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El Estado peruano y María Maricón

La obra «María Maricón» ha desatado un intenso debate sobre la libertad de expresión y de culto. Algunos consideran que es una reinterpretación ofensiva de la figura de la Virgen María, lo que ha provocado la reacción de sectores cercanos a la Iglesia, que han pedido su censura. Esta censura refleja la persistente influencia de la Iglesia sobre la percepción pública de lo que es aceptable en el ámbito religioso.

En un Estado laico y democrático como el Perú, las autoridades políticas deben abstenerse de intervenir en disputas sobre la libertad de expresión o el derecho artístico. Cualquier intervención podría abrir la puerta a la censura y restringir las libertades individuales. Los tribunales son la vía adecuada para evaluar si existe una vulneración de derechos, como el honor, la libertad religiosa o la libertad de expresión, garantizando que las decisiones se basen en la legislación vigente y los principios constitucionales.

Es cierto que la Iglesia Católica ha jugado un rol fundamental en la formación de la identidad cultural peruana. Sin embargo, la iconografía religiosa que asociamos hoy con el cristianismo, como la Virgen María, tiene raíces en culturas más antiguas, como la egipcia. La figura de Isis, sosteniendo a un niño, prefigura la imagen de la Virgen con el niño Jesús. Además, títulos como «Reina del Cielo» y «Madre de Dios», que la Iglesia atribuye como propios, también correspondían a Cibeles, diosa madre y reina de los cielos en el panteón romano. Esto pone en duda la autenticidad de ciertas representaciones religiosas defendidas por la Iglesia, ya que muchas de las imágenes veneradas provienen de la necesidad de Roma de fusionar las creencias religiosas de su vasto imperio en una sola fe.

Hoy, las instituciones religiosas suelen sentirse ofendidas por ciertas expresiones artísticas, pero callaron cuando la revista francesa Charlie Hebdo publicaba caricaturas que ofendían al profeta Mahoma. El Estado peruano, como un Estado laico, debe mantenerse neutral ante las religiones y garantizar la libertad de expresión para todas las manifestaciones artísticas, independientemente de su contenido o la controversia que puedan generar. Apoyar la censura de la obra «María Maricón» refleja una regresión hacia un modelo superado de control similar al vivido por los reinos europeos durante la Edad Media, donde los monarcas temían desafiar las estructuras de poder eclesiástico. Este miedo al poder de la Iglesia fue un motor clave de la intolerancia hacia aquellos que cuestionaban la doctrina oficial.

A lo largo de la historia, la Iglesia ha tenido el poder de definir lo que es santo y lo que no lo es. Su control sobre la representación religiosa ha causado conflictos de poder, represión y censura. Hoy, en un mundo plural y democrático, el Estado debe abstenerse de favorecer a las instituciones religiosas y garantizar la libertad de expresión en todas sus formas, incluidas las obras artísticas que desafían las normas tradicionales. La censura de «María Maricón» es un ejemplo claro de cómo el poder de la Iglesia sigue influyendo en la política y cultura contemporáneas, limitando el derecho a cuestionar y reinterpretar figuras religiosas que, como hemos visto, tienen orígenes y representaciones que la Iglesia no puede atribuirse exclusivamente.

Es fundamental que, al reflexionar sobre el papel del arte y la religión en la sociedad moderna, se reconozca que la tolerancia y la pluralidad son valores esenciales. Si bien el derecho de la Iglesia a defender sus figuras religiosas es legítimo, este derecho no puede sobreponerse a la libertad artística ni a la libertad de expresión, que deben ser protegidos en una sociedad democrática y laica. La censura de obras que desafían las representaciones religiosas no solo ataca el arte, sino que también limita la pluralidad de pensamientos y creencias que deben coexistir en una sociedad moderna.

Por último, cada individuo tiene el derecho de vivir su religiosidad de acuerdo con su experiencia personal y su relación única con lo divino. Restringir la expresión de esa relación a través del arte es invadir su privacidad, su identidad y su autonomía. Nadie debería tener el derecho de dictar ni controlar estas expresiones. Los tiempos de la imposición religiosa han quedado atrás, reemplazados por la libertad de pensamiento, la crítica constructiva y el derecho inalienable de cuestionar todo lo que la cultura ha impuesto sobre el ser humano.

Juan Reyes La Rosa.
Administrador de empresas y Contador Público, con maestría de administración en la UNMSM y diplomado internacional de Control de Gestión en la Universidad de Piura en convenio con la Universidad de Chile. En el campo de la investigación ha dedicado sus esfuerzos al estudio de las obras de Leonardo Da Vinci. Es el XIII campeón nacional de ajedrez postal y en su reciente publicación, Reforma del Ajedrez y el Número de Oro, demuestra el origen matemático del ajedrez.

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