Retomo mis colaboraciones con Vox Populi al Día con un ejercicio arriesgado para quien observa realidades desde una posición distante y por tanto poco embebido de los detalles que pueden marcar mejor el perfil del análisis. Pero ahí voy.
Este domingo se realizaron las elecciones extraordinarias al Congreso de Perú, disuelto por el presidente en un controvertido proceso de moción de censura que es rutinario en otros países, en particular los que funcionan bajo un sistema parlamentario como muchos europeos, pero que no existe prácticamente en regímenes presidencialistas como es en casi toda América, excepción hecha de algunos pequeños países caribeños.
Las encuestas de entonces reflejaron una parte de lo que terminó ocurriendo ayer, y es a saber, que una porción grande de los ciudadanos tiene en poca estima a los legisladores, que en este caso se reflejó con una baja participación en las urnas. En efecto, pocas cosas hay menos motivantes para alguien con mediano fervor cívico que tener que seleccionar entre candidatos a legisladores, que las mas de las veces no conoce y de los que espera poco. Situación que no resolverá memorizando profundos párrafos de teoría del Estado para comprender la importancia del equilibrio que representa el poder legislativo en el marco de un sistema con división de poderes. Lo cierto es que alejados de las acciones ejecutivas, las que resuelven los problemas cotidianos de la gente, y diluida la responsabilidad junto con los otros 129 con los que ostenta en colegiado este poder del Estado, los legisladores son tristemente vistos por la población general como personas que disfrutan de buenos sueldos a cambio de escasa productividad, traducida como beneficios para la gente. Y esto es así casi se pare uno donde se pare en nuestro continente.
El resultado del domingo pues, muestra por un lado poco interés ciudadano en el legislativo, pese a su indudable importancia, a pesar de todo verificada en los hechos. Es sin duda importante lo que ocurre en un Congreso aunque no lo dimensionemos adecuadamente.
Otro punto a destacar es que si como entendemos, la disolución del Congreso y convocar a elecciones extraordinarias tenía como propósito actualizar la representación en dicho poder, es decir, reflejar de un mejor modo la nueva realidad política peruana, que se ha modificado fuertemente en pocos años, pues lo ha conseguido: está cada vez mas fragmentada. Ni de lejos hay algún partido que tenga mayoría, y coexistirán en ese espacio quizá unos diez con fuerzas muy parecidas en un rango muy pequeño de diferencia, y mas difícil aun, con todas las expresiones posibles del abanico ideológico.
Y en efecto, de acuerdo con los primeros resultados, la representación del fujimorismo va a disminuir significativamente en la nueva conformación, pero a cambio de ello se atomiza aun mas, se diluyen las fuerzas, se fragmentan las visiones, y con ello no desparece la dificultad seminal del problema que se pretendía resolver, al contrario da la impresión de que la agravará, y es que volverá a ocurrir un fenómeno analizado en años recientes desde la teoría política llamado “gobierno dividido” que ocurre cuando el titular del ejecutivo, en sistemas presidencialistas, no cuenta con una mayoría en el poder legislativo.
Este fenómeno es bastante conocido, ocurrió durante casi 20 años en México, y motivo de retraso de necesarias reformas estructurales. Fue la clave del fracaso de la república de Weimar en Alemania de principio de siglo. Esto que para algunos puede tener muchas ventajas, por ejemplo, la concreción real del referido anhelo del equilibrio de poderes, tiene un contrapunto en una realidad a la que se accede sin muchas dificultades que es la inmovilidad. La aparente ventaja del gobierno dividido es que requiere de enorme consenso para resolver cosas.
Las elecciones extraordinarias no han arrojado un buen o mal resultado en si mismos. Como todo lo que corresponde a un ejercicio ético del poder, dependerá de lo que se haga con ello. El diálogo debe multiplicarse pero no al extremo de la parálisis, hay que buscar las coincidencias, los temas que no polaricen y en cambio presten un servicio concreto a la solución de necesidades sociales. Dedicar esfuerzos sinceros en concretar una agenda legislativa mínima si se quiere, pero realizable. Solo así, el breve periodo de existencia de esta legislatura, podría decir que valió la pena o tuvo algún sentido.
Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue miembro de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, miembro de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación. Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, Mexico.


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