En estas últimas semanas, los peruanos hemos visto pasar a casi treinta personas que quieren ser presidente. Ahora que ya terminaron de presentarse, toca mirar bien las cosas y no quedarnos solo en lo que dijeron, sino entender qué es lo que realmente nos están ofreciendo para el futuro del país.
1. Las Formas: El descuido de la investidura
Comencemos por las formas, que en política son esenciales. Se observó que un candidato llegó minutos tarde a la cita más importante de la carrera; es un síntoma claro de falta de previsión. La excusa fue el tráfico de Lima y nos hizo recordar la frase: «quien se excusa, se acusa». El candidato que aspira a conducir los destinos de un país debe ser capaz de anticiparse y dar solución al caos cotidiano.
También, la imagen personal, se mostraron como cualquier cosa. El futuro primer mandatario que dirigirá la primera magistratura del país, debe lucir impecable, porque no se representa a sí mismo, representa a toda la Nación. Ver candidatos en mangas de camisa, con casacas negras relucientes, con ponchos, atuendos informales o con saco pero sin corbata, envía un mensaje de ligereza que la investidura presidencial no resiste.
En cuanto al ejercicio de la palabra, la orfandad de oradores ha sido absoluta -hubo varios “boquitas de caramelo”, varones y damas- que se limitaron solo a leer promesas o consignas, con la mirada perdida fuera de la cámara -aquí ayudó el pésimo soporte técnico del JNE- desperdiciando sus escasos minutos en ofensas y diatribas. Hubo quien, incluso, perdió los papeles ante la mención de una verdad palmaria: décadas en el Congreso sin una sola ley trascendente que se conozca y justifique su permanencia en la vida pública. Solo palabras y más palabras; un eco vacío que no logra llenar las expectativas de un pueblo que exige resultados.
2. El Fondo: Contradicciones y orfandad de ideas
El fondo del debate fue aún más preocupante por sus contradicciones. Resulta insólito que se propongan «comandos de aniquilamiento» bajo el adjetivo de legales, o que candidatos que se persignan ante las cámaras propongan, acto seguido, la pena de muerte física, muerte civil, cadena perpetua, y la salida inmediata de nuestro país del sistema de derechos humanos. Es una confusión intelectual y moral profunda.
Nadie se miró al espejo; todos se dedicaron a criticar al de al frente por corrupto, pero sin admitir sus propias fallas. Y ojo, que ser joven no significó traer ideas nuevas: algunos solo querían meter más gente al Estado o engañar con que una nueva Constitución lo arregla todo por arte de magia. Por otro lado, los más «viejitos» se la pasaron halagándose a sí mismos, pero al final no demostraron ni la sabiduría ni la madurez que tanto presumían.
3. El llamado a la madurez ciudadana
Un debate no es una competencia para acreditar quién habla mejor o quién distrae más, como aquel candidato que demostró que se puede ser serio sin ser aburrido cuando se mandó con una imitación genial que nos hizo reír a todos; mientras los otros políticos se peleaban con soberbia y daban un espectáculo pesado.
Se hicieron mil promesas sin explicar su financiamiento, ignorando cómo el gasto irresponsable del congreso ha gatillado la inestabilidad macroeconómica. El nuevo presidente tendrá la titánica tarea de frenar este descalabro para mantener el desarrollo seguro de la Nación.
Nadie habló de un gobierno de ancha base o de concertación, ni de cómo reconstruir el Perú en los próximos años, ni de como bajarle el volumen a ese sector de la derecha desubicada y desconfigurada, abrumada de soberbia y de poder en la cooptación de las entidades. Sólo se limitaron a comentar problemas sin ofrecer soluciones reales y viables.
No existen mesías ni salvadores; el triunfo pertenece a los peruanos que siguen creyendo en su democracia. La verdad debe prevalecer sobre la promesa; la educación sobre el engaño. Estamos ante una lid democrática definitoria donde no elegimos a una persona, sino a un equipo.
No dispersemos el voto y esperemos ver un sistema electoral, plenamente fortalecido y cohesionado, unido, afianzado, que lidere esta gran fiesta democrática; bueno hubiera sido a través de un “Banderazo por la democracia”, en un acto donde el JNE, la ONPE y el RENIEC marchen al unísono, y nos hagan recordar -como alguna vez lo dijo uno de los presidentes del JNE- que la palabra ‘fraude’ ha quedado proscrita de nuestra historia. Que esta fiesta democrática sea el motor para avanzar con paso firme y seguro. Por el futuro de nuestra nación, votemos con responsabilidad: nuestra democracia merece ir siempre hacia adelante.
Luis Miguel Iglesias.
Abogado, Ex Vice Contralor de Gestión Estratégica, Integridad y Control.
Contraloría General de la República.
