El Perú carga sobre sus hombros una historia de más de cinco mil años, de organización, cultura y sentido colectivo. Desde la precisión urbana de Machu Picchu hasta la planificación estratégica de Ollantaytambo, la civilización inca demostró que la coordinación entre autoridad, territorio y sociedad no solo era posible, sino eficiente y duradera. Hoy, en pleno siglo XXI, con tecnología digital, inteligencia de datos y sistemas de control avanzados, el Perú enfrenta una paradoja inquietante,no logra articular de manera confiable a la ONPE, el Jurado Nacional de Elecciones y la sociedad civil para garantizar algo elemental, el respeto irrestricto a la voluntad popular.
El problema no es técnico. Hoy existen herramientas suficientes para asegurar procesos electorales transparentes: trazabilidad digital del voto, verificación cruzada en tiempo real, auditorías independientes y participación ciudadana organizada. Países con menor tradición institucional han logrado avances significativos en confianza electoral mediante integración tecnológica y supervisión multisectorial. Entonces, ¿por qué en el Perú persiste la desconfianza?
La respuesta es incómoda pero evidente, la fragmentación institucional y la ausencia de una ética pública compartida. Mientras las entidades operen como compartimentos aislados, sin interoperabilidad efectiva ni protocolos comunes de transparencia, el sistema seguirá siendo vulnerable a cuestionamientos. Y cuando la ciudadanía percibe fisuras, la legitimidad se erosiona, incluso si los procesos son formalmente correctos.
El paralelismo histórico es inevitable. Los Incas no tenían internet, pero tenían cohesión. No tenían algoritmos, pero tenían confianza en su sistema de organización. Hoy tenemos tecnología, pero carecemos de articulación. Es un retroceso en términos de gobernanza.
La solución no pasa solo por modernizar equipos o digitalizar actas. Requiere una reforma más profunda, integrar a la ONPE, al Jurado Nacional de Elecciones y a la sociedad civil en un ecosistema único de control, con estándares abiertos, auditorías permanentes y participación ciudadana real. La transparencia no puede ser un discurso; debe ser una arquitectura operativa.
Además, es urgente recuperar el valor del mérito y la idoneidad en la designación de funcionarios electorales. Sin cuadros técnicos sólidos y éticamente comprometidos, cualquier sistema ,por más avanzado que sea,termina siendo vulnerable.
Si una civilización ancestral fue capaz de unir territorios imposibles con piedra, disciplina y visión, el Perú de hoy no tiene excusa para no unir instituciones con tecnología, integridad y responsabilidad. La democracia no se defiende con discursos, sino con sistemas confiables y ciudadanos vigilantes. Respetar la voluntad popular no es una opción: es la base de toda República que aspire a ser legítima.con responsabilidad Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
