Es claro que lo que necesita la economía peruana es sentar las bases para disponer de un crecimiento sostenible más allá del corto plazo. Es claro, también, que los sucesivos gobiernos y administraciones en materia de economía y finanzas no han podido generar las reales condiciones para que ello ocurra. Estamos al interior de una economía ciega.
No basta con disponer de fundamenrtos económicos para que las cosas se compongan en una economía tan compleja como la peruana. No basta con una adecuada macroeconomía para sanear parte de los problemas que se hacen recurrentes en materia de educación, salud, seguridad, infraestructura física, calidad de sector público,informalidad, narcotráfico, corrupción e inseguridad.
Tampoco basta con crecer, si los frutos de ese crecimiento no se desarrollan en un marco de libertad de precios y en un marco de valor compartido. No basta si ese crecimiento se desarrolla en un contexto de organización de mercado donde la posición de dominio limita una adecuada asignación de recursos. No basta con crecer en materia de PBI si la pésima calidad del sector público no dispone de los elementos para regular adecuadamente y proveer un mínimo de recursos con eficiencia e independencia de los intereses de grupo. No basta exigirle productividad al frente productivo sin dotarlo de una infraestructura física y humana apropiadas.
Queremos hacer todo sin un mínimo de coherencia.
Queremos, por ejemplo, que el sector público solucione problemas de salud, educación y seguridad, cuando en si mismo dicho sector es un problema. ¿Querémos que nuestro Estado, plagado de una inadecuada organización, sobredimensionado, falto de calificación y transparencia, sin recursos humanos mínimamente calificados, en extremo dependiente del frente político; se encarge de redefinir las líneas maestras de nuestro país? Lo primero que debemos buscar es una reingeniería integral del Estado. Sin ello, nuestra economía continuará siendo ciega.
No basta con crecer en un contexto donde parte importante de dicho crecimiento sea el resultado del impulso alcanzado por factores ajenos a nosotros mismos. Por ejemplo, ese es el caso típico de un crecimiento del PBI que se acelera sólo cuando los precios de los commodities mineros soplan a nuestro favor. Crecemos por encima edl 4% sólo cuando disponemos de la ayuda exógena de los minerales. ¿Queremos sostener el crecimiento sin una adecuada diversificación? Claro ello, en parte, se puede lograr. Eso lo demusetra el empuje mostrado por nuestra agroexportación. Pero, más allá de eso, teniendiolo todo para, por ejmplo, ser una potencia del turismo mundial, disponemos de un turismo receptivo menor que el chileno. Toda una vergüenza. Son muchas las oportunidades de diversificación sectorial que dispone nuestra economía, no las sabemos desarrollar. Somos una economía ciega.
Queremos trascender al crecimiento corto placista disponiendo de una clase política sin visión estratégica, incapaz de generar consensos mínimos, que no dispone de una visisón integral de nuestros problemas y que no ve más allá del corto plazo. Disponemos, cada cinco años, y con suerte, de políticas de gobierno, pero más allá de esos cinco años, todo es incertidumbre, improvisación y corrupción. No disponemos de una política de Estado. Típico de una economía ciega.
De otro lado, queremos trascender al corto plazo con parte de un frente empresarial que no sabe perfilar el éxito más allá de nuestras fronteras, incapaz de disponer de un mínimo de unidad gremial, concentrado en auspiciar congresos reiterativos, carentes de un mínimo de accountability e instracendentes. Disponemos de parte de un sector expresarial que no deslinda apropiadamente de la corrupción, del mercantilismo y que no encuentra utilidad, en algunos casos, a la necesidad de generar ecosistemas donde el nivel de vida de sus trabajadores les permita disponer de una visión largo placista sin mayor riesgo de inestabilidad social o medioambiental. Así las cosas, no se puede trascender a una economía ciega.
Al final y en reumidas cuentas, nuestra economía ciega es el resultado de la escasa visión de nuestros políticos, empresarios y gobiernos. No disponer de una visión y solución para nuestros problemas estructurales, nos lleva recurrentemente a enfrentar problemas de coyuntura que se reiteran, que no se solucionan, que se magnifican cada cinco años con un nuevo proceso electoral.
Vivimos para el corto plazo cuando el éxito del país requiere disponer de una actitud cercana al mediano y largo plazo.
Una economía ciega como la que disponemos, solo encontrará paliativos, nunca una solución real a nuestras limitaciones. Tenemos que repensarnos para liberarnos de la ceguera que no nos perimte valorarnos, ni enfrentar nuestros grandes problemas como nación. Somos hasta hoy una economía ciega. Una economía que podría tenerlo todo, pero hasta hoylo que más requiere de una nueva visión de sus pobladores.
Juan José Marthans León.
Economista y Master en Banca y Finanzas de la Universidad de Lima, donde obtuvo el Summa Cum Laude. Ha realizado estudios de Post-Grado en diferentes universidades del exterior. Ha sido miembro del directorio del Banco Central de Reserva del Perú así como Director del INDECOPI. Actualmente es Presidente Ejecutivo de GKN Perú S.A y Presidente de Directorio de ACK S.A. Actualmente es Director del Área de Economía del PAD –Escuela de Negocios de la Universidad de Piura.
