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Nuestra relación con Chile

Hace más de cien años Víctor Andrés Belaunde publicó el libro titulado “Nuestra cuestión con Chile” que constituyó en su momento el mejor alegato del Perú respecto de los temas todavía no resueltos de Arica, Tacna y Tarata, que el gobierno chileno dilataba indefinidamente. La semana pasada hemos conmemorado los diez años de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia que resolvió nuestro diferendo marítimo con Chile, que significó una victoria parcial para nuestro país. Y recalco la palabra parcial porque la sentencia también tuvo un aspecto favorable para Chile, al establecer como frontera marítima la línea del paralelo que cruza el Hito No. 1 hasta llegar a las 80 millas marinas desde la costa. De ahí la Corte trazó una línea equidistante entre las pretensiones de ambos países, que en efecto   otorgó al Perú una extensión de mar soberano del orden de los 50,000km2.

¿Por qué nuestra relación con Chile puede ser calificada como complejas en la mejor de las situaciones y hasta de trágicas para el Perú en el peor de los casos? No es una pregunta fácil de responder. Perú y Chile han estado ligados desde el Imperio de los Incas y así estuvimos bajo el dominio hispánico a partir de 1540. En el siglo XVIII la monarquía española creó al sur del continente americano la Capitanía General de Chile, desde el desierto de Atacama al mar, la cordillera de los Andes en el este hasta el estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego en el extremo meridional.

Ese territorio fue liberado del dominio español por el ejército libertador de San Martín, que luego se proyectó hacia el Perú con la expedición marítima que arribó a nuestras costas en septiembre de 1820. Nuestra conquista y nuestra liberación tienen un evidente paralelismo, aunque en direcciones contrarias, de norte a sur la conquista y de sur a norte la libertad. Ahora bien, cuando nacimos a la vida independiente Perú y Chile ni siquiera tuvimos una frontera común. Estábamos separados por Bolivia que hasta 1879 fue titular de la provincia marítima de Antofagasta. La Guerra del Pacífico lo cambio todo, Bolivia perdió su salida al mar y Chile conforme al Tratado de Ancón, adquirió Tarapacá  y ocupó temporalmente las provincias de Tacna y Arica (con el agregado de Tarata) sujeto a un referéndum que nunca llegó a realizarse. En 1929 el diferendo fue resuelto de una manera pragmática mediante el Tratado de Lima, Arica para Chile y Tacna para el Perú (Tarata había sido recuperada un poco antes).

Sin embargo quedaron algunos temas pendientes y además una cláusula excluyente para Bolivia, consistente que ni Chile ni el Perú pueden ceder a un tercer país los territorios de Tacna y Arica sin la autorización de la contraparte. Las cuestiones pendientes fueron la construcción de un muelle de calado para el Perú en Arica, una servidumbre de canal de riego y además una servidumbre ferroviaria a favor del Perú desde Tacna al puerto de Arica. Adicionalmente Chile reconoció al Perú el más amplio derecho de libre tránsito para el paso de personas, armamentos y mercaderías desde Tacna hasta el muelle de Arica. Estas antiguas cuestiones recién fueron resueltas entre el Perú y Chile mediante un Acta de Ejecución del año 1999.  No obstante, quedó pendiente la delimitación de nuestra frontera marítima que solo se resolvió con la sentencia de la Corte Internacional de Justicia dictada en el año 2014 tal como se ha dicho anteriormente. Puede apreciarse de todo lo descrito que Perú y Chile hemos tenido un largo recorrido de paz y de guerra, en determinados momentos con la activa participación de Bolivia, aliado nuestro en la Guerra del Pacífico, pero que desde entonces ha seguido su propio derrotero  ajeno a nuestra relación bilateral.

Entonces desde esa perspectiva, ¿cuáles son los factores primordiales que en estos momentos afectan nuestra relación bilateral con Chile?  En mi opinión son esencialmente tres: 1) la población peruana en Chile que alcanza alrededor de 150,00 personas cuyos derechos fundamentales deben ser cautelados por nuestra cancillería, embajada y consulados, en el caso surgieran abusos flagrantes que hasta ahora no se han presentado,  lo cual igualmente cabe decir de Chile respecto de su población en el Perú, así fuere bastante menor; 2) las inversiones chilenas en el Perú en diversos ámbitos de la economía que han variado mucho en el curso del tiempo, pero que han estado concentradas en sectores de la banca,  la electricidad, la agricultura,  el comercio y también en la minería; sobre este aspecto asimismo cabe puntualizar que en las últimas décadas también han habido diversas inversiones peruanas en Chile, si bien de un monto menor; 3) nuestra relación fronteriza en Tacna y Arica que origina un gran dinamismo comercial y turístico de ambos lados, que bien conducidas por las autoridades del Perú y Chile significan un factor positivo de amistad entre nuestros respectivos pueblos por el intercambio humano de vivencias y de tradiciones culturales.

A todo lo dicho debemos agregar un factor de seguridad internacional. Perú y Chile tienen una frontera demarcada en tierra y delimitada en el mar, que en estos momentos nadie discute y que más bien se valora como un aspecto positivo en el continente. Pero hay una nube en el horizonte, no solo por los problemas económicos y financieros que afectan a los pueblos de América Latina en general, sino por las absurdas pretensiones del ex presidente boliviano Evo Morales Ayma, que desea crear conflictos en Puno para su eventual secesión a Bolivia con el agregado de Tacna y Moquegua. Por absurda que sea esta ridícula pretensión de alterar el mapa de Sudamérica y de conspirar contra nuestra   integridad territorial, Perú y Chile deben desplegar sus máximos esfuerzos para que la paz en el continente prevalezca sobre cualquier otra amenaza sea cual fuere su origen. Eso sellará nuestra amistad en el futuro.

Martín Belaunde Moreyra. Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.

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