En un país donde hay una importante convulsión social contenida, en el que la crisis de gobierno lo hace casi inmanejable y se ha perdido toda la confianza en el poder político y en el Estado, en el que la recesión económica ha vuelto después de décadas, suena contradictorio que la noticia más relevante de los últimos días haya sido la incorporación de Ricardo Gareca como Director Técnico de la Selección Nacional de Chile.
Pero claramente hay una explicación: Gareca es el personaje más querido de los últimos años. Es quien representa la épica campaña que nos clasificó a una Copa Mundial FIFA después de 36 años. El que obtuvo los mejores resultados históricos, como los 15 partidos consecutivos invictos. El que le jugó de igual a igual a Croacia, futura selección subcampeona del mundo, dominándola y ganándole categóricamente. El que logró que Perú estuviese en el puesto 10, sí 10, en el ranking mundial que hace la FIFA.
Es el que llegó y dijo conozco al jugador peruano, tiene talento, tiene las condiciones, vamos a trabajar día a día. Y así, con un estilo calmo, reflexivo, estratégico, con sabiduría, fue armando un equipo, con un estilo, con jugadores comprometidos. Podías ganar, empatar o perder, pero sabías que ésa era la selección de Gareca.
No cabe duda que la mayor alegría en nuestro país en las últimas décadas se dio aquel 15 de noviembre de 2017, yo le llamo el día de la felicidad, Daniel Peredo lo bautizó como el día del hincha peruano, aquella noche en la que un gol originó un temblor en la ciudad.
Como no estar agradecido y reconocido con él. El Tigre además siempre reconoció que, detrás de aquella gesta hubo un grupo de dirigentes, encabezados por Edwin Oviedo, quienes le dieron todo el soporte. Nunca fue mezquino en ‘comerse los jamones’ solo. Agradeció permanentemente a su Comando Técnico integrado por Néstor Bonillo y Sergio Santín y más de 20 profesionales. Y, por supuesto, le dio crédito a sus jugadores, con quienes encontró la dosis perfecta para sacar lo mejor de cada uno y que no vean en él a un ‘padre’ que los consienta, sino a un guía que los exija.
La clasificación a Rusia se consiguió a punta de trabajo. No cayó del cielo, ni fue una casualidad como unos infames ‘haters’ ridículamente pretenden hacer creer.
La renovación para un siguiente periodo era un clamor. Los sentimientos de alegría, orgullo y peruanidad afloraban en cada peruano. Un 95% apoyaba la continuidad, cifras de los estudios de opinión.
Para el siguiente periodo hubo muchos cambios. Para empezar ya no estaba la directiva que lo contrató y le renovó. Asumió la gestión la peor dirigencia de la historia del fútbol peruano, lo cual hemos desarrollado en numerosos artículos.
Eso no fue obstáculo para que Perú llegase después de 44 años a una final de una Copa América, quedando subcampeones frente al local Brasil.
Luego llegó una inesperada pandemia, que trastocó todo el proceso.
A pesar de ello, con todo este escenario adverso, la selección peruana se ubicó en el 5° lugar de sudamérica en las clasificatorias camino al mundial de Qatar 2022. Es decir, dos procesos consecutivos en la quinta posición. Recordemos que en las tres campañas previas a Rusia fuimos octavos, novenos y décimos.
Desde esta tribuna hemos sido muy claros en denunciar las responsabilidades de aquel nefasto partido frente a Australia en Qatar.
En primer lugar el mediocre silencio de aceptar que se jugase el repechaje en una sola fecha, cuando había tiempo más que suficiente para programar partidos de ida y vuelta.
En segundo lugar el no protestar porque se programó aquel partido en Qatar, país en donde el rival había jugado de local su etapa clasificatoria. En buen castellano nuestra dirigencia fue cobarde y complaciente en aceptar jugar un solo partido y de visitantes.
Tercero, viajar dos semanas antes a Barcelona para un partido previo en vez de ir de frente a aclimatarse y adaptarse a un clima de extremo calor que no era conocido por nuestros jugadores. Sobre este particular hay que profundizar en el por qué se aceptó este partido organizado por terceros. ¿Quiénes se beneficiaron?, ¿Quiénes ganaron el mayor dinero?, ¿Quiénes hacen negocio a costa de la selección?. Preguntas claves para entender el despropósito de ese partido.
Cuarto, volar en un avión abarrotado de personas ajenas, más de 140, entre los que estaban familiares, peluqueros, cevicheros y otros invitados. Rompiendo todos los códigos de concentración y despilfarrando el dinero.
Quinto, cuando había que viajar a Qatar, un día antes del partido, el avión con todo el equipo adentro, estuvo 4 horas en la pista de aterrizaje sin poder despegar, lo cual impidió que se llegase a tiempo para reconocer el estadio en el que el rival estaba acostumbrado a jugar.
Me detengo acá para desvirtuar dos mentiras expresadas por dos empleados de la FPF en medios de comunicación. En primer lugar Juan Carlos Oblitas mencionó que esta sobreabundancia de invitados fue similar a la del repechaje frente a Nueva Zelanda 4 años antes. Falso, fue una de sus acostumbradas mentiras que no tiene escrúpulos en soltar, para minimizar esta barbaridad. El charter a Nueva Zelanda no llevó invitados especiales y fue al 30% de su capacidad.
Hace poco también escuché en una entrevista al ex gerente de selecciones muy sonriente decir: ‘pero ese avión nos costó la mitad’, como si fuese un logro haber contratado un charter de tan baja calidad, que finalmente impidió que la selección llegue a tiempo a su destino. Es decir, para él, el objetivo de clasificar no importaba, con tal de ahorrar unos centavitos.
Sexto, continuando con lo extradeportivo, ya en el hotel de Qatar, aquella noche que llegaron tarde, el máximo directivo de la FPF se acercó a un grupo de jugadores y les dijo que no habría premio si clasificaban porque todo el dinero se lo llevaba Gareca y su Comando Técnico. De esto existen testimonios, no es un rumor.
El objetivo era claro. Había que romper al grupo. El plan de traicionar a Gareca por parte de los directivos se estaba ejecutando. ¿Por qué Gareca le era incómodo a esta directiva? ¿Por qué necesitaban deshacerse de él?
No pretendo minimizar el mal partido frente a Australia, pero fueron muchos factores externos previos que jugaron en contra y condicionaron a todos.
En las semanas siguientes fue escandalosa la manera como la directiva , con nombre propio, Agustín Lozano y Juan Carlos Oblitas se encargaron de, mentira tras mentira, cumplir su objetivo de deshacerse de Ricardo Gareca.
‘No hay Plan B’ decían. Mentira, la llegada de Reinoso ya estaba conversada con mucha anticipación.
‘Me quedo para negociar con Gareca’ decía el director deportivo, pero nunca participó de la negociación, es más ni siquiera viajó a Buenos Aires para el momento decisivo. Armaron este show mediático para no echarse a la opinión pública encima. Para esto Oblitas es un experto moviendo a su corte periodística.
Pero al Director Técnico le decían lo mismo, tanto así que él mismo convenció a su familia de mudarse a vivir a Perú, creyó en la buena fe y palabra de estas personas.
El ‘revendedor’ Lozano, sancionado por CONMEBOL, por esta grave falta ética, se encargó de soltar, a través de sus esbirros, las cifras del contrato de Gareca horas antes de la conversación final, y así terminó de ensuciar la negociación.
Hoy a través de otros oscuros personajes también pretenden manchar la honra de Gareca diciendo que él era el que no quería renovar, que pidió mucho más dinero y ahora dicen que ha aceptado la propuesta de Chile por menos dinero que lo que la FPF le ofrecía. Es una falsedad.
Esta fue una confabulación flagrante. La traición se había consumado. Gareca estaba fuera.
‘Si no renuevas me voy contigo’ fue otra de las mentiras de Oblitas.
‘He renunciado a la FPF’ dijo también un día antes de su conferencia de prensa de despedida, en la que volvió a cambiar su discurso. ‘Nunca hay que decir, nunca’ claro ya sabía que se quedaría en la federación.
‘La ética y la moral son subjetivas’ le sentenció a un periodista que le cuestionó su continuidad de trabajar bajo las órdenes de un sancionado ‘revendedor’.
Hoy, algunos quieren tildar a Ricardo Gareca de traición por arribar para dirigir a la ‘roja’.
En estas líneas queda demostrado que la traición se la hicieron a él, que le pagaron muy mal todo el bien que había hecho por el Perú. Quisieron hacer creer que sus pretensiones eran elevadas, sin considerar todo el valor real e intangible que se había generado. Que su presencia y los logros obtenidos habían multiplicado los ingresos.
Gareca no ha traicionado al Perú, Lozano y Oblitas son los verdaderos traidores.
Escuché, hace unos días, a un periodista, que conoció de cerca la interna, que viajó a todos lados con la selección, que sabe al detalle cada una de las líneas que he escrito arriba, decir que ‘descolgaba el poster de Gareca’ por estar ahora dirigiendo a Chile, ‘que me oigan sus viudas’, terminaba, banalizando a quienes valoramos y no nos olvidamos de todo lo logrado.
Yo quiero que Perú siempre gane, a pesar de los dirigentes nefastos y de las circunstancias adversas. Quería que Perú clasifique a Qatar, aunque Lozano y sus compinches no se lo merecían. Hoy deseo de corazón que nuestra selección clasifique a la Copa del Mundo 2026 y por supuesto quiero ganarle a Chile cuando nos toque jugar y ojalá por goleada.
Estoy con pena. Es una suerte de luto la llegada de Ricardo a Chile (aunque confieso de corazón que me alegra por él). Eso no me convierte en ‘viuda’ sino en un gran admirador, con mucha gratitud y reconocimiento.
¡Arriba Perú!
Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de cuatro décadas me desempeño como gestor en el campo de las comunicaciones, marketing y responsabilidad social, tanto en empresas del mundo corporativo, instituciones con fines sociales, medios de comunicación, radios, televisión, digitales, así como en la producción de contenidos audiovisuales, publicidad, documentales, videos institucionales y diversos programas. He sido productor ejecutivo de material producido en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como promotor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.
