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Racismo y humor en el Perú

Existen teorías que sostienen que la incongruencia está en la base de las experiencias del humor. La incongruencia estaría dada entre lo esperado y anticipado cuando se nos cuenta un chiste, y lo que finalmente sucede. Ella también podría darse debido a su polisemia, es decir, cuando un chiste puede ser interpretado de diferentes maneras al mismo tiempo. El final inesperado es lo que causa la risa. Este final sorpresivo podría ser la expresión de aquello que está reprimido culturalmente, la representación de aquello de lo que muchas personas hablan y piensan en privado, pero que no se atreven a decir en público.

Debido a su polisemia, el discurso humorístico suele ser ambiguo, permitiendo que diversos significados, a veces contradictorios, coexistan a la vez. En el programa de “La Paisana Jacinta” vemos que coexisten la representación de la mujer andina como una mujer sucia, desaliñada, con los dientes podridos, un hombre vestido de mujer (negando de manera subyacente su propia femineidad), a la vez que, la representación de la mujer andina como una mujer que siempre se “sale con la suya” porque ha adquirido la conducta propia de los criollos citadinos. Lo que supuestamente causa risa, por ser algo inesperado, es su “apariencia andina” y “su manera de hablar castellano con dejo andino” (cuya representación es expresión de un estereotipo), y su actuar acriollado.

Sostenemos que este tipo de humor ayuda a que se mantenga una ideología racista en la sociedad. Para que una historia llena de incongruencias cause risa, debe estar sustentada sobre alguna congruencia preexistente. Esta congruencia se da entre el supuesto chiste y las estructuras sociales de dominación. Aunque se da cotidianamente y de manera normalizada, la expresión literal de la dominación se encuentra reprimida, la única manera de representarla abiertamente es a través del humor. Se hace uso de la ambivalencia, lo cómico se sustenta sobre lo serio.

En “La Paisana Jacinta” encontramos un “racismo biológico”. Es un racismo que se basa en la corporalidad al hacer clara diferenciación entre el estereotipo de la mujer andina en términos físicos y la supuesta superioridad de la apariencia de la mujer citadina. Con esta representación se crea una división binaria de la sociedad peruana oponiendo, a través de la corporalidad, la idea de lo “civilizado” versus lo “salvaje”. Lo “salvaje” estaría asociado al mundo andino y lo “civilizado” a la ciudad. Esto es claramente una herencia colonial.

Pero también habría un “racismo cultural” al connotar que la Paisana Jacinta solo puede adaptarse con éxito a la ciudad si adquiere la conducta acriollada de algunos citadinos. Aquí se está asociando lo andino con “ingenuidad” e inclusive con “no-inteligencia”. Algunos limeños criollos piensan que ser inteligente es ser “astuto”, y esto significa muchas veces ir en contra de las normas sociales. De esta manera, la cultura andina es caracterizada como “inferior”, y esto se expresa subyacentemente al connotar que la única manera que una mujer andina logre el éxito es acriollándose, abandonando su cultura, incluyendo su idioma y su vestir.

Todo está dicho en código de humor. Este código no sería posible si no se sustentara sobre verdaderas y reales estructuras sociales. Por lo tanto, lo único que hacen programas como el de “La Paisana Jacinta” es profundizar las condiciones actuales y no permitir que se cuestionen estas formas de dominación.

María Inés Quevedo Stuva
Es bachiller en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Lima) y Antropología (Pontificia Universidad Católica del Perú), tiene estudios en Filosofía (Pontificia Universidad Católica del Perú) y magister en Antropología (Pontificia Universidad Católica del Perú). Es profesora de Análisis del Discurso Periodístico en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC).

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