La política peruana ha demostrado, una vez más, su asombrosa volatilidad. En apenas unos días, pasamos de la censura de José Jerí a la sorpresiva elección de José María Balcázar como presidente interino.
Este giro no solo reavivó el temor a una izquierda radical en el poder, sino que dejó en evidencia una verdad incómoda: en nuestro Congreso el interés político-personal suele atropellar al interés nacional.
Tras la elección, el amago de incluir a Hernando de Soto y el llamado a Julio Velarde fueron interpretados como un intento de calmar las aguas. Sin embargo, el desenlace fue otro «contragiro»: Denisse Miralles asumió el premierato, dejando a De Soto deshojando margaritas.
Este escenario, tal cual, revela una dinámica confusa e incierta. Mientras los políticos se acusan mutuamente de «traición» por permitir el ascenso de Balcázar, el empresariado optó por un silencio estratégico.
Para el sector privado, pareciera que fuera suficiente que los índices macroeconómicos se mantengan estables bajo la gestión de Miralles. Esta postura, aunque pragmática para los mercados, ignora el fondo del problema: la precariedad institucional, que tarde o temprano pasará factura.
El verdadero desafío del Gabinete Miralles -si es un gabinete responsable- creo, no está en las oficinas congresales, ni en las curules, sino en la realidad cotidiana del peruano de a pie. Aquel ciudadano que enfrenta día a día al temor, a la inseguridad, a los estragos que viene causando el Niño Costero y la falta de previsión recurrente todos los años y la ausencia del gestor responsable y nula prevención dejando a regiones como Arequipa en el abandono. Pero, es más, los asesinatos y extorsiones a transportistas suceden a diario y la respuesta del Estado es, hasta ahora, inexistente.
El presidente Balcázar y varios ministros arrastran denuncias que minan cualquier rastro de confianza: el propio presidente colocando a su vástago como asesor de la comisión de educación en el congreso y hasta un ministro intentando violar a su suegra, con una carpeta fiscal que finalmente no se sabe si se archivó.
Es fundamental corregir con meridiana claridad estas movidas. Lo que vemos es una clase política que juega al ajedrez con el destino del Estado en tanto la población padece la falta de políticas públicas sólidas.
El juego de giros y contragiros solo garantiza que cualquier gobierno nacido de estas alianzas temporales carezca de respaldo ciudadano. Los empresarios celebrarán la estabilidad de los indicadores hoy, pero, sin seguridad, con la continuidad del sicariato, la extorsión y sin gestión de desastres, esa estabilidad es una utopía.
Este 12 de abril no nos engañemos: lo que vemos no son errores, es una estrategia de los políticos. Muchos partidos prefieren salvarse ellos mismos antes que ayudarnos a nosotros. Si no cambiamos nuestra forma de saber elegir, seguiremos teniendo un Estado que solo ‘flota’, pero que no soluciona nada.
El JNE está haciendo el trabajo pesado para que el sistema funcione, para que nuestra democracia subsista. Ahora nos toca el «trabajo pesado» a nosotros, los ciudadanos, Votar bien, Votar informados, Votar por convicción, no por descarte.
La logística está lista. La pelota está en nuestra cancha. Que esta vez la esperanza de un voto de conciencia sea más fuerte que la decepción de ayer.
Luis Miguel Iglesias.
Abogado, Ex Vice Contralor de Gestión Estratégica, Integridad y Control.
Contraloría General de la República.
