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Qué triste, Colombia

Dudé mucho en pronunciarme sobre este triste, espinoso y complejo tema. Finalmente decidí hacerlo, consciente de que me generará iracundas críticas, blanco de improperios, más de un bloqueo en redes y hasta quizás el deterioro de algunas viejas amistades.

Pero siempre he pensado que, en casos tan delicados como estos, es cuando con mayor razón debemos tener la valentía de pronunciarnos y dejar clara nuestra posición, según lo dicte nuestra conciencia.

Hace dos días se aprobó la despenalización del aborto en el vecino país de Colombia (pobre país ese, décadas desangrándose). Y además de la ley en sí, me sorprendió con estupor y tristeza la celebración de dicha aprobación en algunas personas que apreciaba y respetaba. Pues anunciaban la aprobación del aborto con la algarabía de quien celebra un campeonato de fútbol de su equipo o el triunfo en las elecciones de su partido… ¡Increíble! Es decir, que sea legal llenar de pequeños cadáveres humanos los basureros de los hospitales, les pareció digno de celebración. En fin…

Tengo claro lo que estarán diciendo o pensando mientras leen estas modestas líneas: ‘él no puede opinar porque no es mujer y nunca estará embarazado ni podrá abortar’, ‘qué sabrá este machirulo ignorante’, ‘fascista Torquemada’, ‘seguramente es un religioso fanático’ y etcétera.

Y ya yendo directamente al tema en mención, debo decir que me parece una atrocidad lo que está sucediendo. Ya se ha perdido totalmente el respeto por la vida y la compasión ante la vulnerabilidad de bebés indefensos. Porque ya no estamos hablando de embriones ni cigotos, sino de bebés DE SEIS MESES, de SERES HUMANOS ya formados con cabeza, ojos, nariz, boca, tronco, extremidades y un sistema nervioso capaz de sentir dolor.

Es justamente esta barbaridad la que logró alejarme de muchos de mis viejos excompañeros en la lucha por los derechos de los animales, causa que aún abrigo y que defenderé hasta mi último hálito de vida. Pero su incoherencia y su falta de compasión logró abrirme los ojos hasta sentir legítimo desprecio y aversión por muchos de ellos. Ya que, para ellos (progresistas tenían que ser), era totalmente repudiable torturar y maltratar a un indefenso animal, pero estaba muy bien y era digno de celebración triturar la cabeza y el cuerpo de un indefenso bebé humano de tres, cuatro y hasta de seis meses de gestación.

Para ellos, despedazar con una suerte de alicate con cucharas a un bebé humano estaba muy bien. Y eso, mis estimados examigos, es una monstruosidad, un crimen abominable.

Lo que se ha aprobado en Colombia, y que tanto celebran, es que a partir de ahora, un bebé de hasta SEIS meses podrá ser triturado dentro del vientre de su madre con unos instrumentos y luego arrojado al basurero de un consultorio médico, como si fuera un pedazo de gasa y sin ningún problema.

Es más, afuera del consultorio probablemente habrá un grupo de amigas con pañuelo verde en el cuello aplaudiendo, riendo y bailando performances.

El gran ‘avance’ (sí, avance le llaman ahora) es que ahora se podrá TRITURAR a un bebé a libre albedrío, sin que medie siquiera una causal como una violación probada o por estar en riesgo la vida de la gestante, sino simplemente cuando ella lo decida y hasta los SEIS MESES de gestación. Así porque sí, porque metió la pata y ya, ¡24 SEMANAS! Así como lo leen, ¡SEIS MESES!

El argumento absurdo e indignante es: ‘si igual lo van a hacer clandestinamente con riesgo de muerte por infección, mejor que sea asistido clínicamente’. Vaya argumento. Con esa lógica, que se legalice también el homicidio común, total, los delincuentes igual van a seguir matando y mejor que sea legal. Usted entrega sus bienes obedientemente y nadie muere ni sale herido, ¿estará bien así?

Pobre país Colombia.

En el Perú no lo vamos a permitir. La progresía inmunda no triunfará en este país.

Mauricio Rozas Valz.
Estudió Administración de empresas en la Universidad Católica Santa María de Arequipa. Escritor con dos títulos publicados de relatos y de poesía. Activista internacional contra el maltrato animal y miembro del colectivo «Arequipeños por Arequipa

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