Estamos en plena guerra entre el sistema democrático y el socialismo. Entre el modelo de civilización occidental in tempore y el modelo de comunismo versión socialismo del Siglo XXI. En el caso peruano entre la centro derecha bruta, achorada e inmóvil y una izquierda más bruta, populachera pero dinámica. Ellos son los actores, nosotros somos los espectadores. La película se titula: “propaganda de guerra”.
Según varios analistas, “en casi todas las épocas, la técnicas disponibles de propaganda siempre han tendido a hacer más fácil el promover la idea de guerra a que la de la paz (Thomson, 1999, 11), en la que se trata de “intimidar al enemigo, exagerar la propia fuerza, sembrar discordias, difundir informaciones falsas, mantener la moral de las propias tropas, etc.”…“la propaganda de guerra que es un concepto más amplio que el de guerra psicológica, no se dirige solamente hacia el exterior sino también al interior”. (Pizarroso, 2002, 11-28). Así vemos que la doctrina estadounidense lo define como: “el uso planificado de propaganda y otras acciones psicológicas con el propósito primario de influir en las opiniones, emociones, actitudes y conducta de grupos extranjeros hostiles, de forma que se apoye la realización de objetivos nacionales (Walker, 1982,260).
Deducimos de ello, que el dominio que desean ejercer los propagandistas sobre el enemigo no siempre se lleva a cabo mediante la violencia física, sino preferentemente mediante el control del pensamiento. No físico sino psicológico. Que pasan y repasan los gobiernos y no se define que objetivos nacionales tenemos que lograr alcanzar.
Dicho esto, podemos comprender más claramente, por qué la propaganda de guerra busca ubicarse en un contexto político de conflicto extremo. El por qué busca radicalizarse y llevar este esquema a un escenario donde primen el uso de la violencia psicológica, la destrucción de la moral del enemigo, las políticas de unidad nacional, la mentira y la desinformación.
Leo y escucho con suma atención, los titulares de los diarios, y programas de radio y de la televisión, así como las películas que en diversos cinemas se proyectan y debo decir que, en la propaganda de guerra actual, los radicales están en ventaja. En efecto, los medios de comunicación actual, no informan ni educan y menos entretienen, lo que hacen es mantenernos en zozobra. Es decir, la ofensiva cultural de los del socialismo del siglo XXI y sus aliados están controlando el flujo de información, modelando la opinión publica y por ende, manipulando el comportamiento de buena parte de la sociedad a su antojo.
Y en este devaneo republicano, los enemigos –hay que llamarlos así a los que están en contra de la patria – hacen uso de los principios de la propaganda de guerra elaborados por Anne Morelli, en nuestras propias narices. Esto es, la simplificación de la información (el enemigo es el fujimorismo); la exageración y desfiguración de los contenidos (soldados, criminales de guerra; subversivos, defensores de la justicia social); la apelación a la emoción (estado fallido o débil contra el socialismo del siglo XXI pro chavista o cubano o senderista); tratamiento desequilibrado de las fuentes (oficialismo proteccionista de corrupción que incluye a los caviares versus el periodismo corrupto y mermelero): modelos de conducta (liberación de terrucos versus persecución, judicialización y cárcel para soldados, vía pacífica contra insurreccional, extinguir movilización en la calles contra tanto atropello democrático), entre otros.
Ensayemos una solución. 1. Un gobierno con un compromiso a largo plazo para lograr y mantener un país unido política y económicamente estable y viable, que priorice tareas de salud, educación y seguridad; 2. Unas Fuerzas Armadas, que operando dentro de la ley, acabe con los disidentes subversivos, bandas criminales, migrantes delincuentes e ilegales y asuma el control de zonas claves, incluidas las fronteras y polos de desarrollo que sustentan el desarrollo nacional y, 3. Una empresa privada que mediante un proceso de industrialización competente en minería, agro exportación y turismo, se conviertan en artífices del bienestar común.
Al paciente democrático peruano, que está en Cuidados Intensivos, que tiene la flema del inglés y la inercia del haitiano, le digo que, si no acomete y defiende su propia vida en libertad y en democracia, hoy; le queda poco tiempo de vida, mañana. Recurrir a la receta polpotiana o leninista o humalista, no nos salvara de la esclavitud mental ni de la muerte física.
Víctor Velásquez Pérez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.
