El valor de la verdad ha perdido un espacio importante en nuestra sociedad. Desde niño uno debe aprender que por encima de todo está la verdad. El compromiso con la verdad está directamente asociado a la formación que tenemos en casa, a las enseñanzas que recibimos en el colegio. En resumen, está vinculado a la educación, pero para ser más preciso a la EDUCACIÓN CON VALORES.
Los líderes, aquellos a los que cada uno de nosotros considera como tales, han influido e influyen en nuestro comportamiento y en la formación de valores. Por eso la importancia de reconocer que los valores se enseñan con el ejemplo que recibimos de ellos. Si formamos mejores niños, tendremos mejores ciudadanos.
Lamentablemente, los acontecimientos políticos de las últimas semanas nos vienen mostrando cómo los líderes de nuestro país tienen tan poco aprecio y respeto por la verdad. Ocultar la verdad parece ser ahora parte de una estrategia antivalores. Negar la verdad es una forma de no asumir responsabilidad, para evitar consecuencias judiciales, pero que deja modelos de comportamiento dañinos en un mundo de niños y jóvenes hiperconectados, con información en tiempo real, a través de diferentes plataformas de comunicación.
Ante está distorsión de la realidad, es más “divertido” celebrar el “meme” que se burla del afectado, en vez de analizar la responsabilidad del que comete el delito. Un factor que distorsiona los hechos, con mucha facilidad, es la falta de compromiso con la verdad y la ética de algunos medios de comunicación y periodistas, quienes, teniendo preferencias e intereses, no cuestionan la mentira y en muchos casos permiten que esta se repita. Como si repitiendo tantas veces la mentira se fuera a convertir en verdad. No hay medias verdades. La verdad es una sola.
Ha sido muy frecuente ver cómo en un principio se oculta la verdad y luego ante la evidencia comienzan a “recordar”. Hemos aprendido a reconocer el proceso y la evolución desde la acusación, pasando por la negación, hasta llegar a la verdad. Pero lo más preocupante es que hemos comenzado a aceptar que las personas no digan la verdad y lo más grave es que nos estamos convirtiendo en expertos en justificar y argumentar las razones por las que no se habla con la verdad.
La confrontación está trayendo graves consecuencias. Los peruanos estamos enfrentados en posiciones que tienen al odio como denominador común. La polarización le ha ganado de lejos a la conciliación. La distorsión de valores ha evolucionado del triste “roba, pero hace obra” a un peligroso “miente, pero le creo”. Quizá algunos se atrevan a reconocer como justificación: “el tuyo miente más”.
Para muchos debe ser difícil entender cómo la persona que gobierna nuestro país, a pesar de las denuncias en su contra, las que deberán ser investigadas y probadas, aún mantiene, según las encuestas, la aprobación de cerca de la mitad de los peruanos. Pareciera que la gente toma como referencia los resultados de las encuestas para ratificar su preferencia. Lo concreto es que estamos ante la posibilidad que a la gente le gusta que le mientan, porque de ser comprobado por la justicia, la gente habría admitido que “el presidente miente, pero le cree”.
Los peruanos necesitamos que comencemos a poner la verdad por delante para volver a confiar en una nueva clase política, con la participación de personas probas, que lideren un nuevo momento para nuestro país.
Luis Otoya Trelles.
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.
