En una época en que las malas noticias son el pan de cada día la Navidad debiera ser una luz de esperanza que ilumine nuestro camino y nos permita levantarnos cada día con una nueva ilusión.
Fue así que una tarde de esta semana, cuando ya oscurecía, me encontraba manejando cerca de la Calle Monte Umbroso en Surco, y me dirigí hacia allá para llenarme de esa luz que, por lo menos, desde una década atrás, brilla con total intensidad iluminando las sombrías noches limeñas.
Recuerdo que cada año en familia íbamos con mis pequeños hijos, o con mi madre, para disfrutar de ese maravilloso espectáculo de luces, de muchas cuadras. Siempre me llamaba la atención, en primer lugar, como decenas de vecinos se habían organizado para hacerlo con total armonía. Algo poco usual en nuestra sociedad.
En cada fachada, área libre, vereda, jardines, encontrábamos nacimientos, reyes magos, ángeles, Papa Noel, trineos, renos y muchas otras figuras, todas hablando de la Navidad.
Muy impactante fue mi sorpresa cuando constaté que ese esplendor ya no estaba. No quedaban ni la quinta parte de esas luces encendidas. Hasta esa luz en nuestra ciudad se estaba apagando.
¿Qué no está pasando? ¿Cómo así estamos dejando que las tinieblas se apoderen de nuestro país?
Me vino a la memoria una película que vi allá a mediados de los ochenta, ‘La historia sin fin’, cuya trama se centraba en que ‘la nada’ representada por una bestia oscura y tenebrosa, se estaba apoderando del mundo y destruyendo todo. Finalmente, una luz que era mantenida encendida un ‘niño héroe’, Atreyu, salvó a todos de la catástrofe.
Pero regresando a nuestra realidad, quisiera hacer una reflexión más profunda que tiene que ver con el auténtico sentido de la Navidad. ¿Qué se celebra o conmemora en Navidad? Pues muy sencillo: la Natividad de Jesús. Y ¿qué significa ello? Pues el Nacimiento de Jesucristo, a quien los cristianos del mundo entero consideramos, el Hijo de Dios o Dios Hijo.
He navegado por muchos buscadores para encontrar alguna acepción diferente y en ninguna aparece referencia diferente que soslaye o matice esta definición.
Si hacemos la pregunta en la calle, ¿qué significa la Navidad para ti?, encontraremos diversas respuestas: es una fiesta familiar, una ocasión para hacernos regalos, un momento especial para compartir, una ocasión para hacer un balance del año que está por terminar, es conocer más a tus compañeros de trabajo, y muchas otras definiciones en este orden.
Es verdad que muchos también consideran una fecha triste por algún recuerdo negativo de la infancia, o alguna ausencia de un ser querido, que partió o que está alejado. Para otros, los sentimientos de alegría son muy expansivos y buscan que sean fechas memorables.
Creo que todo eso está bien, pues son diversas manifestaciones humanas, pero, ¿dónde está Jesús? Incluso el Pesebre, que debiese ser el centro de la festividad, se encuentra regularmente oculto tras las luces, árboles, Santas y adornos rojos, verdes, dorados, plateados o multicolores.
La bulla, la vorágine, el vértigo, los regalos, los paquetes llamativos, no nos permiten ver qué está detrás, cuál es el auténtico sentido de esta celebración.
Si nos remitimos a la esencia del relato, más bien fue un acontecimiento austero, hasta dramático, muy humilde. Y de pronto una luz iluminó todo desde el cielo, una estrella señaló el camino y llegaron muchos pastores sorprendidos para ver qué milagro había ocurrido. Días después, reyes provenientes del Oriente reconocían que algo extraordinario había sucedido.
Así, aunque en muchos lugares de la tierra no se le reconozca, no se puede ocultar que hubo un antes y un después. La humanidad tuvo una revelación y la vida del niño Dios le dio sentido a todo lo que estaba escrito.
Veinte siglos después no podemos permitir que esa esencia se oscurezca, volvamos a poner a Jesús en el Centro de la Navidad. Los tiempos han cambiado. No estoy seguro si han evolucionado o involucionado, pero Cristo es el mismo y sus enseñanzas están intactas para estos nuevos tiempos.
Que las luces de Monte Umbroso se vuelvan a encender y que la esperanza habite en nuestros corazones para que, al terminar este tiempo, podamos decirnos con todo amor, por nuestro país, por nuestras familias y por nosotros mismos: ¡Feliz Navidad!
Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.
