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Un meteorito llamado Perú

A veces pienso que si mañana se nos informara que se ha detectado un grupo de meteoritos que se acerca con trayectoria de impacto confirmada, pero a su vez nos dicen que no nos preocupemos tanto porque felizmente existe la tecnología para desviarlos, y en ese contexto, se encargara al Perú, nuestro país, el monitoreo de esa situación de extremo peligro, casi con seguridad algunos de esos asteroides terminarían cayendo en la tierra. Y no sólo terminarían cayendo sobre la tierra, sino que además alguno de ellos hasta podría caer en el Perú. No faltaría quien piense qué piñas somos los peruanos, pero no sería por eso. Sería porque en materia de gobernabilidad idónea y de control de daños, aquí, en nuestra patria, reina la ineptitud, el subdesarrollo y una muy evidente incapacidad de previsión.

Es tan notoria esa incapacidad en los últimos gobiernos, que año a año lo comprobamos en los efectos de los desbordes, los friajes, los huaycos y en varios otros etcéteras. Todos ellos, episodios trágicos y muy penosos.

Parecen ser como historias que quedaron atrapadas en un disco rayado, capturadas por una parálisis de gestión, imposibles de arreglarse, algo así como una penitencia por haber nacido en el Perú. Pero no es así. Se trata simplemente de un apego al subdesarrollo, y una falta de consideración por el bienestar de los demás.

Es como cabalgar sobre una mula de la edad media, esperando que el destino y los obstáculos aparezcan conforme pasa el tiempo, sin control sobre lo que pueda venir, mientras otros ya cabalgan en caballo y en pista de césped, y con la gente ovacionando.

Y no es porque tengamos una geografía complicada. Sino por una inherente condición de aferramiento al fracaso social, al Estado no funcional, a la pobreza, a la resistencia al cambio y la transformación.

Otros países, como Ecuador, tienen problemas de clima parecidos y han sabido resolver mejor esos temas que el Perú. México y Colombia tienen sierra y pueblos en altura y no tienen los problemas de desamparado ante la adversidad de los que adolece la sociedad peruana.

El Perú (por lo menos el republicano) no ha sido capaz de proteger a su población de los desbordes de sus ríos. Nunca ha podido hacerlo. Tampoco ha logrado establecer zonas rígidas en los lugares de riesgo. No ha sabido rehabilitar sus escuelas a medio hacer, proteger a los animales del friaje, distribuir adecuadamente el gas, darle agua a la población que no la tiene. 

Por lo mismo, atraviesa cíclicamente por una serie de eventos que en otro país serían incluso una oportunidad para los negocios y la economía, pero que aquí se convierten en desastres.  Se les dice desastres naturales. Pero como desastres no son naturales. Son provocados por la inercia y la anomia psicológica de nuestros gobernantes. Generan pérdidas, arruinan lo que mucha gente hizo en toda una vida, afectan las inversiones en la agricultura, y corta en seco y de raíz el desarrollo económico. Destruye y genera desolación. Se regresa a cero.

¿Qué pasará cuando el fenómeno del niño se potencie por el cambio climático y llegue con lluvias monstruosas sin precedentes? Nada de eso es tomado en cuenta. Lo mismo pasa con el anunciado mega terremoto que afectará a Lima sí o sí, porque la ciudad tiene más de 200 años de silencio sísmico.

Desde esa perspectiva, el Perú parece ser como un remolino que jala hacia abajo la esperanza, la buena fe y el optimismo. Ahoga la alegría y el bienestar. Succiona lo avanzado. Y todo ello, en gran parte, por la ineptitud, la dejadez, el aprovechamiento, el robo y la corrupción.

Si eso es así, entonces, ¿para qué sirve el Estado que tenemos, cuál es su rol, en qué organiza y protege? 

Nunca hay responsables porque los encargados fueron a los más funcionarios de turno. Duraron poco tiempo. Y nadie les exigió resultados concretos. Antes de eso, los cambiaron.

Tal vez esa lógica deba también cambiar. Dejar un cargo no debería significar una forma de impunidad por lo no realizado.

Habría que revisar los delitos por omisión de funciones y adecuarlos a una realidad más responsable. Abrir incluso una oficina de fiscalización externa, encargada de supervisar mes a mes los proyectos, sus plazos y objetivos, y con capacidad para resolver los problemas de gerencia que puedan estar afectando los procesos de urgencia.

Si un funcionario no cumple con sus funciones de manera responsable, debe ser intervenido e ir a un rápido proceso breve para que se establezcan sus responsabilidades, porque lo que está en juego es el desarrollo y la vida de la gente.

El fenómeno del niño llegaría en agosto. Faltan todavía 5 meses. ¿Cómo se utilizará ese tiempo para asentar la prevención y abordar la crisis que asoma? ¿Será, una vez más, más de los mismo?

De nosotros depende que salgamos en mula o que se activen mejores estrategias para abordar con eficacia lo que sabemos que vendrá.

El meteorito climático está anunciado y está en camino. Esta vez se manifestará en el marco de un fenómeno global. No se trata de sentarnos románticamente en una banca bajo la luna a ver como impacta en las ciudades y en sus poblaciones.

Sigmund Freud habló del Eros y del Tánatos, y de la dificultad que algunas personas tienen para transformar su Tánatos en Eros. Es decir, para transformar su pulsión de muerte en pulsión de vida, en desarrollo, creatividad, capacidad de ser mejores. Y habló de cómo muchas personas tienden a regresar a lo inerte, a lo destructivo, a un pasado repetitivo, porque tienen un chip que los obliga a más de lo mismo y a enormes dificultades para el cambio y la transformación. Algo los jala hacia abajo, hacia el origen, cuando no había vida. Y por eso no pueden transformarse como es debido y crecer.

Pero no habló del subdesarrollo, ese subdesarrollo que hoy impera, por ejemplo, en la administración pública de nuestro país, ni de sus consecuencias en el bienestar y esperanza de vida de la gente. Y eso es lo que lamentablemente caracteriza a la gestión pública peruana, en todos sus niveles. Y cuyas consecuencias, por ejemplo, con los huaycos, estamos viendo como resultados.

Manuel Escorza Hoyle
Abogado y psicoterapeuta

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