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Perú en 2025: Estabilidad económica en un contexto de alta incertidumbre

El año 2025 confirma que el mundo atraviesa una etapa compleja marcada por una verdadera policrisis. A las tensiones geopolíticas entre las grandes potencias se suman conflictos armados prolongados, choques climáticos cada vez más frecuentes y una transformación tecnológica acelerada por la inteligencia artificial. Este entorno ha incrementado la volatilidad financiera y reducido el margen de maniobra de las economías emergentes. Para el Perú, un país abierto al comercio y dependiente de los mercados externos, estos cambios globales tienen efectos directos sobre el crecimiento, la inversión y la confianza.

En este escenario internacional desafiante, la economía peruana ha logrado sostener una relativa estabilidad macroeconómica. La inflación anual cerró el 2025 alrededor de 1,4 %, claramente dentro del rango meta del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). El tipo de cambio se mantuvo con fluctuaciones moderadas y, como principal respaldo frente a choques externos, las Reservas Internacionales Netas alcanzaron aproximadamente 91,700 millones de dólares, según cifras del BCRP, uno de los niveles más altos de la región. Este sólido colchón financiero refuerza la credibilidad del país y permite enfrentar episodios de incertidumbre externa.

El crecimiento económico en 2025 se ubicó en torno al 3,3 %, impulsado principalmente por la minería y una lenta recuperación de la demanda interna. Si bien esta cifra representa una mejora frente a años previos, sigue siendo insuficiente para resolver los problemas estructurales del país. La pobreza continúa afectando a cerca de una cuarta parte de la población y la creación de empleo formal avanza con dificultad, limitando la mejora sostenida del bienestar social.

El frente social es hoy la principal fuente de preocupación. La inseguridad ciudadana y el avance del crimen organizado impactan directamente en la vida cotidiana y en la actividad económica. La extorsión y los delitos violentos afectan de manera especial a las pequeñas y medianas empresas, elevan los costos de operar y desincentivan la inversión privada. A ello se suma una informalidad laboral que supera el 70 % de la población ocupada, reflejo de un Estado con limitada capacidad para integrar a millones de trabajadores al sistema formal.

La estructura productiva del país sigue altamente concentrada. Más del 60 % de las exportaciones proviene del sector minero, favorecido por los altos precios del cobre y el oro, impulsados por la transición energética global y la incertidumbre geopolítica. Estos ingresos sostienen la recaudación fiscal y las reservas internacionales, pero también exponen al país a riesgos como conflictos sociales, bloqueos y el avance de la minería ilegal.

En el plano internacional, China se mantiene como el principal socio comercial del Perú y un actor clave en inversiones estratégicas como el Puerto de Chancay, con más de 3,500 millones de dólares comprometidos. Estados Unidos, la Unión Europea y los países vecinos completan un entorno que exige una política exterior pragmática y equilibrada.

El Perú cierra el 2025 con una macroeconomía ordenada, pero con una gobernabilidad frágil. El desafío hacia el 2026 no es solo preservar la estabilidad, sino transformarla en seguridad, empleo formal y desarrollo sostenible para recuperar la confianza en el futuro.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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