La importante cobertura periodística que ha tenido la muerte del genocida Abimael Guzmán ha permitido que nuestros jóvenes, en pocos días, conozcan bastante más de lo que sus maestros, por complicidad, ocultaron durante dos décadas o lo que los historiadores distorsionaron perversamente en los textos escolares, minimizando la real magnitud del daño ocasionado por el sanguinario cabecilla de Sendero Luminoso.
A los que hemos vivido y sufrido más de una década el terrorismo en nuestro país, no nos pueden contar las historias con las que ahora pretenden santificar a los líderes subversivos. El odio y la mala memoria han permitido que actualmente tengamos en el gobierno a importantes funcionarios que simpatizan con la violencia y el terror.
En lo que si hemos coincidido la mayoría de peruanos ha sido en exigir a una sola voz que, ante la muerte del genocida, se impida la entrega de su cuerpo. Ceder ante esto sería darle un espacio a la veneración del terrorismo. Aceptarlo sería una burla al dolor de 30000 familias peruanas víctimas de la subversión.
Los peruanos no confiamos en el Ministerio Público, ni en sus fiscales, pero es justo ante ellos con quienes los congresistas de diversas bancadas vienen realizando gestiones para poder constatar la muerte de Guzmán. Hasta ahora no han cedido a sus requerimientos y se han limitado sólo a entregar como pruebas, fotos y documentos, sin acceder a mostrar el cuerpo antes de incinerarlo. Esto acrecienta los rumores y dudas que ha generado su muerte debido al interés en indultarlo mostrado desde hace unas semanas por algunos líderes de este gobierno ¿Nos están ocultando algo?
Tenemos que dejar de ser permisivos con la apología al terrorismo, condenándolo con firmeza y denunciándolo. Debemos oponernos a las iniciativas de la izquierda radical de seguir imponiendo en escuelas y universidades la perversa ideología subversiva con la que pretenden seguir engañando a nuestros niños y jóvenes, que sin darse cuenta están caminando por el perverso sendero que llevaría a nuestro país hacia el comunismo, que sólo traería hambre y miseria a nuestro país. ¿Lo vamos a permitir?
En las últimas semanas, por denuncias de la prensa, estamos viendo que personajes vinculados a Sendero Luminoso, se pasean como Pedro por su casa por palacio de gobierno y diversas entidades públicas. No necesitan invitación. Parece que compartir la misma ideología les da las llaves de todas las puertas del poder. ¿Son acaso sus socios tantas veces negados? ¿Son inquilinos no declarados con cama adentro?
Estamos viviendo el mundo al revés. Hace poco menos de una semana pudimos comprobar en un reportaje de la televisión que los jóvenes no sabían quién era Abimael Guzmán, ni reconocían una foto del cabecilla de Sendero Luminoso. Tampoco nos ha sorprendido ver las declaraciones del primer ministro comparando absurdamente los crueles asesinatos de la subversión, con las mujeres afectadas en el programa de planificación familiar, mal llamado “esterilizaciones forzadas”. ¿Es una broma?
Una de las heridas que los peruanos deberíamos comenzar a cerrar es la ocasionada por el odio exacerbado de los simpatizantes de la subversión que hasta hoy siguen comparando injustamente al presidente Alberto Fujimori con el genocida Abimael Guzmán.
La muerte del cabecilla de Sendero Luminoso, a casi tres décadas de su captura, nos debería hacer reflexionar para tener claro hacia dónde nos podría llevar, caer en la trampa de la confrontación y enfrentamiento entre peruanos. Lo que estamos viviendo a diario, nos debería ayudar a quitarnos la venda para comenzar a reconocer algunos de los logros del gobierno del presidente Alberto Fujimori. Entre ellos es innegable darle el mérito de haber acabado con la subversión. Mientras muchos asesinos subversivos gozan de su libertad, su captor está en prisión pagando con catorce años de su vida por delitos por los que otras personas ya estarían libres. Lo justo sería ponerlo de inmediato en libertad para reconocerle, hoy en vida y no mañana ante un monumento, habernos liberado de la subversión y haber encaminado la economía de nuestro país hacia el desarrollo.
Los que ahora nos gobiernan lo quieren ver morir en prisión. ¿Podemos ser los peruanos tan mezquinos y mal agradecidos con uno de los mejores presidentes que ha tenido nuestro país en sus doscientos años de vida republicana?
Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.
