Cuando decimos que estamos desmoralizados, damos a entender un estado de ánimo bajo que nos impide hacer las cosas como nos agradaría. La moral está indefectiblemente asociada al estado de ánimo y es este último el que nos impulsa a actuar.
Si expresamos que tenemos la moral al tope, significa que tenemos la suficiente fuerza para llevar a cabo un proyecto. La moral o los principios morales son un conjunto de valores albergados en la conciencia humana. Cualquier evento externo puede ocasionar que estos valores se vean opacados y que el estado de ánimo de la persona se vea quebrado. Entonces, decimos que estamos desmoralizados, porque este conjunto de principios no ejerce la suficiente fuerza para impulsarnos a actuar.
La moral nos lleva a la consecución del bien, entonces, empleamos todas nuestras capacidades en la realización del mismo o de cualquier proyecto particular que tenemos en mente. Sin embargo, la caída del ánimo frente a hechos que parecen u obstaculizan la consecución de este bien hacen que la moral caiga. Esto no significa que los principios ya no funcionen, sino que disminuyen su fuerza y propician que veamos la niebla donde todavía está el sol. La desmoralización ocurre desde la esfera psicológica, porque es ahí donde nuestro ánimo se va a ver afectado.
A pesar de esto, tenemos que pensar que estos episodios pueden durar solo un momento o quizá toda una vida si no hacemos lo posible por hacerlos desaparecer. Cuando esto ocurre, la persona cambia su visión de las cosas y del mundo y ya no actúa pujantemente, lo que podría traer resultados adversos para ella, su entorno y el resto de lo que le falta recorrer.
Cualquier hecho, palabra, evento, etc. nos puede tumbar la moral y propiciar que su fuerza decaiga. Es ahí cuando ocurre que la fuerza de la moral se vea empañada. Recordemos que la persona es un ser que habita también una morada interior, y cuando esta morada se ve invadida no podemos dejar de propiciar que un problema moral se convierta en un problema psicológico.
No me tumbes, no me traigas abajo, no me desmoralices, son generalmente las frases que solemos usar para designar que nos estamos hundiendo, pero lo que pasa en realidad, es que junto a ello, el mundo de alguna manera, total o parcialmente, se nos desmorona.
¿Cómo evitar desmoralizarnos? No es fácil. La vida está llena de acontecimientos que pueden desencadenar una caída en el ánimo y la predisposición de las personas. Lo importante es ir viendo cómo podemos ir saliendo del pozo, siempre con la ayuda de quienes suelen estar a nuestro alrededor. La desmoralización es valga la redundancia, un problema moral que ocurre desde la esfera psicológica del ser humano. Algunos llegan a padecer una depresión sub-clínica que merece atención. No estamos necesariamente deprimidos, pero sí demoralizados. La desmoralización, en su grado máximo, puede confundirse con una depresión que nos conduce a buscar ayuda profesional, pero el buen experto se dará cuenta que se trata de un tema anímico que no necesariamente precisa medicación.
Se trata de buscar los canales que nos conduzcan a buscar el levantamiento del ánimo y con ello el de la moral, para así enfrentar el mundo con sus avatares. Quien tiene la moral alta, tiene el estado de ánimo suficiente para conseguir la realización de sus proyectos o vencer algún problema que se nos presente en el día a día. Por eso, es importante poder distinguir estos aspectos para saber qué es lo que realmente nos está ocurriendo. Cuando le pedimos a alguien que no nos desmoralice, le estamos casi alzando la voz para que no propicie que nuestro ánimo decaiga y con ello, los valores morales. Existen tiempos en los que tenemos que luchar demoralizados para transitar el camino de la vida.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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