Por Jorge Céliz Kuong
9 de marzo de 2026
A poco más de un mes de las elecciones generales del 12 de abril de 2026, el panorama político peruano se caracteriza por una marcada fragmentación electoral, una ciudadanía profundamente desencantada y una competencia abierta donde ningún candidato logra consolidar una ventaja clara. Las encuestas más recientes muestran que el país podría enfrentar una primera vuelta impredecible, en la que el voto de protesta y la definición tardía de los indecisos podrían alterar significativamente el resultado final.
La última encuesta nacional de Datum Internacional, realizada entre el 27 de febrero y el 4 de marzo, confirma este escenario de alta dispersión. Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, lidera con 10.7 % de intención de voto, seguida muy de cerca por Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, con 10 %. La diferencia entre ambos se encuentra dentro del margen de error, lo que configura un empate técnico en la primera posición. Detrás aparecen Alfonso López Chau con 5.5 %, César Acuña con 5.2 %, Carlos Álvarez con 5.0 % y Wolfgang Grozo con 4.2 %, mientras que el resto de candidatos registra porcentajes menores.
Este cuadro refleja una realidad clara: el sistema político atraviesa uno de los momentos de mayor fragmentación de las últimas décadas. Ninguna candidatura logra superar el 11 % de respaldo y una gran cantidad de postulantes permanece con niveles de apoyo marginales. En este contexto, pequeños movimientos en la intención de voto podrían modificar rápidamente el orden de los candidatos que logren pasar a una eventual segunda vuelta.
Sin embargo, el dato más significativo no está en los candidatos, sino en los ciudadanos. El 23 % de los electores afirma que votaría en blanco o viciado, mientras que el 15.5 % aún no decide por quién votar. En total, cerca del 38.5 % del electorado no tiene una preferencia definida. Este amplio bloque electoral supera ampliamente el apoyo que recibe cualquier candidato individual y confirma el profundo distanciamiento entre la clase política y la ciudadanía.
El desencanto con el sistema político es evidente. El 81 % de los encuestados señala que no se siente representado por ningún partido político, mientras que el 71 % considera que los candidatos no comprenden los problemas reales del país. Además, el 40 % afirma que acudirá a votar únicamente porque el sufragio es obligatorio. Esta desconfianza estructural explica por qué el 45 % de los ciudadanos cree probable que el próximo presidente no termine su mandato y pueda ser vacado, reflejando la persistente inestabilidad institucional que ha marcado la política peruana en los últimos años.
A este clima de escepticismo político se suma un tema sensible: la confianza en el proceso electoral. En las elecciones anteriores surgieron fuertes cuestionamientos y acusaciones contra las autoridades electorales, lo que generó polarización y desconfianza en amplios sectores del país. Hoy, tanto el gobierno como los organismos del sistema electoral enfrentan el reto de garantizar que el proceso se desarrolle con absoluta transparencia.
El actual presidente ha reiterado que el Ejecutivo respetará plenamente la autonomía del proceso electoral y garantizará condiciones para una elección limpia. Sin embargo, la credibilidad del proceso dependerá principalmente de la actuación del Jurado Nacional de Elecciones y de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, instituciones que deberán demostrar capacidad técnica, neutralidad y transparencia para evitar nuevos cuestionamientos que puedan afectar la legitimidad del resultado.
En este escenario surge con fuerza la posibilidad de que un outsider capitalice el descontento ciudadano. La historia política del Perú muestra precedentes claros. En 1990, Alberto Fujimori apareció como una figura inesperada que terminó ganando la presidencia, y en 2021 ocurrió algo similar con Pedro Castillo, quien pasó de ser un candidato marginal a liderar el voto de protesta contra el establishment político.
En la campaña actual, dos candidatos buscan ocupar ese espacio. Carlos Álvarez, conocido humorista y figura televisiva, intenta canalizar el voto de protesta desde una narrativa crítica hacia la clase política tradicional. Por su parte, Wolfgang Grozo, mayor general en retiro de la Fuerza Aérea y exdirector de inteligencia, plantea un discurso centrado en seguridad, orden y lucha contra el crimen organizado, posicionándose como un outsider con perfil técnico.
La región sur del país podría ser determinante en este proceso. Históricamente, esta zona ha mostrado mayor distancia frente al sistema político tradicional. Allí se observa un triple empate técnico entre López Chau, López Aliaga y Carlos Álvarez, mientras la indecisión supera el promedio nacional. Esto convierte al sur en un territorio clave para el crecimiento de candidaturas antisistema.
Las elecciones del 12 de abril del 2026 se desarrollan en un contexto de profunda desconfianza política, fragmentación electoral e incertidumbre institucional. Ningún candidato tiene hoy el control del proceso y una gran parte del electorado aún no decide su voto. Si las instituciones electorales logran garantizar transparencia y credibilidad, el resultado será aceptado por la ciudadanía. Pero si persisten las dudas o se profundiza el desencanto político, el voto de protesta podría convertirse nuevamente en el gran protagonista de la elección y alterar por completo el escenario electoral del país.
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.
