El doctor Cabani decidió hablar. Todo un país necesita saber qué ocurrió realmente cuando la presidenta Boluarte se ausentó unos días para operarse en su clínica. Se supone que el secreto médico no se puede romper así de fácil, y muchos galenos, sobre todo los jóvenes, se han quedado confundidos por esta actitud.
Si bien el secreto médico es irrompible, puede dejarse a un lado cuando el Bien Común y la integridad de las personas están de por medio. Así, si un paciente con una enfermedad infecto-contagiosa de gran alcance, pone en peligro de contagio a otros, no debe de extrañar que el o los médicos lancen la voz de alerta para proteger a quiénes están cercanos a contraer la enfermedad, siempre que se haga con el debido respeto y la discreción que amerita el caso.
El secreto médico si bien es una obligación no, es semejante al secreto de confesión que para los católicos no debe violarse bajo motivo alguno. Recordemos aquella tradición de Ricardo Palma en la que nos narra que el Virrey Abascal, quien al estar en peligro de muerte, el prelado que sabía bajo confesión que esto podía ocurrir, quiso alertar al Virrey bajo una fórmula: juntó un puñado de sal, otro de habas y un último de cal, y lo puso frente a los ojos del Virrey para que él lo interprete y huya del lugar. Así se lee el mensaje: SAL HABAS CAL o SAL ABAS CAL. Con esto, el sacerdote invitaba al Virrey a ponerse a buen recaudo de sus inminentes asesinos.
Como vemos, el secreto de confesión no se puede quebrar. El secreto médico, sí. Si bien es una obligación de quienes practican la medicina mantener reserva con respecto a la historia clínica de un paciente, cuando están de por medio el Bien Común y la salvaguarda de los otros, este puede revelarse sin que implique una falta a la ética médica.
¿Por qué no puede revelarse el secreto de confesión? Cuando un fiel se dispone a confesar sus pecados ante el sacerdote, busca el perdón de Dios. El perdón de Dios le es otorgado cuando existe arrepentimiento sincero, pero el pecado no puede salir a la luz porque se establece una relación con Dios en el acto de la confesión misma.
La profesión médica busca el bienestar de las personas en el seno de la sociedad. Cuando existe peligro inminente se puede aislar al paciente sin revelar necesariamente su nombre, reservando esta posibilidad solamente a sus más allegados.
El caso de la presidenta Boluarte es paradigmático. Todo un país necesita saber, no si se practicó una cirugía estética, sino si hizo abandono del cargo los días que estuvo internada en la Clínica Cabani para mejorar su aspecto físico, hecho que no constituye una emergencia médica. El hecho de saber esta verdad es importante para conocer si la mandataria cumplió con sus obligaciones de Estado. Una intervención médica de urgencia implica un permiso por parte del Congreso para ausentarse del cargo los días que requiera el tratamiento.
Se han detectado documentos firmados por ella en el tiempo de su supuesta operación, lo que agrava aún más su situación. ¿Por qué desapareció su historia clínica del Centro Quirúrgico? Por eso, el doctor Cabani decidió hablar y decir que, efectivamente, la presidenta se sometió a varios retoques estéticos en su clínica. Lo hizo porque la Fiscalía se lo pidió y porque estaba de por medio el interés de una nación por saber los pasos que estaba dando su gobernante de espaldas al país.
Por eso no debemos confundir las cosas. Si bien el gremio médico está obligado a guardar las reservas del caso con respecto a la salud de los pacientes, también está obligado a denunciar cualquier acto que atente contra el interés común o la integridad de las personas. Esto debe quedar muy claro para conocer los límites que conlleva el secreto médico. No debe quedar lugar a confusión alguna. Todo va a depender del contexto en el que se revela el mismo, y la importancia que tiene el acto mismo de quitarle el velo a una situación que lo exige.
La anécdota del Virrey Abascal, quien al entender el mensaje del prelado huye inmediatamente, nos ilustra de cómo debe interpretarse el secreto de confesión. Abascal es solo advertido porque el sacerdote, quien era su amigo, no puede revelar lo que oyó en confesión, y, mucho menos, quién lo reveló. Es posible que el confesante no haya sido el asesino, sino simplemente alguien que estaba al tanto de lo que iba a ocurrir. Aún, así, la obligación de silencio se torna inamovible.
El secreto médico se puede quebrar cuando existe peligro e interés por parte de la sociedad con respecto a un evento específico. Más claro, a echarle agua.
Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.
