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 Pret a porter

Dicen que la gente como te ve, te trata.  Esta sentencia resulta, en no pocos casos, falaz.  Si todo entra por los ojos, habría que evaluar qué es lo que los ojos están viendo o hacia dónde apuntan.  Cuando se trata de buscar un empleo, uno acostumbra a ponerse lo mejor del guardarropa.  Esto puede ser cierto, pero no deja de implicar un criterio algo estrecho y convencional.  Lo que importa es la hoja de vida del postulante y cómo se maneje en la entrevista de rigor.  Lo cosmético es corregible, ser incompetente para cumplir una función, no.

En las últimas semanas, ha sido blanco de críticas la forma cómo se presentó la esposa del presidente Castillo, Lilia Paredes, a las citas internacionales. Lo más anecdótico fue que algunos desubicados periodistas argentinos confundieron al presidente peruano con un mariachi. Se hizo viral. Lilia Paredes parece haber viajado con absoluta comodidad, igual que muchos hombres y mujeres en el planeta.  Después, en otra reunión, se le notó ataviada de manera distinta, formal. Llegó a México con un pantalón negro, una blusa de jean y sin haber pasado por la peluquería. 

 ¿Qué habría pasado si la primera dama tomaba el camino contrario? Es posible que sus detractores la acusaran de haberse aburguesado o no ser consecuente.  Eso hacía Nadine Heredia, esposa del ex presidente Ollanta Humala.  Su atuendo general, en campaña, constaba de deportivos y progresistas jean, polo y zapatillas. Cuando la señora Heredia, ya en el uso del poder, se colocaba tacos altos y un vestido formal, simplemente no lucía bien. Es cuestión de percha, dicen algunos, algo bastante gaseoso o relativo.

El mismo Humala asistió a una reunión internacional vestido con terno cuando todos los demás presidentes se pavoneaban en smoking. Por otro lado, nadie maltrató con ensañamiento a Castillo por haberse presentado con su característico sombrero. A lo sumo, unos rioplatenses lo confundieron -y eso que los utilizados por los mariachis son distintos y más grandes y decorados-.  Los protocolos son también relativos.  ¿Era dable que la señora Paredes asistiera con ropa que no suele usar?  Quizá sí un poquito más de arreglo, por cumplir. ¿Qué habría ocurrido si la camisa de jean era de una conocida y carísima marca, lo mismo que el pantalón?  ¿Qué es lo que al fin y al cabo vale? ¿La ropa que usas a diario o las marcas que ostentas?  Heredia solía usar carteras caras e incluso salió, oronda y feliz, en la portada de una conocida revista.

No siempre como te ven, te tratan. Si ya se ha construido una figura al margen de la apariencia, el trato no será negativo. Simplemente pensarán: “es su forma de vestir, o no quiere crear una falsa imagen”. Lo cuestionable, para muchos opinantes, es el descuido. Es probable que el asunto de la señora Paredes obedezca más a una cuestión de indiferencia que a desafiar “reglas capitalistas” para vestir en cada ocasión de las llamadas “ceremoniales”.

¿Qué pasaría si soy mendiga y visto con las marcas más reconocidas, pues me las obsequiaron personas de buen corazón?  ¿O asistimos a un evento formal con ropa casual -pero de diseñador-?  ¿Son las prendas que uno/a usa, las marcas o el gusto los que marcan la pauta de quién es aceptable o no?

La educación es un tema clave en este contexto. Es factible vestir con sencillez decorosa, sin lujos, pero con armonía y buen gusto: el secreto de la elegancia, sostienen por ahí. Si las personas demuestran cortesía -aún valorada hoy-, se extinguen los calificativos.  A veces, usando solo las palabras mágicas y fáciles de recordar como buenos días, por favor, gracias, etc. transmitimos una imagen positiva y nos ganamos empatías y adhesiones. Y lo contrario: luciendo atuendos de lujo, pero comportándonos como patanzuelos y patanzuelas (que abundan por estos lares), causamos una impresión para el olvido.  Es un mediocre con billete o un palurdo con plata, rezan los dichos. 

Son otros criterios los que deben de primar si queremos calificar a la gente.  También se dice que a los artistas “se les perdona todo”.  El artista enamorado de su arte y de su obra no piensa en la ropa. ¿O sí?  Algunos lucen ultra casuales en eventos donde se exige vestir de una manera “más seria”; en tales apariencias “descuidadamente planificadas”, se vislumbran algunas marcas de prestigio. ¿Esa es la clave del enigma?  Si se trata de gente consagrada, mediática, el envoltorio pasa a un segundo plano. ¿Por qué no ocurre con todos?

La persona vale por lo que es y no por lo que tiene o lleva puesto. Así debemos aquilatarla. Lo accesorio es simplemente eso: accesorio.  Una educación con frutos esperados, el buen desempeño profesional, el tino para tratar a las personas -cualquiera sea su condición- deben ubicarse en primer plano.  No necesariamente como te ven vestido te tratan; te tratan como tú lo haces con los demás o proyectes como persona. Eso primará.

Vivimos en una sociedad cientificista, tecnocrática, consumista e industrial con altas cuotas de permisividad, donde el ser humano es valorado más por lo que tiene y no por lo que es.  Esta ramplona forma de pensar no ha traído más que problemas psíquicos en la población, impregnada de complejos y problemas no resueltos.  A los mismos profesionales de la salud mental les ha costado revertirlos.  Gran número de ciudadanos se ha refugiado en la religión como tabla de salvamento ante tanto plástico y hedonismo.  Necesitamos con urgencia una revaloración de la persona. La pandemia, la crisis y el encierro pusieron al descubierto todos estos males.  Los psicotrópicos están agotados en las farmacias, porque la población no da más.  Lo económico solo es una de las tantas dimensiones de la humanidad, no debemos reducirla a ella; cuando eso sucede, comienzan los verdaderos dilemas. Caminemos siempre con la vista adelante. No retrocedamos, eso es lo mínimo.

*Listo para llevar. Se refiere a las prendas de moda producidas en serie en función de la demanda. Da título a una de las grandes películas de Robert Altman.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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