Algunos amigos míos están haciendo circular en redes sociales un mapa de lo que pudo haber sido en sus últimos días el Virreynato del Perú en en el cual se muestra que nuestra patria partir de la independencia, ha perdido una extensión territorial 735,454 km2 en todas sus fronteras, incluyendo las del Ecuador, donde el Perú ganó las dos terceras partes del área disputada según quedó demostrado por el otrora famoso y hoy olvidado Informe Mc Bride (El Arbitraje Días de Aguiar y el testimonio de Mc Bride”, Editor Responsable Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Julio de 1996)
Este singular mapa está inspirado en una edición auspiciada por el Banco de Crédito del Perú que data de 1981, del cuasi olvidado libro titulado “Historia de los Límites del Perú”, cuyo autor fue el insigne historiador Raúl Porras Barrenechea, con la colaboración post morten, del no menos ilustre diplomático Alberto Wagner de Reyna, fallecido hace décadas. En la página 42 de dicho libro, aparece ese singular mapa con la leyenda “Virreynato del Perú en 1810, en el capítulo que lleva el título de: “Contenido Geográfico del. Perú. Modificaciones de los territorios que formaban parte del Perú en ese año”.
El mapa, por lo tanto, se refiere al Virreynato más no a la República del Perú, que son entidades jurídicas territoriales sucesivas, el primero como reino integrante de la monarquía imperial española y el segundo como país soberano que es parte de la comunidad internacional desde 1821. Tales entidades evidentemente guardan relación entre ellas, pero no son idénticas en su alcance, contenido y dimensiones. El mapa anteriormente referido en su parte amazónica se basa a su vez en el Tratado de San Ildefonso de 1777 que según el libro arriba mencionado “fue el último convenio celebrado entre España y Portugal sobre delimitación de sus respectivas colonias. Era el tratado vigente al proclamarse la independencia de Sudamérica” (página 24).
Ahora bien, ¿por qué se sostiene en forma reiterada e insistente, que el Perú como nación independiente ha perdido considerables territorios? La respuesta muy simple porque como consecuencia de algunos principios tales como el de “utipossidetis de 1810” y el de la “libre determinación de los pueblos” así como resultado de algunas guerras internacionales, la República del Perú históricamente ha perdido algunos territorios muy importantes. ¿La interrogante es cuánto territorio? La respuesta es compleja porque en el proceso histórico también se ganó territorio. Por ejemplo, Guayaquil era parte del Virreynato del Perú pero nunca integró el territorio de la República del Perú. De otro lado, el Perú republicano si ganó la provincia de Jaen que antes formaba parte del Virreynato de Nueva Granada y además se incorporó la mayor parte del territorio disputado con el Ecuador según el citado Informe Mc Bride.
¿Cuál es el resultado neto entonces? Debemos admitir que es negativo pero tampoco en el tamaño indicado. Es obvio que como consecuencia de la Guerra con Chile y el Tratado de Ancón de 1883, el Perú perdió la provincia de Tarapacá muy trica en salitre y otros minerales así como temporalmente las provincias de Arica y Tacna y de paso Tarata, ilegalmente ocupada por el ejército chileno alrededor de 40 años. Esta última fue recuperada en 1925 por un laudo arbitral del Presidente de los Estados Unidos. Arica y Tacna fue dividida entre el Perú y Chile en virtud del Tratado de 1929. Por consiguiente, perdimos Arica en forma definitiva pero recuperamos Tacna. Determinados aspectos de dicho tratado relativos a ciertas servidumbres fueron recién resueltos de mutuo acuerdo entre Perú y Chile a fines del siglo XX. Territorialmente el balance es mejor para Chile pero en las áreas recuperadas por el Perú existen los grandes yacimientos cupríferos hoy en explotación, de Toquepala, Cuajone y Quellaveco. De manera que tan mal no nos fue.
¿Qué pasó con Colombia? El balance territorial también es más favorable para Colombia que para el Perú, pero no en la dimensión señalada. No cabe duda que como consecuencia del Tratado de Salomón – Lozano suscrito entre el Perú y Colombia en 1922, ratificado en 1927 y ejecutado en agosto de 1930, el Perú perdió el Trapecio Amazónico. Un año después el Perú ocupó Leticia y el Trapecio Amazónico, lo cual originó una situación de guerra con Colombia que fue resuelta mediante el Protocolo de Rio de 1934, en virtud del cual el Perú aceptó la validez del desafortunado Tratado de Salomón- Lozano pero se reservó el derecho de iniciar una acción judicial ante la Corte Internacional de Justicia, que nunca se llevó a la práctica. En esencia con Colombia mantenemos la frontera aceptada y trazada en el Protocolo de Rio de 1934.
¿Y que pasó con Bolivia y Brasil? Con Bolivia tenemos un tratado inalterable desde 1909, con el precedente a su vez del laudo arbitral del Presidente argentino Figueroa Alcorta. Con Brasil hemos tenido varios tratados limítrofes. el último de los cuales es el denominado Tratado de Límites Velarde-Rio Branco de 1909, basado en el modus-vivendi de 1904, que respetó los derechos del Perú en el área del Purús, hoy departamento de Ucayali, región que según ciertos informes el Estado peruano no atiende a su población con la diligencia debida.
Luego de esta larga historia, ¿cuál es el mensaje fundamental? Conservar nuestra heredad territorial con todos los medios que estén a nuestro alcance, incluyendo el armamento que fuere necesario para contestar cualquier agresión por impensable que sea. Y cuál es la mayor lección, no lamentarnos de la leche derramada, porque esa actitud no conduce a nada positivo.
Martín Belaunde Moreyra. Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.
