El día 18 de agosto del 2023, se cumplen 202 años de la creación del Ejército Republicano del Perú.
Este amplio espacio temporal, en los que el Perú ha sobre seguido entre la paz y el conflicto, deberían no solo mostrarnos héroes nacionales sino la incorporación a nuestra doctrina, de importantes lecciones para ser un país y un ejército, eficientes y eficaces.
La globalización de las amenazas y las relaciones internacionales, han transformado el paradigma habitual de seguridad y defensa. Los conflictos de naturaleza compleja van desde terrorismo, ataques cibernéticos, crisis en los sistemas políticos, criminalidad, narcotráfico, crimen organizado y corrupción. Eso obliga a nivel estatal a reformular las teorías sobre el empleo de las Fuerzas Armadas, y por ende del Ejército.
En su ejecución, se puede establecer un objetivo principal: cumplir la misión constitucional. Este se desglosa en cinco objetivos secundarios: El primero de ellos, esta referido, a la defensa del territorio y de los intereses de la Nación que es una de las tendencias históricas trascendentes del siglo XIX al XX, y continuará siéndolo en lo que va del presente siglo. Al respecto,los riesgos y amenazas existentes, constituyen un problema transfronterizo que el Estado debe atender, a la razón de los intereses nacionales, con medios multisectoriales y medidas de cooperación internacional, sin perder de vista la tarea primordial de defender la soberanía e integridad nacional.
El segundo y muy importante se relaciona con el potencial humano. De abandonar viejos cuarteles y construir centros de entrenamiento modernos. De tener viviendas y sueldos con estándares internacionales. De pasar de un servicio militar voluntario a una política de profesionalización a largo plazo. No solo brindarles una buena educación e instrucción, servicios de salud y habitacional, sino preferentemente, lo relacionado con el Ethos militar, que involucra virtudes y valores.
El tercero, es la necesidad de seguir con el proyecto institucional de transformar y modernizarlo, con la implementación de doctrinas, y adquisición de equipo y sistemas de armas que pasa por potenciar la industria militar. En este ítem, debemos ser realistas. Si no alcanza el presupuesto para satisfacer todas las necesidades, es decir, no se puede modernizar todo a la vez, una de las mejores maneras de lograrlo, es tener una Fuerza Conjunta 2038, que identifique nuestro deseo de tener una opción disuasiva creíble y capaz de hacer frente a cualquier amenaza, mediante un despliegue permanente de capacidades o con motivo de operaciones y ejercicios.
El cuarto, es escoger entre prepararnos para la guerra o en misiones de no guerra. Entre aprender las tácticas de combate o ser agentes principales del “clientelismo”. Al respecto, los analistas norteamericanos, han dicho que, la actual doctrina de insurgencia no es propicia para el soldado. Esta dice que “se espera que los soldados e infantes de marina al igual que sean guerreros, ejecuten tareas de apoyo a la reconstrucción de la Nación”. En diez años, dicen, no han reconstruido una nación afgana, pero el esfuerzo de hacerlo ha desviado y debilitado el espíritu guerrero. El recurso indiscriminado de los militares para
tan numerosas misiones y tan complejas (desarrollo nacional, la seguridad interior, la contribución a la preservación del medio ambiente y frente a los desastres naturales) puede favorecer la desprofesionalización, generar problemas de identidad, desgastar equipos y medios en funciones que no son principales e incluso problemas de carácter legal (Mejías, 2019). Las FFAA, no pueden volverse brigadas contra incendios, médicas y policías, porque se desnaturaliza la función principal (Vegecio, 2020).
El quinto, es aprender de las lecciones que nos brindan los conflictos externos. Por ello, la guerra entre Rusia y Ucrania, no debe ser dejada de lado ni por analistas ni por actuales comandos operacionales. Para empezar, parte de la decisión política, de materializar una real transformación y modernización del Ejército, iniciada hace algunos años. Esta, incluye, la decisión presupuestaria de invertir masivamente en programas de armamento y el reclutamiento de personal calificado. Identificar a los adversarios en al ámbito de seguridad. De intensificar el desarrollo de fuerzas de operaciones especiales, tropas de artillería y misiles, aviación militar, unidad de defensa aérea y fuerza de artillería naval y misiles costeros. En cuanto a estratagemas, el empleo de brigadas es ideal para el combate descentralizado maniobrando en zonas de caza para contrarrestar posibles fuerzas superiores del potencial adversario, reforzando las unidades acorazadas pero combinado en campos inmateriales (información y propaganda) que incidirán en las fuerza morales. Se necesita gran cantidad de armas, alta tecnología y uso de inteligencia artificial. Se necesita dar prioridad a la defensa aérea.
En este nuevo Aniversario Institucional, existen, dos maneras de rendirle homenaje a tan noble y gloriosa institución: una llenándose de palabras y elogios rimbombantes, y otra, trazando una ruta intelectual de cambio para optimizar misiones futuras. Hay también, dos maneras de visionar al Ejército del Perú. Una, como la Legión Peruana de la Guardia, engalanada llena de tradición histórica, oropeles, asiduos desfiles y vistosos uniformes como en 1821, y otra, como Ejercito Terrestre 2038, componente de las FFAA, en condiciones de cumplir su misión
constitucional, como queremos que sea moderno, eficiente y protegiéndonos, de manera real de las amenazas contemporáneas, a la sociedad peruana.
Víctor Velásquez Pérez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.
