En mi familia hemos “decretado” que mientras dure la pandemia nada se celebra, nadie cumple años, nadie se casa, nadie se divorcia. Mi hijo y su novia vienen postergando su matrimonio ya dos veces y están por hacerlo por tercera vez. De los cumpleaños sólo nos quedan los gratos recuerdos, la soplada de velas, el rito de la mano a la torta para sacar un pedazo y refregarla, como muestra de cariño, en la cara del cumpleañero.
Las sorpresas que se entregaban en las ahora inexistentes fiestas de niños, actualmente son exclusividad de los programas periodísticos de los días domingos, que nos lanzan serias denuncias de corrupción, cual torta en la cara, las que masticamos con indignación. A algunos se nos atraganta, pero son tantas que nos estamos mal acostumbrando a pasarlas, aunque sabemos que nunca terminaremos de digerirlas.
En los reportajes de este fin de semana, un colaborador eficaz, en la transcripción de su declaración a la fiscalía, revela una supuesta conversación telefónica con el presidente acerca de los directivos de una empresa que postulaba a una importante licitación en el Gobierno de Moquegua. Preguntaba “Si eran serios y si había algún apoyo”, cerrando con “Lo que pasa es que ellos se comen la torta solos”, frase famosa en pocos días.
Tendríamos que descifrar qué significa esto. ¿Cómo lo traducimos? ¿Si ellos ganaran, deberían convidar un pedazo de torta? ¿Condicionaba su apoyo a que compartieran la torta? ¿Qué buscaba al insinuarlo?
A pesar de estar prohibidos los espectáculos, hay show para rato. El titiritero de la corrupción maneja en la oscuridad los hilos de las historias que se cuentan cada semana, asigna el rol de cada personaje, define cuándo asumen el papel de héroes y en qué momento los buenos se convierten en villanos. Mientras esto sucede, los que estamos viendo desde fuera el show, sin conocer toda la verdad, tomamos posición a favor de unos o de otros. Muchos aún no se dan cuenta que nos están tratando de manipular, que a los corruptos les interesa que estemos distraídos peleando, con odios y pasiones que nos enfrentan, tratando cada uno de demostrar que a quien defendemos, tiene la razón.
Cuando la fiesta termine quienes pagaremos, como siempre, la factura por los gastos de la celebración y la torta que otros no quieren compartir, somos nosotros los peruanos que sin haber sido invitados observamos pasivos cómo todo se financió con los ahorros logrados con nuestra sufrida contribución impositiva.
El mismo día de la denuncia, recibimos una torta más en la cara. El primer ministro, el general Walter Martos, desconociendo la Constitución afirmaba: “Las FFAA no van a permitir que se rompa el estado de derecho a cinco meses para las elecciones. Es una cosa de locos”. “El pueblo peruano está cansado de intentos de vacancia”. El primer ministro parece ignorar que la declaratoria de vacancia es una atribución exclusiva del Congreso de la República.
En el hipotético caso que el Congreso aprobara discutir en el pleno la moción de vacancia, se invitaría al señor presidente a hacer los descargos que correspondan. Si se cumple con la discusión de los hechos y en la votación posterior se cuente con los votos suficientes que se requieren para aprobar la vacancia, no se habría producido nada inconstitucional en el proceso. Por lo tanto, a las FFAA, que no son deliberantes, sólo le correspondería hacer respetar la Constitución. No importa si faltan cinco meses, un mes o una semana para las elecciones generales. Estas se tendrían que realizar de todas maneras.
Los peruanos estamos cansados de ver evidencias de corrupción y cubileteos bajo la mesa, estamos saturados de escuchar cada semana serias denuncias, como esta última, en la que una vez más estaría involucrado el señor presidente. También nos genera incertidumbre ver las iniciativas del Congreso, que, ante los hechos revelados, persiste en vacar al presidente.
Las denuncias son graves y ameritaría que el presidente, en un gesto de transparencia, solicite se levante su inmunidad para ser investigado por la justicia peruana, asegurándole que se va a respetar su derecho a un debido proceso. Eso sí, exigiendo que cuando esta se haga, el señor presidente no interfiera en la autonomía del Poder Judicial, ni bloquee las investigaciones.
Si este fuera una opción válida para el presidente, paralelamente a la investigación, debería convocar y liderar un gabinete de transición, con la participación de las principales fuerzas políticas, que asegure el desarrollo de un proceso electoral limpio y transparente.
Si existiera un termómetro que midiera la indignación de la gente, quizá ayudaría a la clase política a reflexionar y los iluminaría para elegir el mejor camino para salir de la oscuridad en que nos encontramos. Los peruanos estamos cansados de ser la piñata de la fiesta y sin siquiera haber comido un pedacito de la torta, podemos morir por indigestión ajena.
Luis Otoya Trelles.
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.
