El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a la palabra colaboracionista “en sentido despectivo, como el que presta su colaboración a un régimen político que la mayoría de los ciudadanos considera antipatriótico”. Esta definición se origina en mayo/junio de 1940 luego que Francia fuera derrotada por Alemania en la etapa inicial de la Segunda Guerra Mundial y tuvo que rendirse ante el ejército invasor, para cuyo efecto se estableció en la mitad de su territorio el llamado “régimen de Vichy” al mando del héroe de la Primera Guerra Mundial, Mariscal Philippe Petain, vencedor de la batalla de Verdun. Frente a dicho héroe, entonces aclamado por la nación francesa, insurgió un desconocido general de brigada provisional llamado Charles De Gaulle, que se negó a reconocer la derrota y con la ayuda de Winston Churchill continuó la resistencia en Inglaterra y luego en los dominios franceses del continente africano.
En ese momento el régimen de Vichy condenó a muerte a De Gaulle pero no pudo ejecutar la pena porque él se encontraba fuera de Francia. Cinco años después Alemania perdió la guerra y Charles de Gaulle con el apoyo del ejército aliado emergió como el libertador de Francia . A raíz de todo ello, Petain fue juzgado y condenado a muerte. En esa ocasión De Gaulle en su calidad de Presidente de la República, le conmutó la pena y le permitió vivir en una pequeña isla frente a las costas francesas hasta su muerte en 1951. ¿Generosidad versus crueldad?, quizás, pero Petain no era un hombre cruel, fue más bien un anciano pesimista que vio todo perdido, mientras que De Gaulle percibió lo que otros no apreciaron en ese momento, el papel de los Estados Unidos en la escena mundial.
Hoy la infame tiranía de Maduro, Cabello & Compañía se ha robado las elecciones en Venezuela y se niega a reconocer al opositor Edmundo Gonzáles Urrutia, quien con el apoyo de María Corina Machado, la heroína del siglo XXI, las ganó limpiamente con un 70% versus un 30%. ¿Quiénes serían los colaboracionistas de ahora? Los gobiernos y las personas que apoyan al régimen de Maduro. Entre los gobiernos tenemos a Cuba, Nicaragua, quizás el México de López Obrador, la Colombia de Petro y tal vez Brasil bajo su Presidente Lula, quien se muestra sorprendido frente a la violación diplomática de la embajada argentina hoy bajo la protección del Brasil. En la televisión incluso ha trascendido que Lula le habría aconsejado al Presidente Biden de los Estados Unidos que no hay apuro en solucionar la crisis política venezolana, porque la trasmisión de mando recién se realizará el 5 de enero del 2025. Curiosos consejo, en el caso de que lo hubiere dado, porque el tiempo corre a favor de Maduro y en contra de la democracia en Venezuela.
A todos estos problemas debemos agregar el asilo de Edmundo Gonzáles Urrutia quien ha viajado a España para huir de la persecución que el esbirro, mal llamado fiscal, Tarek Willism Saab, llevaba contra él a fin de meterlo en la prisión, abusando de su avanzada edad. En estos momentos resulta difícil apreciar si su asilo perjudica a la oposición. Sea lo que fuere, la posibilidad de una solución negociada para que Maduro, Cabello & Compañía reconozcan su derrota se vuelve cada vez más lejana. ¿Entonces cuál sería la solución, la contundente acción de un comando desde el exterior? No lo sabemos, pero el tiempo lo dirá quizás más temprano que tarde.
Martín Belaunde Moreyra.
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.
