Las bolsas de valores europeas se replegaron más del 3 % este lunes 21 de septiembre, inicio de semana.
Fue una reacción instintiva e inmediata de los operadores financieros ante el anuncio mañanero de un rebrote inminente de la pandemia en los países mediterráneos de la Unión Europea.
En efecto, la preocupación nació del súbito incremento de las cifras de los nuevos contagios diarios en Italia, Francia, España, inclusive Bélgica.
También por el anuncio de un pronto retorno de las medidas de lucha gubernamentales – hoy habituales- que recurren a los sema confinamientos, los horarios de queda, los nuevos requerimientos de camas de hospitalización, el reúso de los ventiladores mecánicos. Y que pese a tal despliegue de medios, el resultado sigue siendo un dramático aumento de la letalidad diaria.
Todos ellos son signos inequívocos de la posible llegada a dicho continente de una segunda y hasta tercera oleada del coronavirus19, tal vez con nuevas cepas.
Al comenzar el otoño del norte, terminado el verano, algunos países europeos y grandes ciudades han visto entonces como crecen verticalmente indicadores sanitarios negativos.
Estos resultados que ya son malos cabe suavizarlos con las cifras mundializadas pero, a menudo, estas son peores. i.e.: USA: 200 mil fallecidos.
Los números del Portal Worldometer arrojan, a la fecha y a nivel planetario, unos treinta y un millones de personas contagiadas, unos doscientos mil casos nuevos por día y hay datos siempre estremecedores sobre la velocidad aumentada de hospitalización y la impotencia frente a los desenlaces, casi un millón de muertos.
Veamos algunos datos a nivel mundial que se pueden ver por país mediante hipervínculos del Portal, por ejemplo:
31,439,622
Fallecidos:
968,019
Recuperado:
23,013,800
Entre las decenas de naciones tocadas por este fenómeno mundial, nuestro conmocionado país tiene todavía cifras que son preocupantes y parecidas a las menos lamentables de algunos Estados europeos. Cierto es que la letalidad ha caído a menos de tres dígitos (86 fallecidos por día y bordee los 100 diarios). Son cifras que bajan y suben aunque no por ello dejan de ser imprevisibles y horrendas, aunque menores a los picos de las curvas de agosto.
Aquí se presentan una imagen con los datos de promedios móviles de 3 o 7 días:
Cualquier comparación con los hechos observados en algunos países que están recibiendo el embate reiterado de la pandemia es muy delicada. Caso cercano es España. Y la Comuna de Madrid, sobretodo. Sus resultados son cualitativamente alarmantes, entre ellos la posibilidad de un eventual retorno masivo del mal.
Nótese las cifras hispánicas se comparan válidamente con las latinoamericanas en términos absolutos.
Y muy en especial cuando el contagio y sus consecuencias baten los records alcanzados por países como el nuestro que, por cuarenta años, abandonaron al sistema de salud pública a su suerte.
De allí que la declaración peyorativa sobre el Perú y sus complejas dificultades en lucha contra el virus proferida por un político hispano suena incongruente y dolorosa. Menos inteligible aun cuando este es uno los voceros del partido español aupado por décadas al Palacio de la Moncloa.
Pero lo más preocupante ahora y para los latinoamericanos no es solo el virus19 ni la gafe del popular.
Nos preocupa que el virus se quede. No queremos imaginar la eventual repetición de la terrible experiencia histórica que fue el impacto de pandemias como esta sobre las poblaciones americanas originarias, atacadas por virus y enfermedades que fueron difundidas durante la primera mundialización, la de 1492, conocida también como la “conquista” de América.
Flotas, navíos, armas, animales y aprestos ibéricos trajeron sus cuotas de virus al Nuevo Mundo y por no conocer remedio fueron diezmando a los pueblos nacidos en América precolombina. Al cumplirse quinientos años algunos historiadores tipificaron esta conducta de genocidio.
El principal vector del despoblamiento fue la viruela, el virus variola. Este fue el causante de las pústulas que aparecían en la dermis del enfermo, recuerda el National Geographic.
Según los estudiosos cuyos testimonios recoge el NG la viruela provoco una enfermedad “extremadamente contagiosa que diezmó la población mundial desde su aparición”. La tasa de mortalidad fue de hasta 30% de los infectados. Y mucho mayor en el caso de los inermes pueblos precolombinos, según diversos estudios de la historiografía regional.
La viruela se expandió masivamente cuando los conquistadores cruzaron el océano afectando a los pueblos de nuevos continentes. Ellos carecían de las defensas biológicas necesarias contra estas enfermedades.
Los virus y enfermedades traídos por los españoles a los territorios maya-azteca, mesoamericanos, chibchas, quechuas e incas desarticularon a los organizados grupos humanos que habían construido y desarrollado las grandes civilizaciones americanas. Fue el holocausto que provoco la viruela en los Andes del Perú, según recuerda la penetrante investigación científica del Dr. Uriel García Cáceres (2003)
Pero el exterminio tambien tuvo un veloz proceso de propagación en la propia Europa durante el siglo XVIII, infectando y desfigurando a millones de personas, destaca el NG.
Pero, ¿por qué al virus más letal se le llama la “Gripe española”? ¿Por qué se le achaca la muerte de cincuenta millones?
En marzo de 1918 se registró el primer caso de gripe española. Fue bautizada así en la Primera Gran Guerra del siglo XX -1914-1918- cuando esta virulenta cepa del virus se extendió por todas partes siguiendo el despliegue de las tropas combatientes que se repartían por los guerreros frentes europeos.
Los sistemas de salud debilitados por la contienda colapsaron ante la metralla y el contagio de ese virus. Como en algunos momentos recientes, las funerarias no se daban abasto para enterrar a los fallecidos. Se estima que la tasa global de mortalidad fue de entre el 10 – 20% de los infectados. Murieron en todo el mundo no menos de 20 millones de personas. O más. Otros insisten en cincuenta.
Por tales antecedentes trágicos, por lo que ocurre hoy en el foco infeccioso, debiera preocuparnos la suerte tanto de los españoles como lo que sucede en América Latina y el Perú.
Gonzalo García Núñez.
Ha sido presidente de la ADUNI, Decano del CIP, director del BCRP, Presidente de la CAN, Doctorado en Economía-Francia, Antorcha de Habich, integra varios consejos consultivos
