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Una morada interior

Estas reflexiones tienen que ver con los comentarios vertidos por el Dr. Domingo García Belaunde a propósito de la vacancia de la expresidenta Dina Boluarte por incapacidad moral permanente.  El susodicho aludió que el término mores alude a la conducta, lo cual es falso.  Haremos un recorrido aquí al respecto.  

En un principio êthos significó lugar, morada, espacio físico en el que los animales medran e interactúan.  Con el correr de los siglos, específicamente, con Aristóteles, el concepto de êthos pasó a aludir solo a los hábitos y las costumbres del hombre y se empezó a escribir éthos.  

Es en la era de la Patrística y la Edad Media que éthos se convirtió en moss, mores.  Con el advenimiento del cristianismo, ya esta morada exterior se convirtió en una morada interior, la conciencia frente a Dios por el acto cumplido u omitido.  De mores deriva moral. La moral siempre se da en un ámbito de conciencia en función de los principios y valores internalizados por la persona. Esto acontece desde el concepto de ley moral natural impulsado por San Pablo, hasta la temprana modernidad en que termina de moldearse en el mundo secular.  

La ética será entonces una disciplina normativa y filosófica, cuya función será reflexionar sobre el fenómeno moral.  

La mores no alude directamente a la conducta pero tiene que ver con ella, en el sentido en que el comportamiento humano deriva de los principios deliberados en el fuero interno.  Cuando un funcionario público desconoce sus verdaderas obligaciones para con la sociedad, en este caso, hablamos de la máxima investidura de un ciudadano, a saber, la Presidencia de la República, entonces, podemos decir asertivamente que está actuando con una explícita incapacidad moral, y si esto se da continuamente, la incapacidad moral será permanente.  Es así como debemos entender la causal de vacancia de la expresidenta Boluarte.  Su actuar frívolo y negligente para con las necesidades del pueblo lo pinta así.

El problema no está entonces en la conducta de la expresidenta, sino en los valores que ella alberga en su interior, que la hacen deliberar y consecuentemente comportarse de manera errática.

Como ya dijimos, de mores deriva moral, como un fenómeno inherente a la conciencia humana.  El conocimiento del bien y del mal en relación con un bien común y objetivo.  Las acciones serán moralmente buenas cuando existe correspondencia con la recta razón en concordancia con el bien común de la sociedad, de lo contrario, serán acciones malas.

La incapacidad moral permanente es aquélla en que el individuo pervierte los valores relacionados con el bien común y atiende a los suyos propios.  

Cuando hablamos de moral, mores, debemos atender y dirigirnos siempre al espacio interior de la persona, una morada que está permanentemente en relación con el correcto actuar.  De aquí   se desprenden los conceptos de inmoral y amoral.  El inmoral será aquel individuo que atente contra los códigos morales aceptados por la sociedad, mientras que la amoralidad implica ausencia de moral.  Hay sociedades donde reina la amoralidad, es decir, no existen parámetros claros para distinguir lo bueno de lo malo y, la conducta humana termina imponiéndose como un canal valorativo que la sociedad está obligada a aceptar.

Lo que debe quedar claro es que la mores o morada interior no tiene que ver con la conducta directamente, sino con los valores albergados en el fuero interno y que van a hacer posible la actuación moral.  La conducta, en términos generales, es la respuesta ante un estímulo, y este cuadro también lo vemos en los animales.  Por eso, no es factible hablar de conducta en este caso, sino de los principios y valores que la anteceden.  

Por las formas de comportamiento se denuncian los principios que la dirigen en el espacio interior, y se ve claramente, cuáles son las prioridades de la persona.  Algo muy similar a lo que reza en el evangelio: Por sus frutos los conoceréis

Mores no es conducta sino morada interior, sino no podríamos hablar de moral. La ética, como expresé más arriba, será la reflexión sistemática, normativa y filosófica para crear códigos morales que orienten a la sociedad en el correcto actuar, dirigido a la autorrealización de los individuos que la conforman.  Sería bueno que el Dr. Domingo García Belaunde revise esta terminología, a fin de evaluar de manera más asertiva el código moral y la conducta posterior de la expresidenta.

Por lo pronto, las cartas ya fueron echadas y la brutal delincuencia que enfrenta nuestro país, hicieron ver que no solo para Boluarte no era prioridad, sino que al final fue el talón de Aquiles que la terminó liquidando.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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