Un hombre que no se tiene a sí mismo, no tiene nada, así lo tenga todo, y a partir de sí mismo, si no tiene amigos, tampoco tiene nada, así tenga todas las demás cosas buenas de la Tierra. Es lo que más o menos resume Aristóteles en uno de los libros de su gran obra sobre la moral y los valores llamada ÉTICA A NICÓMACO, en homenaje a su padre y a su hijo (ambos se llamaban así), y que además le añadiría yo, es la determinación firme en el hombre de siempre hacer honor de quién viene y de dar el ejemplo a quien nos sigue.
Para Aristóteles, existen 3 clases de amistad basadas cada una en diferentes cimientos, la primera basada en la “utilidad”, hay un beneficio mutuo entre los amigos que es la base y el ejercicio de esa amistad, esta amistad no suele durar mucho y normalmente termina cuando la utilidad también termina, por ejemplo una banda de delincuentes que creen que son amigos mientras haya botín que repartir o víctimas a quien desvalijar, a la captura de uno éste delatará al otro prontamente porque simplemente ya no le es útil, no se puede ser malvado y tener amigos malvados, terminarán mordiéndose entre sí en sus famosos “ajustes de cuenta”, y esto aplica a los sicarios y extorsionadores, así como a los empresarios y gobernantes y sus “delaciones” del gran negocio de la corrupción, cualquier parecido con nuestra realidad, es sólo una gran visión anticipada de Aristóteles.
La segunda amistad es la basada en el “placer”, que al igual que la amistad de la utilidad, también se acaba cuando se acaba el placer, por ejemplo la diversión entre los jóvenes, el salir de juerga, a jugar, a divertirse en grupo, pero que toma un cambio radical cuando la tranquilidad o apatía les alcanza, es el caso de muchos grupos de rock famosos, de los cantantes célebres y sus equipos, etc. En la bonanza amigos y en la decadencia separación obligada.
La tercera y última es la amistad basada en la “virtud”, es la amistad que más se acerca a la perfección, donde los hombres son buenos entre sí y practican el bien el uno para el otro por el solo hecho de ser buenos, esta amistad se da sólo entre personas buenas, virtuosas, que no es otra cosa que hacer del bien un hábito, una costumbre, sin interés alguno, sin utilidad, pero además hay que demostrar esa bondad, y para ello debe tenerse la habilidad o capacidad de ser benévolo, intelectual, moral y socialmente, porque el “hacer el bien” no es otra cosa que cumplir con nuestra propia misión encomendada, con nuestra vida.
La amistad de la virtud es la verdadera amistad, porque tiene valores muy superiores a todos los demás, inclusive mayor que el valor de la justicia, por ejemplo cuando perdonamos u olvidamos una deuda financiera de un amigo, aunque lo justo es que nos devuelva lo prestado, y aun necesitando el dinero de vuelta, decidimos condonarle la deuda por su buena amistad. Obviamente esta benevolencia se da sólo entre personas amigas y virtuosas que cumplen dos requisitos básicos en su amistad: la reciprocidad y la confianza practicada en el tiempo. No existe la amistad si no es recíproca, no existe amistad si se traiciona la confianza depositada.
Hace poco estuve en dos reencuentros muy importantes, con mis amigos de promoción del colegio y con mis compañeros de promoción de la Fuerza Aérea del Perú, en ambos celebramos 35 años de inmensa amistad, y pude ver y abrazar a aquellos amigos que ni el tiempo, la distancia y ni siquiera el silencio han podido disminuir un ápice de verdadera amistad. Finalmente, la vida transcurre y cada uno, estimado lector, lucha por algo en su vida, y los verdaderos amigos que uno escoge, aquellos basados en la virtud, no sólo son un gran apoyo en esa lucha, sino que junto a la familia, son la vida misma, no se vaya a equivocar y escoja los amigos de la utilidad o el placer, basta ver las noticias para saber cómo terminan.
Ismael Iglesias
Oficial FAP en retiro. Licenciado en Ciencias de la Administración Aeroespacial. Graduado en Inteligencia. Bachiller en Ciencia Política. Inteligencia en EE.UU. Imágenes Satelitales en Francia. Estudios de Maestría en Ciencia Política. Fue Gerente Municipal y Gerente General del Servicio de Administración de Inmuebles en Trujillo. Escribe en Correo. Ha escrito en La Industria, Revista Aviación, Revista Air Power de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y otros. Miembro del Instituto de Estudios Vallejianos – Universidad Nacional de Trujillo.
