Site icon Vox Populi Empresarial

Quiero una buena noticia

“Lo siento, una buena noticia NO VENDE”

Anónimo – aunque en realidad, “al que le caiga el guante que se lo chante”.

Si nos ponemos a mirar a nuestro alrededor, la vida está llena de cosas buenas. No solo por la maravilla de la naturaleza, el cielo, el sol, el mar, un paisaje, también encontramos fascinación por una linda ciudad, un monumento, una obra de arte, o una hermosa canción que nos llega hasta el alma y mueve nuestro cuerpo.

Cada día nos dejamos asombrar por un nacimiento, los primeros pasos y las travesuras de un bebé, o sencillamente por las numerosas situaciones que hacen que la vida tenga colores. Y, claro, cómo no mencionar a las mascotas, aquellos pequeños seres que llegan a nuestras casas, revolucionan todo y atrapan nuestro corazón.

Hasta ahora, estamos escribiendo sobre lo cotidiano, sobre aquello que, siendo parte de nuestro entorno y quehacer, muchas veces lo dejamos pasar y no le damos la trascendental importancia que tiene.

Pero qué pasa cuando hablamos de un invento, de una obra social, un logro increíble en un deporte, que no es muy popular, de algo extraordinario que debe difundirse porque es bueno que se conozca.

¿Cómo se logra dar a conocer una buena iniciativa, una buena práctica, una buena nueva?

“Lo siento, tú que sabes de esto, una buena noticia No Vende, no hace rating, no genera lectoría, audiencia, ni fideliza a nuestro público…” palabras más, palabras menos, esta frase la he escuchado decenas de veces, incluso de boca de gente buena, de profesionales correctos, de comunicadores de corazón noble, de periodistas que buscan hacer más digna su profesión.

Hace décadas un canal de televisión en nuestro país, al poco tiempo de ser fundado, y no haber logrado un noticiero atractivo, innovó en la manera de presentar las noticias. Eran épocas de terrorismo y mucha violencia y, lejos de guardar el respeto por las víctimas, la indicación era meterle el micrófono a quien se estaba desangrando, al que acababa de sufrir una desgracia, a aquel que probablemente estaba en el momento más vulnerable de su vida. Y no se detenían hasta sacar las palabras más horribles de sus labios, hasta mostrar las imágenes más cruentas. “¿Le duele?,¿Quiere dejarle algún mensaje a su familia?, ¿Odia a quien le hizo esto?”.

Solo bastaba con que el presentador haga una pequeño disclosure (aclaración, descargo o advertencia): “Las imágenes que veremos a continuación pueden herir susceptibilidades…” y con eso dar rienda suelta para transmitir cualquier imagen o testimonio.

Al día de hoy, inclusive, teniendo tantas noticias de todo orden, un noticiero siempre busca la imagen violenta, impactante, sangrienta como “abridora” y así hacer que los televidentes no cambien de canal.

Algún día un analista describió esta voracidad por atraer a la audiencia como “coprofilia”, un término muy fuerte que significa: “gusto por las heces”. En buena cuenta, adecuándolo a lo que estamos tratando y ,con el perdón por la dureza de la expresión: “atracción y afán por transmitir mierda”.

Pero lo peor es que, esta falsa idea, se viene transmitiendo, incluso, de manera soterrada, en cada universidad, instituto y es el mensaje subliminal, o no tanto, que reciben las nuevas generaciones apenas te incorporas a una redacción, o a la producción de un noticiero, ya sea radial, televisivo o digital.

La lectura parte del principio de que “eso es lo que el consumidor quiere”. Que nosotros, tú y yo, que estamos al otro lado, tenemos ansiedad por consumir malas noticias. Entonces hay que exacerbar el morbo, hay que incentivar ese lado oscuro que todos tenemos y así colaboramos sumando puntos al famoso rating. Total, como más de una vez me han respondido: “si no te gusta, cambia pues”.

Me detengo en este punto y creo importante mencionar: Rating, audiencia, lectoría, está íntimamente relacionado con facturación, inversión publicitaria, dinero puro y duro para los medios. Entonces mal haríamos en solo enfocarnos en el periodismo y sus actores, sino también en el empresario mediático, que exige esos niveles para poder tener mayor clientela, convirtiendo todo el proceso en una tiranía.

Estando ya en la tercera década del siglo XXI, los medios digitales, redes sociales y otras plataformas han pasado a tener un protagonismo inusitado. Un don nadie, improvisado, o un influencer (antes les llamábamos líderes de opinión) de cualquier otra materia puede llegar a tener millones de seguidores y se han convertido, en muchos casos, en el vehículo comercial sobre todo para los publicistas y creativos.

Algunos incluso aprovechan estas tribunas para convertirse en los nuevos periodistas, entonces ya eres libre de contar literalmente “lo que te dé la gana” y darle el espacio que tú desees. Esta “democratización” de la noticia, tiene sus bemoles. Por cierto, que, si logras “pegar”, pues, con muy poca inversión, ya tienes un “medio digital”.

Para mí, el gran problema es la credibilidad. El rigor periodístico, que en el fondo no es otra cosa que una auténtica búsqueda de la verdad, es muy escaso, muy oportunista. Muchas veces se toma como fuente cualquier información que me suene verosímil y ya está: ¡Publicada!

Y de ahí se retransmite por whatsapp y esto se convierte en viral. Entonces tenemos muchas versiones sobre el mismo hecho y no se sabe cuál creer. Por supuesto que también hay detrás intereses creados, ideológicos, políticos y muchos muy mal intencionados en distorsionar los hechos o incluso interesados en comunicar falsedades.

Y yo solo quiero contar una buena noticia y sobre todo escucharlas. En un país tan convulsionado, tan dolido, con tantas subidas y bajadas, debemos entender que llenarnos de buenas nuevas, nos enriquece, nos limpia, nos alegra la vida y nos ayuda a “construir un Perú más justo, fraterno y reconciliado”, frase que vengo repitiendo desde hace algunas columnas, en este buen medio digital, como es “Vox Populi al Día”, con la esperanza que nos demos cuenta que ya es tiempo de ponernos a chambear para ello. Buena semana.

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

Exit mobile version