Según las estadísticas, el 44 % de los electores peruanos vive en la informalidad. Dada la enorme proporción de informales, quien gane la elección será aquel que logre cautivar a este sector.
La tarea no parece fácil, ya que implica la percepción particular que el candidato tenga de ese elector.
Dicho elector es cambiante. Puede votar por un candidato que en un inicio fue percibido como de centro derecha, como lo fue el “gringo y pituco” Kuczynski, o por un campesino “humilde” y desconocido como Pedro Castillo. Es decir, el peruano vota según su estado de ánimo y no necesariamente racionalmente. Es por ello que es altamente influenciable por las circunstancias y el momento que vive.
Pero las generalizaciones sobre la forma en que este elector piensa, pueden llevar al candidato a confundir por completo al segmento informal del electorado.
Se dice que una de las razones de la paradójica fortaleza de la economía peruana, que a pesar de lo desastroso de su política sigue creciendo, es el manejo profesional y técnico del BCR, favorecido también por el favorable momento de su sector externo, minero y agro exportador. Eso nadie lo duda. Pero otra razón importante es que el 70% de su PEA es informal. El Perú, contra viento y marea, se sostiene y avanza porque ese enorme sector económico popular, lucha por su subsistencia y no se deja llevar fácilmente por ideologías extremas.
Este elector informal, es en parte, la más clara demostración del empuje emprendedor individual. Usa el poco margen de libertad que le concede el actuar en la informalidad, para desentenderse del gobierno de turno y dedicarse a sobrevivir en su día a día.
Le llamamos informal, por cuanto opera fuera de la regulación y protección del Estado, sin contratos formales ni acceso a beneficios laborales como seguridad social, gratificaciones o vacaciones pagadas. Es decir, porque actúa al margen de un sistema legal impuesto por un poder formal, que no ha sido capaz de incorporarlo plenamente. El costo de esa incapacidad es que el informal no contribuye con sus impuestos a la economía del país y, eso es una desgracia que debe repararse. Aunque lo haga marginalmente a través del IGV.
Su libertad es precaria y la usa siguiendo las reglas del mercado de libre competencia, aunque no está libre de abusos y explotación. En buena cuenta, es un pequeño empresario sin la protección del Estado y que a su vez contrata a informales. Incluso convive con un pie en la formalidad y otro en la informalidad.
¿Hacia donde mira ese elector informal? ¿Ese pequeño margen de libertad del que dispone, le permite ser responsable de su destino?
Es probable que, en cada elección, tenga la ilusión momentánea y en función a su estado de ánimo, que un futuro presidente pueda ayudarle a encontrar el destino que busca.
Pero el espectro de la informalidad se ha complicado muchísimo. Hay minería informal y crimen organizado. ¿Sabrá un informal tradicional, aquel que forma parte íntima de la idiosincrasia peruana, diferenciar entre lo que es delito del que no lo es? ¿Entre conservar un orden social espontáneo (del que forma parte) o romperlo permitiendo el caos y la violencia de una extrema izquierda o de una anarquía sin orden ni control? ¿Qué le dice su intuición?
El candidato que aspire a ganar en la próxima contienda electoral, tendrá que saber sintonizar con ese elector e interpretarlo cabalmente. La percepción que tenga de sus aspiraciones puede ser la clave para ganar la elección o perderla.
Peter Sanguineti
Gerente General en Brokergym Peru.
Graduado como Economista en la Universidad Nacional Agraria La Molina.
