Jorge Céliz Kuong
23 de mayo de 2026
El Perú acaba de tomar una de las decisiones geopolíticas más importantes de las últimas décadas. La oficialización del país como Aliado Principal Extra-OTAN de los Estados Unidos y el inicio de la compra de cazas F-16 Block 70 confirman un cambio estratégico que trasciende cualquier coyuntura política interna. El país dejó atrás la lógica de cooperación limitada y fragmentada para incorporarse, por primera vez, a una arquitectura de defensa de alcance hemisférico. No se trata de un gesto simbólico de Washington. Se trata de una redefinición concreta del lugar que ocupa el Perú en el nuevo orden global.
El escenario internacional explica este giro. América Latina volvió a adquirir valor estratégico por la competencia entre Estados Unidos y China. La disputa por minerales críticos, rutas marítimas del Pacífico y cadenas logísticas elevó el peso geopolítico de países que durante años permanecieron fuera de las prioridades mundiales. El Perú concentra cobre, litio, puertos estratégicos y estabilidad macroeconómica relativa en una región marcada por crisis políticas recurrentes. Washington entendió que necesita aliados sólidos en Sudamérica. Lima comprendió que continuar atrapado en la ambigüedad estratégica ya no era sostenible.
Durante más de setenta años, la relación bilateral avanzó bajo un esquema limitado y burocrático. El antiguo Convenio de Ayuda Militar de 1952 terminó convertido en un mecanismo incapaz de responder a los desafíos actuales. La cooperación se redujo al combate antidrogas, operaciones contrainsurgentes y programas aislados de entrenamiento. Cada transferencia tecnológica dependía de negociaciones lentas y condicionadas políticamente. El resultado fue un sistema de defensa rezagado y con escasa capacidad de modernización sostenida.
Hoy la situación cambia de manera sustancial. La condición Extra-OTAN elimina barreras institucionales para el acceso a financiamiento, equipamiento estratégico y programas de interoperabilidad militar. Pero el hecho decisivo es otro: el Estado peruano ya realizó el primer desembolso oficial para la adquisición de los F-16. La modernización dejó de ser una posibilidad y pasó a convertirse en una decisión concreta de largo plazo. El alineamiento estratégico con Washington ya ingresó en una fase operativa.
Las implicancias de este proceso van mucho más allá del ámbito militar. La homologación con estándares OTAN puede impulsar industrias vinculadas a mantenimiento aeronáutico, construcción naval, ciberseguridad y logística avanzada. Empresas como FAME, CEMAE, SIMA y SEMAN podrían transformarse en plataformas regionales de servicios especializados si el Estado logra modernizar su estructura administrativa. Además, la interoperabilidad permitirá mejorar la respuesta frente a desastres naturales, operaciones humanitarias y seguridad marítima.
Sin embargo, el principal riesgo no proviene del exterior. El verdadero problema sigue estando dentro del propio aparato estatal. El Perú arrastra una cultura burocrática marcada por improvisación política, lentitud administrativa y ausencia de planificación estratégica. Ninguna alianza internacional producirá resultados si los proyectos continúan atrapados en sobrecostos, desorden técnico y disputas internas de corto plazo.
Por eso el desafío inmediato no consiste únicamente en comprar armamento moderno, sino en construir un Estado capaz de administrar poder estratégico. El Ministerio de Defensa necesita una estructura especializada en alianzas internacionales, transferencia tecnológica y supervisión de adquisiciones complejas. También resulta indispensable profesionalizar la planificación militar y convertir a las empresas estatales de defensa en centros regionales competitivos y certificados internacionalmente.
*El Perú no se convirtió automáticamente en una potencia regional. Pero sí abandonó la pasividad estratégica que lo mantuvo durante décadas en la periferia internacional. La oportunidad abierta hoy es excepcional. Dependerá de la capacidad política y técnica del Estado transformar este giro diplomático en una verdadera plataforma de modernización, soberanía y disuasión para las próximas generaciones.*
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.
