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Día del Soldado

Por Decreto Supremo No 1 – MG de 1951, la Nación declara al Coronel Francisco  Bolognesi, como Patrono del  Ejército Peruano e instituye el 4 de noviembre, fecha de su nacimiento, el Día del Soldado.  

Desde esa fecha, dicha magna evocación, se conmemora en todos los cuarteles y dependencias militares, lo que sirve para recordar la heroica determinación de Bolognesi en la Batalla de Arica, de pelear hasta quemar el último cartucho, y para revalidar el esfuerzo histórico generacional de ciudadanos que optan por la carrera militar profesional así como de los que van a los cuarteles a realizar su servicio militar. Todos ellos, mediante este servicio, a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, hacen frente a las amenazas y riegos existentes, constituyéndose en representantes permanentes de la defensa de la sociedad. 

Nos dice de este egregio soldado, el historiador Jorge Basadre: “Había vivido Bolognesi sin mancharse ni con el lodo de las guerras civiles ni con la locura de las riquezas dilapidadas simultáneamente. A pesar de su modestia, de su sencillez, le tocó transfigurarse a los sesenta y tres años. Cuando todo se apagaba, él y sus camaradas obtuvieron allí con su decisión irrevocable que los revestía de una sagrada tristeza y los circundaba de una perenne claridad. En ellos la dignidad humana fue superior a la muerte. Antes de pronunciar sus famosas palabras, la mirada silenciosa y honda del héroe conoció y superó todas las infamias del mundo, vio toda la guerra con la extraña soledad que infunden el honor y la energía del hombre libre y el limpio afán de proceder bien. Un pueblo entero pasó en unos minutos por aquella habitación desmantelada con sus equivocaciones y sus pecados y sus sueños de grandeza y su futuro esplendoroso. Le cayeron los años sobre el rostro al viejo coronel y hablo como después de muerto. Una llama clara e intensa le brillo en los ojos mientras el aire de la mar jugaba con sus cabellos canos. Su palabra centelleo como el acero arrebatado de un golpe a la vaina. Dijo solo una frase breve y ella quedo viva callando luego el estrepito del combate y las dianas de la victoria. Flamea como una bandera al viento de la historia”.

Refiriéndose a su hazaña inmortal en la batalla de Arica, dice Gerardo Vargas Hurtado que: “Bolognesi al contestar a la intimidación hecha por el General Baquedano, para que la plaza se rindiera, dijo estas memorables palabras que han sido ya recogidas para legarlas a la posteridad: “Mi última palabra, mi último cartucho”. Ha sido fiel a su palabra y por eso ha volado a la patria de los inmortales, mientras que el Perú agradecido colma su nombre de bendiciones y se prepara a escribir en su tumba un epitafio que haga su memoria inolvidable”. 

Según Hugo Neira, su trayectoria, “no se reduce a los apasionantes hecho de la biografía liberal y romántica, es hombre de una sola y sentenciosa respuesta al destino, de un solo gesto con el que aboceta para siempre su figura. No persigue la gloria, deja que ella venga”.

Bolognesi, soldado egregio, paradigma  de nuestro accionar militar, con su singular respuesta, venció a la guerra, venció al tiempo, venció a la decidía, al olvido, y al inmolarse, nos dio más que un hecho histórico, una lección honor y de amor a la Patria que obrará siempre como alimento vital para robustecer el alma nacional. 

Víctor Velásquez Pérez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.

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