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Sobre la comunicación interna, sus crisis y sus líderes

El primer valor que nos facilita la comunicación es la posibilidad de poder entendernos y para lograrlo es indispensable reconocer a nuestro interlocutor. De no ser así, todos nuestros mensajes envueltos en maravillosos empaques llamados relatos serán inútiles, porque las percepciones, emociones y experiencias de quienes los reciben dejarán la puerta abierta a cualquier tipo de interpretación.

La comunicación interna en una empresa, sin importar sus dimensiones, es esencial para consolidar los procesos donde participen e interactúen diferentes departamentos o áreas de trabajo y es clave para mantener presente la identidad corporativa en los colaboradores, motivarlos, retener al mejor talento y por supuesto servir de engranaje a la cadena de valor.

Todos los trabajadores de una empresa necesitan estar informados sobre los acontecimientos y procesos que afecten positiva o negativamente a una organización: resultados de ventas, eventos, estrategias y objetivos a corto, mediano y largo plazo; la filosofía empresarial y los procedimientos y los protocolos de actuación. Finalmente, cabe recordar que cada uno de los integrantes de una organización son los protagonistas de la generación de valor y de manera consciente o no, se convierten en embajadores de marca.

Si bien es cierto, siempre existirá información confidencial que deba mantenerse reservada para unos pocos; la transparencia y la honestidad serán valoradas para crear un clima de confianza y credibilidad.

No podemos evitar el advenimiento de crisis de distinta naturaleza o proporción, pero podemos prevenirlas manteniendo una escucha activa, una comunicación asertiva y un protocolo de acción y comunicación.

Existen muchas formas de mantener fluida la comunicación dentro de una empresa y las nuevas tecnologías son de gran ayuda para este tipo de procesos.

Sin embargo, la comunicación interpersonal, sigue siendo la mejor, la más transparente y leal y más efectiva forma de comunicación, aunque los modernos Cyranos de Bergerac no duden en generar trolls, avatars o simplemente enviar mensajes anónimos para expresar lo que piensan o sienten.

Evitarlo es imposible. Canalizarlo y saber enfrentarlo con la verdad delante, siempre será mejor.

Para ello, es indispensable contar con un buen plan de comunicación que incluya la preparación de los directivos y convertirlos en verdaderos líderes.

El auténtico liderazgo se reconoce porque aquel elegido, es capaz de poner la cara, el hombro y todo el cuerpo si es necesario para bajar al llano tantas veces las circunstancias lo ameriten. Porque es reconocido por todos, como el guía que sabe tanto equivocarse como enmendar sus errores.

El liderazgo se define no porque el líder se encuentre en “las alturas”, sino porque es capaz de estar pisando el suelo que los demás pisan, ensuciarse los zapatos, escuchar a cada uno y dirigir a su equipo con inteligencia y humildad, siendo el primer y mejor comunicador de la organización.

Santiago Carpio.
DOCTOR EN COMUNICACIONES de la Universidad Autónoma de Barcelona. Consultor – especialista en estrategias de comunicación, habilidades socioemocionales y producción audiovisual. Expositor y promotor del storytelling para la educación y el marketing. Docente PUCP, CENTRUM. Profesor Referente U. Continental. Docente UPN. Director de Proyectos e Innovación Educativa, Escuela Superior Toulouse Lautrec. Ex Presidente del Comité de Ética de la Sociedad Nacional de Radio y Televisión. Ex DIRCOM de la Oficina General de Comunicaciones del MINEDU.

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