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La IA, su impacto sobre la democracia, la política y el derecho

Eduardo Arana, Docente Universitario

Hace pocos días, entre el 16 al 20 de febrero se llevó a cabo en Nueva Delhi el “AI Impact Summit en Nueva Delhi” la cumbre mundial que concitó la presencia de varios países y líderes mundiales para analizar el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) e intentar por segunda vez consensuar su ordenamiento; cabe recordar que en febrero del año 2025, tuvo lugar la Cumbre precedente de IA en París en la que si bien luego de una sostenida negociación cincuenta y ocho países firmaron entusiastas la declaración para una IA abierta, inclusiva y época, esta no pudo concretarse en decisiones tangibles.

En aquella oportunidad, varios de los esfuerzos estatales y privados por cierto pusieron en la agenda mundial el impacto y riesgos de la IA en el desarrollo y formación de los menores, en el medioambiente, en las economías locales y su implicancia internacional, como afecta a los empleadores, empleados y el empleo mismo. Francia adelantaría que pondría en vigor reglas precisas sobre cómo utilizar la IA en las aulas escolares. Uno de los aspectos más fascinantes, en lo que a mi concierne, fue la exposición Digital con la exhibición y venta de “obras creadas” solo por IA, que mereció el rechazo de más de cuatro mil artistas.

La alerta sin embargo se hizo patente en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos en enero de este año, que convocó alrededor de tres mil líderes de más de ciento treinta países bajo el lema “Un espíritu de diálogo”. Uno de los tópicos en los que los sesenta jefes de Estado, los más de ochocientos cincuenta CEO, cuarenta y siete líderes de la industria tecnológica, altos dirigentes estatales y multilaterales coincidieron, fue el gran avance de la IA y los riesgos cada vez más notorios en el empleo, la infraestructura y la gobernanza global. Dentro de los desafíos ambientales el acuerdo más relevante de Davos fue designar 2026 como el Año del agua, bajo la iniciativa “Blue Davos”.

Elon Musk, al mejor estilo futurológico de Fukuyama, sentenció que la IA podría superar a la inteligencia colectiva de toda la humanidad y que antes de fin de año veríamos sus efectos; el historiador y ensayista israelí Yuval Noah Harari afirmó que la IA provocaría dos crisis simultáneas en todos los países, una de identidad y otra comparable a una crisis migratoria, pero protagonizada por sistemas no humanos; sosteniendo que el lenguaje también había sido hackeado, queriendo expresar que la IA podría destruir la capacidad de mantener conversaciones significativas.

Ricardo Montero, en un articulo de opinión en el diario oficial El Peruano de inicios de este mes, reflexionaba sobre lo afirmado por Harari en Davos: Si una sociedad tolera la mentira, la corrupción o el egoísmo, ¿qué tipo de inteligencia se puede esperar producir? Si los sistemas humanos que alimentan la inteligencia artificial están plagados de sesgos, desigualdades o manipulación, esta tecnología no corregirá esos defectos, sino que los replicará y los amplificará a una escala sin precedentes, señalando con acierto que “…Harari se ha atrevido a decir con crudeza lo que aparentemente sabemos todos los que usamos la IA, pero no nos atrevemos a admitirlo. La inteligencia artificial está aprendiendo comportamientos humanos deshonestos, los que podría reproducir con una eficiencia sobrehumana”.

El franco canadiense Yoshua Bengio quien con Geoffrey Hinton y Yann LeCun, son conocidos como los Padrinos de la IA puso de manifiesto una verdad que tampoco queremos reconocer que “los sistemas actuales de IA se entrenan para imitar tan bien a humanos que los usuarios piensan erróneamente que también son humanos”.

El uso de la IA no tiene límites, al punto que en otros países es una herramienta indispensable en la imparación de justicia. Su uso en la política y en las campañas electorales es creciente exponencialmente, como por ejemplo las campañas presidenciales de Trump en EE. UU., Paz en Bolivia y Asfura en Honduras, sin mencionar otros casos notables; hoy no se concibe una campaña electoral solo con Boots. Para los que deseen entender mejor sus implicancias recomiendo leer un extraordinario articulo de Gauthier, Hodler, Widmer y Zhuravskaya titulado “The political effects of X´s feed algorithm”, publicado hace unos días en Nature.

Retomando lo tratado inicialmente, la Declaración de Nueva Delhi sobre el Impacto de la IA incidió en lo que el Primer Ministro de la India Narendra Modi basado en el “Sarvajana Hitaya, Sarvajana Sukhaya” “Bienestar para todos, Felicidad para todos”, habría de llamar la doctrina MANAV, donde cada letra posee un significado espiritual, así, M aborda los sistemas morales y éticos, proponiendo que la IA debe basarse en directrices éticas; la A representa la gobernanza responsable que dicta normas transparentes y una supervisión rigurosa; la N ratifica la soberanía nacional y por ende el respeto de los derechos nacionales sobre los datos; la A proclama una IA accesible e inclusiva donde esta no debe ser un monopolio, y, finalmente la V que asegura validez y legitimidad, porque la IA debe cumplir las leyes y ser verificable.

En términos específicos se abordó con seriedad la democratización de los recursos, lo que podremos traducir como un nuevo derecho: el derecho de acceso a la tecnología digital; la soberanía tecnológica; que la IA tenga una clara orientación social dirigida a sectores básicos como la educación, la salud y la agricultura; y que la seguridad tecnológica se dirija a regular aquellas aplicaciones que comprometen un riesgo existencial. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, afirmaría por ello que: “el futuro de la IA no puede ser decidido por un puñado de países ni quedar a merced de unos pocos multimillonarios”.

La IA posee una inmensa dimensión tecnológica cuyos límites son aún insospechados; sin embargo, ya sabemos que tiene y que tendrá un efecto claro sobre la humanidad misma, que influirá en el curso de la economía, la política, el conocimiento y la información; podría afirmarse, al mejor estilo de Orwell, que conceptos como democracia, cultura, religión, educación, familia y valores, entre otros aspectos de la vida humana, podrían mejorar y fortalecerse o también modificarse o reemplazarse. Dependerá de nosotros el impacto que le permitamos; esta revolución tecnológica se inició sin avisar, evolucionando a pasos agigantados y sus efectos los apreciaremos más pronto de lo que suponemos, por ello corresponde a nuestros gobernantes y a la sociedad generar mecanismos que propicien y regulen la confianza en la IA y acelerar los pasos en esta dirección. La IA debe servir a la humanidad con responsabilidad y no inversamente.

Eduardo Arana
Abogado de profesión, cuenta con una Maestría en Derecho Constitucional y Maestría en Ciencia Política. Master en Justicia Constitucional y Derechos Humanos. Docente Universitario 22 años en la Cátedra de Derecho Constitucional Secretario Técnico en el CNM. Asesor Principal Congreso 2016-2017-2018 y 2021 y Jefe de Gabinete asesores Poder Judicial.

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