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La salud mental va primero

Miryam Falla Guirao

No es necesario recalcar que el problema de la salud mental en la actualidad se ha convertido en un auténtico dilema.  La población médica en psiquiatría  consta de  1% de los profesionales en salud, y los psicotrópicos se han convertido en elementos de difícil alcance. En nuestro país, los pacientes con trastornos mentales se hallan en una encrucijada.  No existen suficientes centros que traten estos problemas y las clínicas privadas han devenido más en hoteles de lujo que lugares donde verdaderamente se auxilie al paciente.  La lista de enfermedades mentales y trastornos de la personalidad ocupan un sitial preocupante. Los diagnósticos son diversos y no todos ameritan apenas una mirada ambulatoria.  Se hace necesaria la creación de centros de día a los cuales el paciente asista durante una jornada de ocho horas de atención médica, psicológica y laboral para luego retornar a sus domicilios. Este criterio se maneja para cierto tipo de patologías, ya que otras requieren un internamiento prolongado dada su condición crónica. Existen casas de cuidados especiales privadas donde las pacientes reciben atención primaria, pero no integral. Solo hay pocas o casi ninguna  que ofrezca cuidados específicos a enfermos con distintas psicopatologías, incluyendo problemas de consumo de estupefacientes.

Ser paciente psiquiátrico en el Perú constituye  una terrible odisea, tanto para él como para la familia. Contemplamos todos los rangos y sectores económicos, desde el  A hasta el D.  La Seguridad Social y el Estado, a través del SIS, han logrado aliviar en parte el asunto, porque tienen disponibles  espacios para el internamiento y la medicación.  La mayoría ingresa por emergencia. Pero en el ámbito privado, la cuestión es dramática. Las clínicas poseen consultorios psiquiátricos, pero no reciben a pacientes  en caso se haga necesario un ingreso por tiempo prolongado. Si bien es cierto su personal e infraestructura no están diseñados para eso, se convierte es una enorme contradicción que sí atiendan de modo ambulatorio a quienes lo requieran.

Por esta misma razón se exige, para manejar la salud mental en nuestro país, que las clínicas privadas reciban al menos por emergencia temporal a pacientes que requieren atención, hasta  lograr estabilizarlos y redirigirlos al lugar indicado.  Debería existir un médico psiquiatra, en aquellos centros, que intervenga en una urgencia.  Los seguros médicos privados tampoco asumen esta cruda realidad, no solo por lo oneroso de sus costos, sino porque tendrían una gran cantidad de psicohabientes en sus filas de espera.  Hoy, el discurrir de la agitada vida que llevamos, aunada al uso desmesurado de la tecnología, ha contribuido a la disfuncionalidad personal y familiar. Ello implica que muy pocos pasarían hoy el control o filtro de sujetos neurotípicos.

Concluimos que es factible recurrir a los seguros médicos como forma de enfrentar la situación.  Una vez alguien me dijo que las compañías de este rubro no son instituciones de beneficencia y, por lo tanto, no había que esperar mucho de ellos. Es decir,  no se harían cargo de los casos; esto es muy parecido a los oncológicos, que solo aplican cobertura si el paciente presenta tumoración maligna; en caso contrario, no la asumen. 

En suma, el paciente psiquiátrico se encuentra en estado de “semi-abandono”.  El costo de la medicación psicotrópica es elevadísimo; por ello, algunos laboratorios, unidos a cadenas de farmacias, ofrecen programas de soporte. En los hospitales del Estado se ha autorizado la venta externa de estos fármacos con el fin de que las personas  obtengan  la medicación a precios asequibles. Esto ocurre en hospitales de salud mental y en nosocomios que no lo son. Significa una ayuda importante para el tratamiento.

Se torna urgente reflexionar sobre estas dolencias que asolan a buena parte de la población, e ir cambiando el chip que corresponde a estos terrenos. Y no todo se resuelve con fármacos. Las terapias dirigidas por sicólogos clínicos son una necesidad también.  Por eso, es vital prestarles suma atención a los episodios de la mente: muchas veces se convierten en las causas de enfermedades del cuerpo y viceversa.  No pasemos por alto esta problemática, de suma relevancia para el bienestar de los ciudadanos.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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