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Caos en el público transporte colectivo de pasajeros

El colectivo transporte público citadino (urbano y/o inter urbano) de pasajeros es un servicio público para el desplazamiento de las personas de un lugar a otro en vehículos y rutas establecidas pagando cada persona una tarifa dependiendo de su recorrido. “Las líneas” de recorridos son concesiones que otorgan las autoridades (gubernamentales y/o municipales) a personas naturales y/o jurídicas que ofertan el servicio de transporte público mediante autobuses. El transporte colectivo de pasajeros está sujeto a normas y reglas establecidas por la autoridad competente; entre ellas está que el empresario – sea persona natural o jurídica debidamente constituida – debe garantizar que posee una cantidad de ómnibus con capacidades necesarias y debida y permanentemente habilitados. También en las normas se señala el recorrido que debe cubrir en cada “ruta” señalándose el lugar de inicio y su final, el tiempo en que se debe efectuar cada recorrido, los lugares (sitios) de sus paraderos (para la subida y/o bajada de pasajeros) y las horas en que debe llegarse a cada paradero. El valor de los pasajes, según la tarifa, está condicionada al recorrido y debe contar con la autorización previa de la autoridad y/o entidad competente. Existen reglamentos que rigen este transporte y tanto los concesionarios como su personal transportista (choferes, conductores, “inspectores” y/o controladores) debe cumplirlas al igual que deben respetar las normas de tránsito. Están obligados a efectuar el transporte dando seguridad a los pasajeros.

Centrándonos en Lima. Ya hace un buen tiempo se establecieron líneas formales con recorridos públicamente establecidos, con lugares de partida y llegada (racionalmente equipadas) cuyos vehículos – de significativa capacidad y seguridad – hacen sus recorridos en tiempos fijos y arriban a cada paradero en la ruta en horas prefijadas, así como al concluir su recorrido. Nadie tiene duda de la tarifa para cada viaje porque, además, el pasajero no “paga” su pasaje “con dinero” al chofer y/o conductor de vehículos, porque cada persona debe poseer una tarjeta que es expendida en lugares garantizados y se puede pagar por anticipado uno o muchos viajes; así de esta manera no se requiere “dinero” sino basta con la tarjeta que tiene duraciones indefinidas y que se puede “cargar” indefinidamente. Hay seguridad.

Es interesante señalar que virtualmente en casi todas las ciudades de otros países, el transporte público de pasajeros se realiza solamente con vehículos de gran capacidad y todas las rutas que hay en las ciudades son establecidas e inamovibles. Todo pasajero debe usar tarjetas que le sirven para varias líneas. Para entrar al ómnibus debe marcar su tarjeta (no entrega dinero). Los conductores cumplen los horarios de transporte para cada estación.

La seguridad e integridad del pasajero está garantizada. Las tarifas son racionales.

Frecuentemente se informa periodísticamente del desorden, inseguridad y deficiencias de los prestadores citadinos de transporte colectivo de pasajeros, hechos que generan caos. Los choferes no respetan los horarios, recogen pasajeros en cualquier lugar (basta que les levanten la mano), se estacionan en las esquinas sin respetar que los semáforos están “en verde”, cobran lo que “ellos consideran”. Los vehículos en su mayoría son vetustos y de poca capacidad; es frecuente que “se pelean” entre choferes para “recoger” pasajeros. No respetan las normas de tránsito y una cantidad significativa de esos viejos ómnibus y sus choferes han acumulado miles de soles en multas. Hay mucho más que decir de sus problemas a la población.

Si estamos en un país organizado y con normas que rigen toda activad, las autoridades deben establecer nuevas disposiciones legales para mejorar este servicio púbico. ¡Ya es hora que lo hagan! Empezar por señalar rutas para vincular lugares distantes en la ciudad; que los empresarios transportistas sean personas legalmente establecidas y demostrar que tienen el número suficiente de ómnibus con capacidad por lo menos para 100 pasajeros; que en reserva tienen una cantidad de ómnibus; que sus servidores conductores (choferes) sean permanentemente capacitados. Establecer horarios rígidos para toda la ruta y horas para llegar a cada paradero. Es imprescindible que todas las empresas transportistas “cobren” los pasajes mediante tarjetas que se expendan en lugares garantizados. El sistema electrónico permitirá que diariamente cada empresa reciba lo suyo del pago mediante tarjetas.

¡Es hora de cambiar!

José Roberto Rendón Vásquez Más de 40 años desempeñándose como profesor de derecho laboral de la Universidad de San Marcos, fue segundo vicepresidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad de San Marco de 1995 al 2000. Tiene el grado de doctor en derecho por la Universidad de San Marcos, además se ha desempeñado como vocal en la Corte Superior de Lima y fue asesor del directorio de Shougan Hierro-Perú, además ha seguido cursos de especialización en la Universidad Carolina de Praga (República Checa).

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