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El corazón que late por la democracia: El congreso que el Perú necesita

Los parlamentos son el corazón de la democracia: ahí debería escucharse la voz del pueblo, hacerse las leyes y vigilar al poder. Pero no todos laten igual. En algunos países, el Congreso es un espacio de debate, acuerdos y control; en otros, solo sirve para levantar la mano y aprobar lo que el gobierno ordena. Cada modelo depende de su historia, su cultura y, sobre todo, de las personas que lo integran.

El Perú ha tenido una larga historia parlamentaria. Desde la independencia, pasamos por varios Congresos, Constituyentes y Senados. Durante más de un siglo fuimos bicamerales, con un Senado y una Cámara de Diputados, hasta que en 1992 el autogolpe disolvió el Congreso y, con la Constitución de 1993, quedamos con un solo parlamento unicameral. Se pensó que sería más rápido y eficiente, pero el tiempo demostró que la rapidez no siempre trae calidad. Hoy sufrimos los efectos de un Congreso fragmentado, sin partidos sólidos y con poca confianza ciudadana.

La realidad es dura: más de la mitad de los actuales congresistas están o estuvieron investigados por corrupción u otros delitos. La mayoría de los peruanos no confía en su Parlamento, y no sin razón. Hay leyes mal hechas, peleas políticas, y muy poca conexión con las verdaderas necesidades de la gente. Pero la democracia no se arregla destruyendo instituciones, sino mejorándolas.

Por eso, el Perú decidió volver al bicameralismo desde las elecciones de 2026. Ahora habrá dos cámaras: Diputados (130 miembros) y Senadores (60 miembros). La idea es que una proponga y la otra revise, para que las leyes sean más sólidas y representen mejor a todos. Será una oportunidad para elevar el nivel del debate político y evitar los errores que se cometen cuando todo se aprueba sin suficiente análisis. Sin embargo, este cambio solo funcionará si elegimos bien a quienes ocuparán esos escaños.

Un nuevo Congreso necesita gente distinta: representantes con manos limpias, preparación técnica, visión de país y compromiso real con el servicio público. No basta con ser conocido o gritar fuerte en televisión; se necesita entender la responsabilidad que implica escribir leyes y fiscalizar el poder. También hace falta respeto entre las bancadas y una mirada descentralizada que incluya a las regiones, no solo a Lima.

La bicameralidad no es una varita mágica. Es una herramienta. Y como toda herramienta, puede construir o destruir, según quién la use. Si elegimos personas íntegras y capaces, el nuevo Congreso puede convertirse en un espacio de diálogo y soluciones. Pero si seguimos votando por improvisados o corruptos, solo repetiremos los mismos errores.

El Congreso que el Perú necesita no es el más grande ni el más pequeño, sino el más honesto y preparado. La democracia se defiende con instituciones sólidas y representantes dignos. El reto del 2026 no es solo elegir más congresistas, sino mejores congresistas. Solo así volverá a latir fuerte el corazón de nuestra democracia.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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