La semana pasada, el domingo 30 de noviembre, el país vivió unas primarias internas que, lejos de fortalecer nuestra democracia, terminaron revelando otra vez la fragilidad del sistema de partidos. La fecha había sido anunciada como un momento clave rumbo a las elecciones generales de abril de 2026, pero la realidad fue muy distinta: de los 39 partidos habilitados, solo dos —el Partido Aprista Peruano (APRA) y Renovación Popular (RP)— se atrevieron a realizar primarias con voto real de militantes. Los demás optaron por mecanismos cerrados, donde un puñado decide por todos.
La ONPE desplegó 578 mesas de votación y acondicionó 373 locales en todo el país para recibir a más de 82 mil militantes de ambas agrupaciones. Pero incluso con toda la logística pública funcionando, la participación fue modesta. En el APRA, a pesar de contar con 14 listas en competencia, solo votó alrededor del 37 % del padrón. Renovación Popular tuvo una primaria simbólica, pues solo participó una lista.
Aun así, hubo ganadores claros. Aquí están solo los candidatos presidenciales que salieron elegidos en estas primarias de la semana pasada: Rafael López Aliaga (Renovación Popular) y Enrique Valderrama Peña (Partido Aprista Peruano).
Es decir, apenas dos partidos ofrecieron a su militancia —y al país— un proceso mínimamente democrático para escoger a sus postulantes presidenciales. Los otros 37 partidos, usando el sistema de delegados, elegirán internamente a sus candidatos en reuniones dirigenciales, sin voto directo, sin control de la ONPE en la etapa previa y sin verdadera transparencia.
Lo más preocupante es el mensaje que esto envía a la ciudadanía. Las primarias, creadas justamente para democratizar la selección de candidatos, se han convertido en un procedimiento vacío que no cumple con su propósito original. No hubo renovación visible, no hubo debate interno amplio y, para muchos partidos, ni siquiera hubo competencia real. La política peruana sigue atrapada en estructuras rígidas, cúpulas controladoras y prácticas que evitan la supervisión pública.
Todo esto ocurre en un contexto de profunda desconfianza: el Congreso tiene niveles de desaprobación que bordean el 90 %, y los partidos apenas alcanzan entre 7 % y 9 % de confianza ciudadana. Aun así, la mayoría de agrupaciones decidió evitar mecanismos que permitieran abrir espacios a nuevos liderazgos, rostros frescos o ideas diferentes. Prefirieron mantener el control dentro de grupos pequeños y conservar viejas dinámicas.
Con este escenario, las elecciones 2026 se perfilan como un mar de candidatos (muchos de ellos definidos sin participación interna) y una ciudadanía cada vez más desorientada. La falta de primarias reales no solo debilita la representatividad: alimenta el desencanto, agrava la fragmentación y garantiza que el próximo gobierno nazca con poca legitimidad y grandes dificultades para gobernar.
Las primarias 2025 fueron una oportunidad desperdiciada. Solo dos partidos hicieron el esfuerzo de someterse al voto de sus bases, y eso revela el estado crítico de nuestra democracia interna. Mientras no exista una reforma seria que obligue a todos los partidos a abrirse, transparentarse y competir de verdad, seguiremos atrapados en un ciclo de improvisación, debilidad institucional y liderazgos reciclados. El Perú merece más que candidatos definidos entre cuatro paredes: merece partidos que representen, escuchen y respondan a su gente.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


0 comments on “Primarias en sombra: los candidatos que sobrevivieron a un proceso casi vacío”