Mientras ciertas empresas celebran algoritmos que “superan” a médicos en la detección de enfermedades, yo me pregunto qué significa realmente innovar en salud. ¿Quién define el valor? ¿A quién beneficia? ¿A quién deja fuera?
Una IA que identifica signos de cáncer con precisión puede parecer un avance. Pero si los resultados no se pueden replicar, si el código no es accesible y los datos están bajo licencias cerradas, no estamos ante ciencia abierta sino ante un modelo cerrado de poder. Y en salud, eso es peligroso.
Lo que más me inquieta no es la tecnología en sí, sino la lógica que la sostiene. Cuando un sistema aprende con datos que reflejan desigualdades históricas en el acceso a servicios, termina reproduciendo esas mismas brechas. No se trata solo de sesgos técnicos, sino de los silencios estructurales que cargan esos datos. Lo que no se mide, no se cuida.
Y sin embargo, no estoy en contra de la inteligencia artificial. Al contrario. Creo profundamente en su potencial para expandir nuestras capacidades, para ver lo invisible, para generar nuevas formas de cuidado. Pero eso solo es posible si se diseña desde la ética, desde lo relacional y desde una conciencia profunda de lo humano.
No basta con que la IA funcione. Tiene que funcionar con propósito y con equidad.
Y eso no se logra solo con buenos algoritmos, sino con preguntas incómodas, equipos diversos y una apertura real a desaprender.
Quizás el verdadero desafío no sea crear máquinas que vean, sino aprender a mirar distinto a nosotros.
Francesca Dasso.
Profesional altamente calificada en innovación digital, nuevos medios y cultura de datos. Economista por la Universidad de Brown y Magister en Nuevos Medios por la Universidad de Toronto. Actualmente es consultora independiente y docente. Recibió en 2019 el Premio Nacional de Nuevos Medios por el Ministerio de Cultura del Perú.
