La cancelación de inscripción de partidos políticos en el Perú, ejecutada por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), no es un simple trámite administrativo, es un acto de depuración del sistema democrático. Ocurre cuando las organizaciones no alcanzan el umbral mínimo de votación o incumplen requisitos legales. Pero, frente a la inminencia de elecciones municipales y regionales, la pregunta es prudente, ¿desaparecen realmente del escenario político?
La respuesta es no del todo. Pierden su personería jurídica, símbolo, financiamiento público y capacidad de participar directamente como partido. Sin embargo, sus cuadros políticos, operadores y redes territoriales no desaparecen. Se reconfiguran. Migran hacia movimientos regionales, listas independientes o alianzas informales, muchas veces sin ideología definida, generando una política fragmentada y de corto plazo.
Aquí emerge un fenómeno crítico, la “informalidad política”. Al no existir una estructura nacional que ordene, capacite y discipline, proliferan candidaturas improvisadas, personalistas y con baja rendición de cuentas. Esto debilita la institucionalidad y fortalece lo que podríamos llamar “emprendimientos electorales”, donde el objetivo no es gobernar, sino competir y negociar poder.
Además, el vacío dejado por estos partidos es rápidamente ocupado por movimientos regionales, muchos de ellos con escasa fiscalización y limitada transparencia. El riesgo es evidente, mayor vulnerabilidad frente a financiamiento ilícito, captura de intereses locales y debilitamiento del Estado de derecho.
Sin embargo, también hay una oportunidad. La pérdida de inscripción puede ser un punto de inflexión para una necesaria renovación política. Obliga a los actores a replantear su identidad, su propuesta ideológica y su conexión real con la ciudadanía. Es una invitación forzada, pero valiosa, a reconstruir desde la base.
Recomendaciones importantes
Primero, los partidos que perdieron inscripción deben asumir una autocrítica profunda. No basta culpar al sistema electoral o a la fragmentación; deben reconocer su desconexión con el electorado, la falta de cuadros técnicos y la debilidad de sus propuestas.
Segundo, es imprescindible que inicien procesos de reinscripción con seriedad, cumpliendo no solo los requisitos formales, sino construyendo organización real, comités activos, formación política y liderazgo ético.
Tercero, deben evitar la tentación de infiltrar o instrumentalizar movimientos regionales solo para mantener cuotas de poder. Esa práctica perpetúa la crisis y erosiona aún más la confianza ciudadana.
Cuarto, el Estado a través de entidades como la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), debe fortalecer los mecanismos de supervisión del financiamiento y promover mayor transparencia en todos los niveles de competencia electoral.
Finalmente, la ciudadanía tiene un rol central, exigir coherencia, trayectoria y propuestas. La democracia no se fortalece solo con normas, sino con decisiones informadas.
En conclusión, la pérdida de inscripción no es solo la caída de un partido; es el reflejo de una crisis más profunda del sistema político peruano. Pero también puede ser el inicio de una reconstrucción necesaria. La pregunta no es quién desaparece, sino quién está dispuesto a volver mejor. Con responsabilidad, prudencia y amor a mí patria Perú, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
