Este himno del genial cantautor argentino Fito Páez está muy relacionado con el fútbol.
Resulta paradójico que, en un país como el nuestro, que tiene todo como para ser exitoso, lo que nos dé las mayores alegrías en estos tiempos, sea el fútbol.
Sin embargo, lo más asombroso es que lo que viene sucediendo con nuestro seleccionado probablemente sea una fórmula que se debiese aplicar en nuestra patria.
Hace algunos años asistí a una CADE en Arequipa en la que el invitado principal era el Director de la Orquesta Filármonica de Boston, Benjamin Zender, y brindó al Auditorio una Conferencia Magistral, basada en el funcionamiento de una Orquesta Sinfónica y tomó como punto de partida la Novena Sinfonía de Beethoven.
Lo más resaltante que proponía a los empresarios era la importancia de encontrar la habilidad individual de cada uno de los músicos y como, en la complementariedad de sonidos, se podía escuchar una de las composiciones musicales mas hermosas de la historia. Y eso es exactamente lo que debiese pasar en una empresa: descubrir el talento de cada trabajador, para potenciarlo y ponerlo en función a un resultado común.
Eso es exactamente lo que ha logrado este grupo de expertos en el fútbol que, teniendo a Ricardo Gareca a la cabeza, ya desde su propio comando técnico se distribuyen las responsabilidades para poder dirigir a todo el grupo sin duplicar funciones.
No me cansaré de elogiar al tridente del ‘Tigre’ junto con el Bocha Santín y a Néstor Bonillo. Ojalá no se vayan nunca. Ellos dirigen a una veintena de profesionales, desde el asistente Solano, el psicólogo deportivo Scerpella (sucesor de Márquez), pasando por el sobrio jefe de prensa Nicolás Rey y llegando hasta Walter García (el popular Jayito), utilero. En este punto un recuerdo y homenaje al querido Teófilo Vilca quien partió a la eternidad hace pocos días.
Pero hablemos de fútbol. El triunfo frente a Colombia ha sido el resultado de un partido planificado con anticipación. Tuve la oportunidad de estar, hace 4 años, en la Bombonera cuando nuestra selección empató a cero con el combinado albiceleste, en un partido preparado para el empate. Perú hizo lo que tenía que hacer frente a la Argentina de Messi y Mascherano, que, de no ganar ese partido, veía seriamente comprometida su clasificación. Es decir, ellos trataban de hacer todo, adentro y fuera de la cancha, para sacar ventaja. Desde llevarnos al Estadio del Barrio de la Boca, ahora nos llevaron a Barranquilla a 34º grados, y presionarnos desde las tribunas, que finalmente quedaron mudas.
Yo estaba sentado junto al gran Cachito Ramírez, quien 48 años antes había anotado 2 goles en ese mismo campo, dejando por última vez fuera de un mundial, México 70, a los gauchos. Recuerdo que, en el minuto 90, Paolo casi mete gol en un tiro libre que Romero atajó y que, si entraba, hubiese la réplica de lo que pasó este viernes contra Colombia.
En la calurosa ciudad colombiana no fueron 11 jugadores, sino un equipo. No fue la típica y, poco a poco, erradicada gitanería de deslumbrar con alguna genialidad y desaparecer durante 89 minutos. No fue el ‘jugamos como nunca y perdimos como siempre’, mentalidad que hay que extirpar de nuestro lenguaje. Fue un grupo humano, que han descubierto que en la suma complementaria de individualidades se hace un juego en conjunto y se obtienen resultados satisfactorios.
No mencionaré cada nombre porque sería injusto elogiar más a algunos y no destacar tanto a otros. Gareca les ha hecho comprender que todos deben jugar para todos. Que lo importante no es destacar por separado sino lograr cosas grandes juntos y, de esa manera todos ganan y triunfa el país.
En un jugador quiero personificar a todos: Aldo Corzo. Esmerado en cada entrenamiento. No se queja si es titular o suplente. Tuvo partidos importantes en la clasificación anterior, fue mundialista, pero no jugó ni un minuto en Rusia, y no le escuchamos un reclamo, que hubiera sido muy humano. Para este partido no podía jugar el titular habitual, y nadie hubiera apostado por él. Y ahí estuvo el buen Aldo entregando todo por el equipo. Luchando cada pelota. Parecía David contra Goliat, y ya sabemos como terminaron ambas épicas historias. Si los peruanos nos comportáramos de esa manera, el país estaría en otro nivel.
Nuestra selección fue un conjunto. Jugaron a soportar el vendaval, sin desconcentraciones. Y el trofeo fue una victoria heroica, histórica, que nos vuelve a poner en zona de clasificación mundialista.
Pero no hay que confiarse, Gareca lo dice claro, teníamos por adelante cuatro finales y solo hemos jugado la primera. Cada partido tendrá su propia historia y dinámica.
Gracias a todos por darle alegría, alegría a nuestro corazón.
Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.
