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El efecto ómicron

Nos vemos ahora amenazados por una variante sudafricana llamada ómicron.  Se sabe que es muy agresiva, contagiosa y resistente, pero no sería más mortal que las anteriores.   No se sabe a ciencia cierta si las vacunas nos protegen contra ella.  La aparición de ómicron en nuestro país -según el doctor César Cárcamo, experto en epidemiología-, tendría muy altas probabilidades de medrar aquí.

Todavía esperamos una tercera ola o quizás ya empezó.  La Covid-19 vino para quedarse y al parecer los ciudadanos no toman plena conciencia de ello.  Una vuelta a la normalidad, tal como la conocíamos, se torna por el momento lejana.  Si el Perú decidiera cerrar sus fronteras con Sudáfrica parecería solo el sueño del avestruz o un saludo a la bandera.  Los vuelos no llegan directamente de este destino, sino por escalas; de ese modo, la recién nacida mutación estaría aquí casi sin que nos demos cuenta.  Además, se ha reportado en Japón un caso de una persona con esta variante y nada menos que procedente de nuestro país.  Los contagios han empezado a aumentar.

¿Qué ocurrió con la inmunidad de las vacunas?  Primero se dijo que esta se prolongaría un año; luego, de seis a ocho meses; ahora se pregona un tercer refuerzo, cumplidos los cinco meses.  Pero no hay evidencia de que nos proteja del efecto ómicron.  Nos hallamos ante una encrucijada.  Los padres de familia piden a gritos un retorno al colegio. Es innegable que la pandemia ha devastado, entre otras cosas, la socialización de los escolares, muy importante para todo ser humano. Sin embargo, se hizo en aras de proteger la salud de todos los ciudadanos. 

¿Estaremos listos para un regreso a lo presencial, sobre todo amenazados por esta nueva forma del Sars-Cov-2 en ciernes?  Definitivamente, no.  Los sistemas de salud no han mejorado y la atención a los pacientes de Covid-19 ha sido desplazada para atender otras patologías.  Afrontaríamos una vez más un caos sanitario.  Las instituciones educativas deberían, por ahora, perfeccionar el modo remoto.  Los recursos deberían reorientarse a una educación a distancia óptima, de excelencia, y no apostar por una presencialidad o semi- presencialidad que solo provocaría un letal efecto boomerang. 

Algunas entidades planean el regreso vía sistemas híbridos.  Es decir, con alumnos y profesores presentes, pero con aforo reducido -el resto se conectaría de manera virtual-.  El modelo fracasó en Estados Unidos; se adujo que los estudiantes presenciales gozaban de mayores ventajas que los virtuales. Estamos retrocediendo, cuando la maximización “remota” debiera ser la salida decorosa.  Existen personas que son muy vulnerables y de alto riesgo.  Bajo el embate de una tercera ola, con la ómicron de por medio, podrían caer, para mala suerte, justo cuando les toque “ser presenciales”

Por otro lado, ya llegó el Tiempo de Navidad. El domingo se celebró el Primer Domingo de Adviento y la gente se alista para las fiestas. Esto hace más factible una tercera ola, con ómicron o sin ella.  Recordemos que en 2020 se produjeron aglomeraciones que catapultaron la segunda ola cuando los contagios habían descendido.  Es probable que acontezca lo mismo, a pesar de que la población ya cuenta con las dosis de rigor.  A las vacunas se les suele llamar protectores, simplemente porque no inmunizan de manera total y segura.  Ello no basta.  La inmunidad es cada vez más corta y eso impide referirnos a aquellas como “auténticas”.

Por lo pronto, el MINSA ya lanzó la alerta epidemiológica a raíz del aumento de los contagios. Según Cárcamo, es difícil saber si la tercera ola ya habría asomado -y aumentaría por la vorágine del fin de año-, o sería una falsa alarma.  Ya se eliminaron algunas restricciones porque no se consideran necesarias ni van a influir en la detección de casos.  Por ejemplo, la toma de la temperatura en espacios abiertos y cerrados, el uso del protector facial para el transporte urbano -menos para el Metro de Lima-  y  de doble mascarilla si se porta una KN95.  La cancelación de estas normas ha confundido a la población. Se piensa que ya todo pasó cuando a lo mejor todavía ni siquiera ha principiado. La pandemia no termina y las vacunas; si bien se han convertido en importantes escudos, no son suficientes.  A lo mejor fue prematuro eliminar el protector facial, porque este bloqueaba la entrada del virus por los ojos en forma de gotas pequeñas. 

Muertos por coronavirus con vacunas existen, pero no en cantidad suficiente para negarle a estas su gran importancia.  Lo preocupante de ellas es que cada vez es más corta la inmunidad.  Por otro lado, también es cierto que día a día las perfeccionan y llegará el momento en el cual la protección y el efecto serán más largos.

No, todavía no estamos listos para bajar la guardia ni para para una “nueva normalidad”.  Muchos peruanos son genéticamente descuidados, irresponsables y millones viven al límite de la subsistencia, por lo que es inevitable que invadan las calles para conseguir el sustento. Pensemos mejor: el efecto ómicron nos devastaría y debemos ser más precavidos -y juiciosos-.  No esperemos a que nos anuncien una tercera avalancha para actuar.  Debemos hacerlo hoy.  Ya el tiempo dirá si fue oportuno relajar medidas.  Eso está por verse. Y también si retornaremos al principio de esta pesadilla.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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