La guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada con la invasión rusa de febrero de 2022, se mantiene como el principal factor de inestabilidad del sistema internacional. A casi cuatro años de su inicio, el conflicto ha dejado de ser un enfrentamiento regional para convertirse en un elemento estructural que condiciona la seguridad global, la economía internacional, la arquitectura de la OTAN y la política de seguridad de Estados Unidos, con efectos indirectos pero concretos en países como el Perú.
Desde una perspectiva cronológica, la guerra evolucionó con rapidez. La ofensiva inicial rusa de 2022 no logró sus objetivos estratégicos y dio paso a una guerra prolongada de desgaste. Entre 2023 y 2024, las líneas de combate se estabilizaron, aunque con ataques constantes y elevados costos humanos y materiales. En 2025, Rusia ha incrementado la presión militar en el este y sur de Ucrania, mientras Kiev mantiene su resistencia gracias al apoyo sostenido de Estados Unidos y sus aliados europeos. A la fecha, no existe un alto el fuego duradero y los esfuerzos diplomáticos continúan sin resultados decisivos.
El impacto humanitario sigue siendo severo. Más de 10 millones de ucranianos permanecen desplazados, entre refugiados externos y desplazados internos, lo que representa cerca de una cuarta parte de la población previa a la guerra. La destrucción de infraestructura crítica (energía, transporte, viviendas y servicios básicos) ha generado una crisis social prolongada que requerirá años de reconstrucción y asistencia internacional sostenida.
En el plano económico global, la guerra continúa alterando mercados estratégicos. Antes del conflicto, Rusia y Ucrania cumplían un rol clave en el suministro mundial de trigo, maíz y fertilizantes. Las interrupciones iniciales impulsaron una fuerte inflación global entre el 2022 y 2024. Aunque en el 2025 algunos precios internacionales se han moderado, la volatilidad persiste y las cadenas de suministro siguen expuestas a riesgos geopolíticos. El costo estimado de reconstrucción de Ucrania supera los 520 mil millones de dólares, una cifra que anticipa un desafío financiero internacional de largo plazo.
En materia de seguridad colectiva, la guerra ha transformado a la OTAN. La alianza ha reforzado su presencia militar en Europa del Este, incrementado ejercicios conjuntos y elevado de manera sostenida el gasto en defensa. En el 2025, más de dos tercios de sus miembros cumplen el objetivo de destinar al menos el 2 % de su producto interno bruto a defensa. La ampliación de la OTAN hacia el norte de Europa ha fortalecido su cohesión interna, pero también ha consolidado una división estratégica más profunda con Rusia.
Un elemento central del escenario actual es la política de seguridad de Estados Unidos. En el 2025, Washington reafirmó una estrategia basada en el realismo estratégico, priorizando la defensa de sus intereses nacionales, el fortalecimiento de alianzas clave y la contención de potencias rivales. Esta política pone énfasis en la autonomía industrial y tecnológica, la protección de cadenas de suministro críticas y una mayor exigencia a los aliados para que asuman más responsabilidades en defensa y financiamiento, sin renunciar al liderazgo estadounidense.
Para el Perú, las consecuencias han sido indirectas pero relevantes. El aumento de los precios internacionales de combustibles y alimentos ha impactado el costo de vida y presionado la inflación interna. Asimismo, la incertidumbre global ha afectado el comercio exterior, la logística y las decisiones de inversión, obligando a ajustes tanto en el sector público como en el privado.
La guerra entre Rusia y Ucrania no es un conflicto lejano ni temporal. Ha redefinido el equilibrio de poder, fortalecido a la OTAN, reorientado la política de seguridad de Estados Unidos y expuesto la vulnerabilidad de la economía global frente a conflictos prolongados. Mientras no exista una solución política viable, el escenario más probable es la prolongación del conflicto y un orden internacional más fragmentado, costoso e incierto. La lección es clara: en un mundo interconectado, ningún conflicto permanece aislado.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.
