La disputa más peligrosa del siglo XXI ya no ocurre únicamente en los campos militares ni en las bolsas financieras. Se desarrolla en el control de la información que consumen millones de personas y, sobre todo, en los datos que alimentan a las inteligencias artificiales. La IA dejó de ser solo una herramienta tecnológica; hoy es un territorio estratégico donde gobiernos, corporaciones y redes de propaganda compiten por definir qué será considerado verdad en el futuro.
Durante el 2026, investigaciones del Institute for Strategic Dialogue revelaron operaciones coordinadas como BRICS4CLICKS y Verified4War, capaces de generar cientos de millones de visualizaciones mediante cuentas automatizadas, perfiles falsos y contenido manipulado. El objetivo no es convencer mediante argumentos sólidos, sino inundar las plataformas digitales hasta convertir la repetición en una forma de legitimidad. En este escenario, el volumen desplaza a la evidencia y la saturación reemplaza al análisis.
La gravedad del fenómeno radica en que los algoritmos priorizan interacción antes que autenticidad. Las plataformas digitales premian aquello que genera indignación, miedo o confrontación. De esta manera, actores estatales y grupos organizados pueden moldear percepciones colectivas con costos mínimos y velocidad masiva. La propaganda contemporánea ya no depende de periódicos o cadenas de televisión; opera en tiempo real desde redes sociales, videos cortos, tendencias virales y sistemas automatizados capaces de simular comportamiento humano.
El Perú enfrenta esta amenaza en una posición particularmente vulnerable. La fragilidad institucional, la polarización política y el bajo nivel de educación digital convierten al país en terreno fértil para operaciones de manipulación informativa. Gran parte de la población obtiene noticias desde TikTok, Facebook, YouTube o cadenas de WhatsApp donde la verificación casi no existe. En ese contexto, una campaña coordinada puede alterar percepciones públicas, profundizar conflictos sociales o erosionar aún más la confianza en el sistema democrático.
El impacto ya no es únicamente político. La guerra informativa ha penetrado en la vida cotidiana de las familias peruanas. Padres, hijos y adultos mayores consumen contenidos distintos dentro de burbujas digitales diseñadas por algoritmos. Cada persona recibe información alineada con sus emociones y prejuicios. El resultado es visible: discusiones familiares marcadas por noticias falsas, audios manipulados, teorías conspirativas y narrativas extremas que destruyen la confianza interpersonal. La fragmentación social empieza en el hogar y termina debilitando la cohesión nacional.
Sin embargo, el riesgo más profundo aparece con la inteligencia artificial. Los grandes modelos de lenguaje aprenden de internet. Cada publicación falsa, cada red de bots y cada campaña coordinada termina alimentando las bases de datos utilizadas para entrenar futuros sistemas cognitivos. En otras palabras, la manipulación digital de hoy puede convertirse en la verdad automatizada de mañana. Si una narrativa domina suficientemente el espacio digital, la IA terminará reproduciéndola como referencia válida.
La consecuencia estratégica es enorme. Para el 2030, millones de ciudadanos consultarán asistentes virtuales sobre conflictos internacionales, crisis políticas o acontecimientos históricos sin saber que muchas respuestas podrían provenir de ecosistemas previamente contaminados por propaganda organizada. La manipulación dejará de ser visible porque estará integrada en la infraestructura misma del conocimiento automatizado.
Frente a este escenario, las democracias continúan reaccionando con herramientas insuficientes. El cierre ocasional de cuentas o la moderación tardía de contenidos ya no bastan. Se requiere una gobernanza estratégica de datos, mecanismos internacionales de auditoría algorítmica y responsabilidad legal sobre los conjuntos de información utilizados para entrenar IA.
La soberanía del futuro dependerá del control de la arquitectura informativa. Si permitimos que el ruido algorítmico sustituya a la evidencia, entregaremos la memoria histórica a quienes dominen las redes de manipulación digital. La defensa de la verdad exige educación crítica, transparencia tecnológica y una alianza entre Estado, academia y ciudadanía. La guerra por la inteligencia artificial es, en esencia, la guerra por el control de la conciencia colectiva del siglo XXI.
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.
