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Del storytelling a los cuentos políticos

En realidad, cualquier persona está acostumbrada a contar y escuchar historias desde siempre, incluso en el propio vientre materno cuando nuestra madre se preguntaba qué seríamos o qué nombre nos pondría.

Ciertamente, hay quienes tienen más recursos para contar una historia y hacerla impactante, ilustrativa y hasta creíble. Y eso se los brinda la práctica.

Cuántos de nosotros nos hemos encontrado con “lobos vestido de oveja” tratando de vendernos algo o colocándose como víctima de una complicada situación, quebrando nuestros sentimientos para finalmente darle aquello que nos pide.

Cuántos de nosotros no hemos llegado tarde a casa sobre pasando la hora permitida y hemos inventado el cuento del “amigo enfermo” o de “la llanta baja”.

Cuántas veces faltamos a una reunión y para excusarnos “matamos a un pariente” ya muerto hace mucho tiempo.

Cuántas veces las empresas proyectan una imagen maravillosa de su quehacer a través de sus historias, pero su propia reputación (eso que realmente se percibe en la práctica), la contradice.

Cuántas veces los políticos nos han “vendido la moto” como dicen en España, logrado nuestro apoyo y luego se han olvidado de sus promesas y compromisos.

El storytelling es el arte de contar historias, el mismo que puede aplicarse a muchas si no, a todas las disciplinas para relatar situaciones que aún, siendo cotidianas, con el “aderezo necesario” se vuelven atractivas.

Los comediantes que se expresan a través de los “stand up”, cuentan situaciones de la vida cotidiana y exageran detalles que provocan la risa de los espectadores porque estos últimos, se sienten identificados.

Cuántas veces, ingenuamente, nos reconocemos con personajes, con sus luchas, retos y devaneos para superar sus crisis. El cine, la radio, la televisión y el Internet con todas sus variantes, nos cuentan historias permanentemente. Unas nos divierten, otras nos hacen llorar y otras tantas nos hacen pensar que son o que podrían ser verdad.

Los políticos, a fin de cuentas, nos narran historias que sus electores terminamos por creerlas y convencernos que ellos pueden cambiar o mejorar lo que se describe.

No es entonces extraño, escuchar promesas e historias con el componente dramático necesario para que el futuro elector sienta, quiera y piense que su futuro con ese candidato puede ser mejor.

Los políticos con cargos públicos, también cuentan historias dando las excusas más insólitas para argumentar, bajo el manto de una orquestada narración, la justificación de una decisión que poco o nada tiene que ver con sus propuestas originales y que responde más a sus propios intereses.

Tal vez la diferencia entre tantas historias tenga que ver con la ética, la moral y la honestidad que las envuelva en un mundo real, posible o imaginario.

Hagamos pues un acto de contrición entre tirios y troyanos, justos y pecadores, políticos y periodistas, ciudadanos activos y espectadores, para que en la próxima campaña electoral narremos y escuchemos historias, pero que no nos “metan cuento”.

Santiago Carpio.
DOCTOR EN COMUNICACIONES de la Universidad Autónoma de Barcelona. Consultor – especialista en estrategias de comunicación, habilidades socioemocionales y producción audiovisual. Expositor y promotor del storytelling para la educación y el marketing. Docente PUCP, CENTRUM. Profesor Referente U. Continental. Docente UPN. Director de Proyectos e Innovación Educativa, Escuela Superior Toulouse Lautrec. Ex Presidente del Comité de Ética de la Sociedad Nacional de Radio y Televisión. Ex DIRCOM de la Oficina General de Comunicaciones del MINEDU.

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