Lo que se ha filtrado no es cualquier papelito: es el plan de paz de 28 puntos que EE.UU. y Rusia han preparado para cerrar la guerra en Ucrania. Y no viene envuelto en cintita roja: es un “así es, te gusta o no”. Aunque la balacera queda lejos de Sudamérica, lo que ahí se firme puede pegarnos directo en el bolsillo acá en el Perú.
Para decirlo fácil: el borrador acepta que Crimea, Donetsk y Lugansk queden en manos rusas “de hecho”, como quien dice “ya fue, así quedó”. A Ucrania le dan su independencia asegurada, pero a cambio tiene que poner por escrito que nunca entrará a la OTAN. Además, debe achicar su ejército a 600 mil soldados. Un trago amargo para cualquiera.
Y mientras todo eso se discute, el oro (el metal al que todos corren cuando hay miedo) está por las nubes: unos US$ 4,079 la onza. Cuando el oro se dispara así, es señal de que el mundo está temblando. Los inversionistas se asustan y corren a guardar su plata en lo más seguro.
¿Y qué significa eso para el Perú? Aquí viene lo bueno y lo malo.
Por el lado bueno, somos un país minero, y cuando el oro sube, entran más dólares por exportaciones. El Estado recauda más, las empresas grandes respiran y en varias regiones mineras se mueve la economía. En épocas de crisis mundial, tener un producto estrella caro es como tener un salvavidas listo.
Pero también está el lado oscuro: el precio alto del oro dispara la minería ilegal. Ya pasó y sigue pasando. Cuando el oro sube así, Madre de Dios y varias zonas amazónicas se llenan de dragas, mafias, depredación ambiental y contaminación por mercurio. Es plata rápida, sí, pero deja tierra arrasada y comunidades destruidas. Y controlar eso le cuesta millones al país.
Volviendo al plan de paz: además del tema territorial, el documento propone levantar sanciones a Rusia paso a paso y reinsertarla en la economía global. También se usarían miles de millones en activos congelados para reconstruir Ucrania. Y encima habría un “Consejo de Paz” llevado por EE.UU., que vigilaría que nadie se pase de vivo.
Putin lo ve como una oportunidad; Zelenski, como un dilema mortal. La Unión Europea, mientras tanto, dice que este plan luce más como un favor a Rusia si no se sientan todos en igualdad.
En pocas palabras, esto no es romanticismo diplomático: es realpolitik pura. Se busca apagar el incendio mundial antes de que crezca, aunque eso implique aceptar cosas que hace años hubieran sido impensables.
¿Y el Perú? Si se alivian sanciones a Rusia, podríamos ver fertilizantes más baratos (algo clave para nuestros agricultores) y comercio más fluido para nuestros exportadores. Menos presión en la canasta familiar. Un respiro, sí, pero con un sabor moral complicado.
Este plan de paz es como esa medicina amarga que no quieres tomar, pero si no lo haces, la fiebre sube. El mundo gana calma, Ucrania pierde terreno, y países como el Perú podrían ganar un poco de aire económico… mientras lidiamos con el impacto del oro caro: más ingresos, sí, pero también más peligro de minería ilegal y daño ambiental.
La pregunta queda servida: ¿esta paz vale lo que cuesta?
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.
