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Está ocurriendo hoy

 Hoy os escribo desde la prudencia y la reflexión, pues tocaré un tema del cual venimos recibiendo abundante información, la pandemia del Coronavirus, cuyas consecuencias están afectando, en todo el mundo, en los diversos ámbitos de la vida del individuo y de su entorno.

 Observando lo que está sucediendo, desde una perspectiva psicológica, nos encontramos ante un gran “escenario de pérdidas” de determinadas condiciones y elementos que daban sentido a nuestra vida, por ejemplo, libertad de desplazamiento, alguien significativo, un trabajo, una relación, el contacto social, la salud, la seguridad, la confianza, la proyección de futuro. Ante esa situación experimentamos tristeza, dolor, frustración, cólera e impotencia, y suelen aparecer preguntas como: ¿por qué, quién, hasta cuándo, dónde ir, por qué a mí, etc.

Llegados a este punto, me atrevo a trasladar los acontecimientos del escenario descrito, al contexto del “duelo” como proceso, para salir adelante. Las fases del duelo son:

-negación: la incredulidad es la primera reacción llevándonos a no escuchar, entender, pensar o sentir en el primer momento;

-ira o enfado: puede ir dirigida a terceros (culparlos de lo ocurrido) o hacia uno mismo, es importante reconocerla, aceptarla y exteriorizarla, solo así impulsará a avanzar;

-negociación: aunque no se pueda cambiar lo ocurrido, pensamos: “si hubiese hecho…”, “si no hubiera…”;

-miedo o depresión: principalmente, por incertidumbre ante el futuro;

-aceptación: es la última fase, y se trata de aceptar que, incluso el dolor y las dificultades surgidas en la vida, son parte de ésta y debemos continuar.

Para cada persona, la duración y manejo de cada fase o etapa, será diferente. Como dice la psicoterapeuta Cate Masheder: “En el pasado pensábamos que con el tiempo ese dolor se hacía más pequeño y desaparecía, pero el enfoque ahora es que ese dolor se mantiene tal y como está, y nuestra vida crece alrededor de él. Así, aunque experimentamos muchas otras cosas nuevas en nuestras vidas, el duelo se queda dentro; y, en ciertos momentos, como en los cumpleaños, los aniversarios, y en otras ocasiones volvemos a sumergirnos directamente en ese dolor», pero al ser más consciente es gestionable.

Puede considerarse parte del devenir obvio, iniciar un proceso del duelo ante las pérdidas actuales que se van sucediendo; sin embargo, también encontramos aquellas personas que, desde las limitaciones que existen, y la frustración que experimentan, adoptan una actitud, ya sea como observador pasivo (no interviene, pero puede criticar) o como observador activo (el que tiene una opinión y participa).

Dónde la situación nos llevará?

Sólo el tiempo lo dirá

Dónde llegar queremos?

Sobre ello investiguemos.

Cuánto cambiando estamos?

Aún buscando respuesta vamos

A partir de lo dicho, os propongo una serie de preguntas y, os pido meditéis vuestras respuestas:

¿Cómo estoy yo haciendo frente a esta situación?,

¿Soy observador pasivo o activo?

¿Cuáles son los verdaderos motivos que me hacen actuar de un modo u otro?

Finalmente, preguntarse:

¿Cuál era la prioridad en mi vida hace 6 meses?

Y ¿cuál es la prioridad en mi vida hoy?

A SEGUIR CUIDÁNDONOS!

Jacqueline Alejandra Dolores Dagnino.
Licenciada en Psicología, Universidad Femenina del “Sagrado Corazón”. Directora de la Escuela Profesional de Psicología de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (2016 -Febrero 2018)

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