindustria alimentaria y crédito agrícola, y ha desarrollado programas de desarrollo en entidades multilaterales y empresas privadas de Brasil, Colombia, Bolivia, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Honduras y Panamá. Igualmente, ha sido consultor de la Organización Mundial del Comercio en temas de agroexportación, de la FAO, UNOPS así como de la Junta del Acuerdo de Cartagena en temas agrarios. 

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