Columnas Jorge Céliz

El nuevo orden mundial ya no protege: lo que América Latina y el Perú deben entender

El reciente discurso del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial en Davos ha sacudido la agenda global y plantea preguntas urgentes para América Latina y el Perú. Carney afirmó que el llamado “orden internacional basado en reglas” ha dejado de funcionar como mecanismo de protección para países de tamaño medio y pequeño, porque las grandes potencias ahora utilizan la economía y las cadenas de suministro como instrumentos de coerción, no de cooperación.

En Davos, Carney fue categórico: “el mundo está en medio de una ruptura, no de una transición”. Con ello, denunció que la ilusión de un sistema internacional predecible ha sido reemplazada por un escenario donde el poder se impone sin restricciones ni límites reales. Esta declaración generó un debate global inmediato, incluso una respuesta pública del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien dijo que “Canadá vive gracias a Estados Unidos”, a lo cual Carney respondió que Canadá prospera por sus propios valores y capacidades.

Este mensaje caló hondo porque plantea una realidad tangible: la multilateralidad tradicional (ONU, OMC, acuerdos climáticos) está bajo presión y no garantiza la protección que antes brindaba. Esto tiene implicancias claras y directas para América Latina.

Primero, la región (incluido el Perú) ha basado buena parte de su inserción internacional en tratados de libre comercio, apertura económica y relaciones con grandes bloques económicos, confiando en que la lógica del beneficio mutuo aseguraría estabilidad y crecimiento. Sin embargo, el contexto geoeconómico global muestra señales de fragmentación progresiva entre grandes potencias, especialmente entre Estados Unidos y China, que compiten no sólo en comercio, sino en tecnología, inversión y seguridad.

Este nuevo escenario implica que la integración económica por sí sola ya no garantiza protección ni autonomía. Por el contrario, puede convertirse en vulnerabilidad cuando los grandes jugadores la emplean como palanca de presión política o comercial. Carney lo expresó de forma clara: los países que no diversifiquen su base económica y dependan de uno o pocos mercados, corren el riesgo de ser condicionados externamente.

Para América Latina y el Perú esto supone dos realidades simultáneas: Riesgo de subordinación, la dependencia de mercados tradicionales como Estados Unidos o China puede ahora traducirse en presión política o económica, más allá de los términos de comercio o inversión; Oportunidad estratégica, la región posee recursos clave (incluidos minerales críticos, alimentos y energía) que el mundo en transformación valora altamente. Esta posición puede convertirse en poder de negociación si se acompaña de una política exterior activa, diversificación de socios y fortalecimiento institucional interno.

Un punto crucial del discurso de Carney es la idea de que los países de tamaño medio no deben competir entre sí por favor de las grandes potencias (lo cual limita su soberanía) sino coordinar esfuerzos, alianzas y estrategias sobre la base de valores e intereses comunes. Para América Latina, esto sugiere la necesidad de mecanismos regionales más sólidos y articulados, capaces de hablar con una sola voz en temas económicos, tecnológicos y de seguridad.

Finalmente, la advertencia de que el “viejo orden no volverá” obliga al Perú a reflexionar sobre su modelo de inserción internacional y su desarrollo interno. Sin fortalecer las capacidades productivas, la diversificación de mercados y su cohesión política interna, cualquier intento de aprovechar la nueva configuración global quedará limitado.

En conclusión, la ruptura del orden mundial descrita por Carney no es solo una metáfora diplomática: es una llamada de atención para que América Latina y el Perú actúen estratégicamente, fortalezcan sus instituciones y construyan alianzas más diversas y auténticas, de modo que sean actores con voz propia en un mundo más competitivo y fragmentado.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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