Columnas Jorge Céliz

Medio Oriente: entre la decapitación del poder y el riego de guerra prolongada

Por Jorge Céliz Kuong
28 de marzo de 2026

El conflicto en Medio Oriente ha entrado en una fase de desgaste estratégico marcada por una escalada sin precedentes. La ofensiva inicial liderada por Estados Unidos e Israel no solo buscó degradar capacidades militares, sino que avanzó hacia una estrategia de decapitación del poder iraní. La eliminación del líder supremo Ali Khamenei y de altos mandos militares generó un shock político inmediato, pero no produjo el colapso del sistema. Por el contrario, la estructura descentralizada iraní permitió una continuidad operativa que intensificó la respuesta regional, confirmando que la eliminación de liderazgos no equivale a la derrota estratégica.

En este contexto, el despliegue de tropas estadounidenses en el Golfo ha elevado el riesgo de una confrontación directa sostenida. La acumulación de fuerzas, junto con ataques y contraataques en bases militares, refleja una dinámica de escalada difícil de revertir. La amenaza sobre el Estrecho de Ormuz ha desencadenado el mayor shock energético reciente, afectando cadenas de suministro globales y elevando los costos económicos a escala sistémica. Sin embargo, la superioridad militar convencional continúa enfrentando límites estructurales frente a una estrategia iraní basada en guerra asimétrica y expansión horizontal del conflicto.

En paralelo, los esfuerzos de mediación evidencian tanto urgencia como fragilidad. La Organización de las Naciones Unidas ha reactivado canales diplomáticos mediante el nombramiento de un enviado especial, mientras actores regionales como Qatar y otros Estados del Golfo intentan posicionarse como intermediarios. No obstante, la desconfianza acumulada, especialmente tras ataques realizados en paralelo a iniciativas diplomáticas, ha debilitado la credibilidad de estos procesos. Las propuestas de alto al fuego han sido rechazadas o condicionadas, evidenciando la ausencia de un marco mínimo de confianza entre las partes.

El frente político interno en Estados Unidos añade una capa adicional de incertidumbre. La guerra ha erosionado el apoyo doméstico y generado divisiones dentro del liderazgo político, limitando el margen de maniobra de la administración. La ambigüedad estratégica (entre escalar o negociar) refleja tanto presiones electorales como el temor a repetir escenarios de intervención prolongada como Irak o Afganistán. Esta tensión interna contrasta con la claridad operativa en el terreno militar, generando señales contradictorias hacia aliados y adversarios.

Por su parte, la Unión Europea mantiene una posición ambivalente. Si bien respalda parcialmente las acciones estadounidenses en términos de seguridad, enfrenta profundas vulnerabilidades energéticas y económicas derivadas del conflicto. Esta dualidad limita su capacidad de actuar como actor estratégico autónomo, relegándola a un rol reactivo centrado en la contención de crisis y la mitigación de impactos internos.

Las implicancias de este escenario son claras: la región se encamina hacia una guerra prolongada de múltiples frentes, donde los avances tácticos no se traducen en estabilidad política. La población civil continúa siendo la principal víctima, mientras el sistema internacional evidencia una creciente incapacidad para gestionar conflictos complejos.

Frente a esta realidad, las propuestas estratégicas deben priorizar la contención sobre la victoria total. Es imperativo reconstruir mecanismos de negociación creíbles, incluso mediante actores intermedios con legitimidad regional. Asimismo, la diversificación energética debe acelerarse para reducir la vulnerabilidad global ante puntos críticos. Finalmente, se requiere una redefinición del objetivo estratégico: pasar de la lógica de derrota del adversario a la de gestión del conflicto.

En conclusión, la eliminación de liderazgos, el despliegue militar y la presión económica no han resuelto el conflicto, sino que lo han transformado en un sistema de confrontación prolongada. La única salida viable radica en aceptar los límites del poder militar y reconfigurar la estrategia hacia soluciones políticas sostenibles.

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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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